PARA ESTA SEMANA ABRIL 24 DE 2017 Los invito no a tocar sino a creer. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo. Los saludo de corazón y les deseo una semana plena de bendiciones; […]
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martes, julio 07, 2020

PARA ESTA SEMANA ABRIL 24 DE 2017

PARA ESTA SEMANA ABRIL 24 DE 2017

Los invito no a tocar sino a creer.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, de Carmelitas de Cúcuta y de tantas partes del mundo. Los saludo de corazón y les deseo una semana plena de bendiciones; que la certeza de la fe nos lleve a no perder ni la esperanza ni la alegría, pero sobre todo, nos lleve a entender que el Señor ha sido fiel a sus promesas. Él vive, ha resucitado y nos anima a que dejando lo miedos y las dudas nos atrevamos a salir y hacer lo que como discípulos del Señor estamos llamados a hacer.

Pidamos pues para esta semana lo que la oración colecta ya pide a Dios: “acrecienta en nosotros los dones de tu gracia” en Él seremos fuertes y perseverantes y desde Él lucharemos para ser perfectos como Él lo es.

Nosotros, como los discípulos, hemos recibido el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús y no tenemos razones para quedarnos encerrados, llenos de miedo, viviendo en las propias cobardías. Jesús nos ha mostrado sus manos. No creemos en fantasmas ni en discursos. ¡Es Él! y ha venido a confortarnos, a iluminarnos y a abrir las puertas. Llegó el momento de salir y no de cualquier manera. Salir con valentía, llenos de la paz del corazón y sin rencores, dispuestos al perdón, dispuestos a la misericordia. Somos ahora testigos e instrumentos de su amor, de su paciencia, de su ternura y de su bondad para con cada uno. El Señor está vivo, ha resucitado. Somos dichosos al saberlo, nuestro corazón debe saltar de gozo al entender que en la resurrección de Jesús está la fuerza de la esperanza, la razón de la fe y toda la paz y la alegría y la fuerza que se pueden necesitar. Dios ha vencido la muerte con la vida, el pecado con el amor. Dios ha vencido nuestras desesperanzas y tristezas. Dios sigue aquí con nosotros, sigamos nosotros con Dios y con su plan de salvación.

Los invito no a tocar sino a creer. Las certezas en la fe no son necesarias, necesario es amar y desde el amor nunca perder la esperanza. Los invito a postrarse ante Jesús, en Él nace la vida, en Él está la resurrección y con Él nos viene a la Eucaristía. Hablemos de Dios que, hecho hombre ha manifestado su amor, le ha dado rostro a su divinidad y dignidad y grandeza. Hablemos de Dios que se ha hecho misericordia y ahora nos alienta a darlo todo por la humanidad de la misma manera que lo hizo su Hijo Jesús. Él nos dará la fuerza para que lleguemos hasta el final sea cual fuere Él es la vida y la resurrección y es ahí justo donde Él nos espera.

Si nos abandonamos en fe nos daremos cuenta que Dios es más palpable de lo que pensamos, que se hace presente mucho más de lo que esperamos porque comenzamos a entender que en cada gesto de amor, en la acogida, en el respeto; en el anuncio de las buenas noticias, en los abrazos y en la apertura a los demás Él vive y que su bondad y su amor tienen nuestro rostro y el de cada persona sea quien sea. El Resucitado nos invita a salir, nos llena de certezas. El resucitado ahora debe ser anunciado más que nunca en esta cultura de muerte, de lo palpable y en la que se pierde cada día alguna razón para esperar, nos toca salir. Cada que Dios es expulsado del corazón con Él sale el sueño de la esperanza y el amor queda limitado a lo que cada uno piense y siente sobre lo que puede ser el bien y el amor. Cada que se le cierra un espacio al Resucitado se le abre una puerta al miedo y a lo catastrófico. La Pascua es presencia, es paz, es fuerza.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.