PARA ESTA SEMANA: FEBRERO 27 DE 2017. Dios hará por cada uno más de lo que cada uno se imagina. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo. Que la semana que iniciamos venga plena […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA ESTA SEMANA FEBRERO 27 DE 2017

PARA ESTA SEMANA: FEBRERO 27 DE 2017.

Dios hará por cada uno más de lo que cada uno se imagina.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo. Que la semana que iniciamos venga plena de bendiciones y que juntos acojamos la invitación al inicio de la Cuaresma a convertirnos y a creer en el Evangelio. Démosle gracias a Dios por cada una de las oportunidades que nos regala para ser mejores y por lo tanto para ser bendición y regalo para las personas que amamos y las que comparten nuestra existencia.

En el texto del Evangelio de este domingo me encuentro conmigo y con tantas personas que conozco. Sé que la realidad de muchos de nosotros es precisamente la de querer sentirnos seguros.

La de la certeza en la fe y la de no querer caminar por calles o por caminos que aún no sabemos a dónde conducen. Hoy la mayoría tienen miedo a perderse, a quedarse sin nada, a un mañana, sin “seguridades”, sin posesiones o sin riquezas. Muchos de nosotros estamos tratando de servir con fidelidad a dos señores; muchos nos dejamos llevar de la desesperanza y otros muchos que tienen fe están viviendo como si no la tuvieran. Se nos olvidó que la fe es un regalo de Dios y que Él ha sido generoso con cada uno. No solo nos permitió conocer a Jesús, sino que también nos hizo parte, miembros de su plan de salvación.

El Evangelio nos habla de confianza, de abandono, de entregar todo sin miedos, de no reservarnos nada. Nos habla de fidelidad a un proyecto de Dios y de entrega de la vida al servicio del Reino (Mt. 6, 24-34) La preocupación de cada uno debe ir a lo interior, a esa capacidad de desprenderse para permitir que sea Dios quien ocupe los lugares que dejamos vacíos; nuestra preocupación debe ir a esa capacidad de desentenderse para entender solo de Dios.

El Evangelio nos invita a un dejarnos llenar, vestir, amar de Dios.

Hacer lo que tenemos qué hacer, amar lo que tenemos que amar, dar lo que tenemos que dar y Dios se encargará de lo demás, de que nada nos falte, de embellecernos, de hacer que nuestras obras sean dignas.

Vamos a encontrarnos con la propia dignidad, vamos a encontrarnos con la fuerza y con el amor; vamos a desprendernos, a vivir el día a día, a confiar más en Dios. Vamos a dejar que el mañana llegue con sus propios agobios. Nosotros estamos con el Señor que nos ha embellecido, enriquecido, fortalecido. Somos su obra, su imagen. Somos grandes, somos espacio, lugar, tiempo y realidad de Dios. Por eso no deben ser las penas, las tristezas, lo material lo que a nosotros nos mueva a vivir o a dar. Es Dios, solo Dios en cada uno, el que Reina, el que da paz y el que, sobre todo, llena de amor cada instante; de esperanza cada problema y de fe cada angustia.

Valemos para Dios, estamos en su amor, en su presencia. Nuestra vida está en su proyecto de amor, como una proyección de su perfección y de su bondad amorosa. Vamos a darlo todo, vamos a sentirnos capaces de amar con bondad y con ternura. Vamos a dejar que Dios pueda hacer su voluntad en la nuestra que cada día se abandona y deja actuar la divinidad. Busquemos como lo dice Jesús el Reino de Dios y su justicia ya que todo lo demás se nos dará por añadidura.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.