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miércoles, agosto 15, 2018

PARA ESTA SEMANA DICIEMBRE 31 DE 2017

PARA ESTA SEMANA DICIEMBRE 31 DE 2017

La sagrada Familia.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien. Que el año que esperamos venga pleno de bendiciones y de todas aquellas cosas lindas que el cada uno de nosotros tiene para dar a los demás.

El último día de este año nos coincide con la fiesta de la sagrada familia; fiesta que alegra el corazón y que nos ubica en Nazaret, en la sencillez de una familia pequeña pero llena de grandes retos frente a la humanidad. Unos padres que cuidan de su hijo y un hijo que crece al lado de sus padres. Un hijo que se fortalece y que se va llenando de sabiduría. Lo acompaña la gracia de Dios; Jesús tiene todas las herramientas para dar en la vida lo mejor de sí. Él se abandona en Dios y Dios lo funde en Él, de alguna manera cuando nos abandonamos en Dios Él también se abandona en nosotros para tomar nuestra pequeñez y hacer que vivamos en su grandeza. En la pequeñez, en la debilidad, en el abajamiento se nota la grandeza y la fortaleza de Dios.

La familia que Dios ha tomado para sí es en la que Él ha querido que su hijo conozca lo que es lo más divino del amor humano; José y María forman la familia en la que Jesús aprende todo lo que significa Dios para un ser humano que confía y camina a su luz, es una familia de fe, una familia que se ha dejado tocar por Dios; la familia de Nazaret le enseñó al hijo las normas, los mandamientos y los preceptos religiosos.

María y José formaron una familia que guío al hijo en el camino de las tradiciones, de la limpieza del corazón y de la fe que se hace realidad. Fue en la familia en la que Jesús entendió lo que significaba apertura a Dios, caridad con el prójimo, responsabilidad con el proyecto que el mismo Dios les había encomendado. En la familia Jesús aprendió a ser hombre, un excelente ser humano.

Aprendió a valorar a los demás y entendió qué es lo que significa amar a los demás.

La familia de Nazaret fue una familia de Dios; de escucha de la Palabra de Dios, sus vínculos iban más allá de la sangre y de la carne. Eran vínculos de eternidad, los vínculos de aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra, de los que tienen fe y saben que por encima del amor a Dios no hay otros amores. De su familia Jesús habló poco pero intuimos que les enseñó a confiar y a esperar en el Padre Dios; de Jesús los Padres aprendieron que todo tenía su tiempo, su momento y que Dios nos les fallaría. Jesús amó a su madre y no la dejó sola en Caná, ni la abandonó en su muerte. A María la llamó discípula y aclaró que ella era feliz porque conociendo la Palabra de Dios la ponía por obra.

Nos queda la invitación a que cimentemos nuestras familias en la fe. Que nos abramos a la experiencia de la Palabra que colma nuestra felicidad y nos hace más que hermanos o que padres o madres. De la familia entendamos que cada uno desde Dios tiene una misión y que lo nuestro es potenciar las cosas lindas y buenas que cada uno puede ofrecer.

Aprendamos a esperar, a confiar, a tomarnos el tiempo para que Dios tenga su tiempo.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.

PARA ESTA SEMANA DICIEMBRE 31 DE 2017

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