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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA AGOSTO 19 DE 2018

PARA ESTA SEMANA AGOSTO 19 DE 2018

Y para que con Él vivamos para siempre.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos para la semana que comenzamos. Que cada día sea colmado de bendiciones y alegrías; que cada día sea la oportunidad para dar lo mejor de cada uno y que cada instante sea para acercarnos más a la experiencia del amor de Dios.

En el texto del Evangelio que la liturgia nos propone para este domingo (Jn.6, 51-58) continuamos con la lectura que nos presenta a Jesús como Pan de vida, bajado del cielo; regalo del Padre que al comerlo nos permite fundirnos en Él y así participar plenamente de la vida divina, la vida de siempre y para siempre.

Jesús entrega su carne para la vida del mundo.

Jesús es el Pan que da vida eterna; Él ha venido del cielo para alimentarnos, para saciarnos, para llenarnos del Él mismo y para que con Él vivamos para siempre, eternamente. Él es la vida del mundo y la vida está para ser comida porque solo así el mundo creerá que Jesús es el enviado. Comer es ya creer. El mundo debe comer del Pan de vida eterna para salvarse, ese Pan que nos regala Jesús.

Muchas persona han dejado de comer la carne del Hijo del hombre, de beber su sangre; mucha gente ha dejado la comunión para vivir en el pecado, personas que prefieren el mal, la falta, la intranquilidad y la muerte en lugar de preferir la vida eterna, la gracia, el amor. El que no come de la carne del Señor no tiene vida, está muriendo lejos de Dios, se mueven en lo temporal sin mirar a lo alto, a lo eterno, a las cosas de Dios.

En el comer la carne de Jesús hay una fusión.

Ya dejamos de existir para nosotros y vivimos en el Señor, comenzamos a vivir para Él; Cristo nos habita haciéndose el protagonista de las buenas obras, del amor con el que amamos. Sin Jesús tal vez nos movamos, pensemos, hagamos muchas cosas pero no tenemos vida, esa vida que es eterna, que sabe a cielo, que lleva a trabajar siempre por la paz, por la justicia; la vida que se gasta por el otro, que se entrega por amor.

Para vivir, de la manera que quiere el Señor que vivamos se necesita tener a Dios en el cuerpo, en el ser, en la mente; para no cansarse de hacer el bien, para perseverar en la bondad, para mantenerse limpio de corazón, para darle dignidad a las personas y tratarlas con la grandeza que se merecen hay que tener a Dios, hay que comer el cuerpo de Cristo, hay que estar alimentados. Comer para vivir es muy distinto que comer para no morir.

Comulgar es fundirse en el misterio de la vida y del amor; es dejar entrar lo eterno y revitalizar lo divino; comulgar es dejar que la eternidad, que Dios entre en los más íntimo, nos asimile a Él y desde nosotros sea Dios de amor que acoge con amor a las personas, a nuestro prójimo. Con la comunión “cambiamos” de casa, nos vamos a vivir en Dios, con Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.

PARA ESTA SEMANA AGOSTO 19 DE 2018

Más reflexiones del Padre Jaime Alberto Palacio González, ocd

Fuente: http://ow.ly/ID9b30moWVi

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