Ser complacencia del Padre. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que nos invita de manera especial a que seamos complacencia del Padre Dios. Que […]
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jueves, octubre 22, 2020

PARA ESTA SEMANA: ENERO 11 DE 2016

Ser complacencia del Padre.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que nos invita de manera especial a que seamos complacencia del Padre Dios. Que lo que hagamos sea todo para seguir construyendo el Reino del Amor.
El Evangelio de Lc. 3, 15-16. 21-22 nos presenta el momento del Bautismo y cómo Jesús viene manifestado o revelado por el Padre, como su Hijo en quien Dios tiene todas sus alegrías. Nosotros a través de la Palabra somos ahora testigos de esto y sabemos que en Jesús el Padre se complace.

Dios siente una gran alegría por el proyecto que en Jesús ha comenzado; con el bautismo ha llegado el momento culminante en cuanto se refiere a la preparación. Ya todo está listo para comenzar el anuncio del Evangelio, del año de gracia y de Salvación. Muchos esperaban este momento; Juan Bautista va concluyendo su misión y ahora Jesús asume el protagonismo de la historia de salvación que desde Él comienza a existir como un proyecto de amor. Jesús tiene la misión de hacer brillar la justicia sobre las naciones, tiene la misión de liberar, de ayudarnos a entender el amor que Dios no ha tenido.

La fiesta del Bautismo del Señor debe llevarnos a los creyentes a tomar conciencia del don recibido. Nosotros también debemos convertirnos en “complacencia” del Padre, son muchos los proyectos que Dios tiene para el bien de la humanidad en el que los cristianos nos debemos sentir directamente involucrados.

Somos miembros del Reino, una pequeña muestra de lo que el mundo entero está llamado a vivir. Somos Reino de Dios y nuestra forma de ser y de actuar debe ser como la levadura que fermenta la masa o como el grano de mostaza que crece hasta brindar acogida. Que Dios diga que se complace en la vida de cada uno. Nos hemos consagrado a Dios y estamos siendo habitados por el Espíritu Santo que nos hace fuertes y capaces de luchar por mantener el vínculo de la unidad y de la paz. El Espíritu con el que fuimos bautizamos nos hace dignos, grandes e hijos de Dios en Jesús, por esta razón es que nosotros debemos actuar conforme a nuestra condición no solo de hijos de Dios sino también como hombres y mujeres renacidos en el amor, en las aguas del Bautismo. Somos creados por amor y para el amor, fuimos consagrados para conformar nuestra vida a Cristo y ahora somos llamados a ser complacencia del Padre. Vivamos lo que somos y demos lo mejor a los nuestros y al mundo. Que todos sepan que somos nuevos, renacidos, hechos para amar como Jesús nos amó y para hacer las obras que el Padre quiere.

La clave de todo está, como pedimos en la oración colecta de la misa del Bautismo del Señor, que nosotros perseveremos en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Nosotros que hemos renacido del agua y del Espíritu, que tenemos una vida nueva que está llena de la gracia de Dios estamos en la capacidad de hacer lo que Dios pide y que no es otra cosa que le amemos porque si le amamos cumpliremos sus mandatos cuyo su segundo mandamiento principal es que amemos a los demás como nos amamos a nosotros y que nuestro amor propio venga de la convicción de haber sido amados primero y destinados a dar frutos en abundancia. Perseverar en la voluntad de Dios, ser constantes en el amor y sabernos amados son razones más que suficientes para ser felices y hacer de este mundo un lugar de felicidad, de encuentro con Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd