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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA ABRIL 19 DE 2020

PARA ESTA SEMANA ABRIL 19 DE 2020

Domingo de la misericordia.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito, Carmelitas Cúcuta y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial con los mejores deseos de paz que el Señor resucitado viene a traernos como don preciado del Padre que nos ama y que en este domingo nos alienta para que salgamos de los miedos, que llenemos las dudas de certezas y abramos las puertas para que el anuncio de la resurrección pueda salir, pueda llegar a todos los confines de la tierra.

Tomás, uno de los doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús (Jn.20, 19-31) Seguramente Tomás había tomado distancia del grupo de los apóstoles. Tal vez no había podido asumir la tristeza, el dolor por la muerte del Señor. Tal vez había perdido el sentido de todo. Y esto se podría entender porque Él había puesto en Jesús su fe. Y la muerte del Señor, la manera de morir fue tan desconcertante, que hasta se podría pensar o poner en duda si realmente Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías lleno de fuerza y poder que se esperaba. Tal vez Tomás había comenzado a pensar “como los hombres y no como Dios”.

Muchos pensamientos negativos llegan cuando el dolor y el desencanto se apoderan del corazón; cuando no se había puesto el interés en lo que el mismo Jesús había anunciado sobre su posible forma de morir. En la tristeza y en el dolor a Tomás se le olvido que la esperanza sostiene y da vida, que Jesús les había anunciado que resucitaría.

El día de la resurrección, en el que Tomás estaba ausente, Jesús se aparece a los discípulos. Se pone al centro, en el lugar que le corresponde en la comunidad. Los discípulos que estaban encerrados, con las puertas trancadas por el miedo, son testigos ahora del poder de Dios. Es verdad: Jesús ha resucitado y reconocen que los que lo habían visto no habían mentido. A Jesús se le acoge en fe, en el anuncio. Él después se encargará de mostrarse, se “hará ver y tocar de alguna manera”. Y el Resucitado trae paz, invita a la paz.

Jesús entra al lugar del encierro, del miedo.

No nos deja solos y viene a darnos la fuerza que necesitamos para abrir la puerta, nos regala el Espíritu.

Toca darse un respiro y dejar de pensar en lo sucedido, en cómo vengarse. Hay que alejar el corazón de odios o resentimientos frente a las personas que le habían condenado y asesinado. Todos necesitamos la Paz que Jesús nos trae. Todos necesitamos generar espacios de perdón, de reconciliación. Jesús sabe que los corazones están heridos, maltratados y eso no es bueno en la experiencia del amor. Por eso la paz les doy. La resurrección marcaba la plenitud de lo anunciado. Comenzaba el tiempo en el que los discípulos debían dar lo mejor de sí, lo aprendido, los años caminados con el maestro. Ha llegado el tiempo de salir, de mostrar el corazón grande y enamorado que tienen. El momento de predicar y de dar la Buena Noticia.

Ochos días después del encuentro con el Resucitado Jesús se da cuenta que las puertas siguen cerradas.

Y es que todo cambio requiere un proceso y por eso Jesús insiste. La comunidad sigue llena de miedo, Tomas sigue dudando de lo que le han contado. La comunidad debe cambiar de mentalidad, debe abrir la puerta, debe llenarse de paz y de alegría, debe salir a predicar el Evangelio. Y esto aún no lo hacen, tal vez por esto Tomás no cree ya que las cosas siguen igual a cuando él partió, los dejó. SI Jesús se apareció y se puso en medio ¿por qué siguen encerrados y llenos de miedo?
Jesús aparece de nuevo, no esconde su dolor, las llagas. Valió la pena haber sufrido por amor y las heridas de Jesús se convierten en la identidad del salvador. Aquel que sufrió y murió ahora está entre nosotros y nos conforta. Ánimo y salgamos. Demos testimonio del Resucitado que nos ha dado el Espíritu para la misión.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.

Fuente: http://ow.ly/Zimk50zietB

PARA ESTA SEMANA ABRIL 19 DE 2020

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