PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 15 DE 2016. La fidelidad a las pequeñas cosas. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de paz y bien para cada uno. […]
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viernes, noviembre 15, 2019

PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 15 DE 2016.

PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 15 DE 2016.

La fidelidad a las pequeñas cosas.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de paz y bien para cada uno. Y le pido a Dios que el fin de semana sea vivido con la conciencia de haber sido elegidos y enriquecidos por Dios para que cumplamos a cabalidad la misión de amar a los demás.

Los que hemos aceptado seguir a Cristo, los que nos consideramos discípulos, debemos entender que somos administradores de los bienes, de los dones, de las gracias que Dios mismo nos ha regalado para el beneficio propio y de los demás. Entender que hacemos parte de un proyecto a través del cual la humanidad puede salvarse porque el proyecto es de respeto, de acogida, de servicio, en una palabra, de amor, será la clave que nos abra la puerta de la felicidad, de la eternidad. Y en este proyecto de amor, Dios nos hace ricos, nos llena de gracias y a cada uno da lo que a su vez cada uno puede recibir para que comparta y al mismo tiempo cuide de las cosas sagradas, del don de Dios, de su amor.

Y de manera especial de lo que Él más ama: el ser humano.

Administramos las cosas de Dios para los demás, para la felicidad de todos, para la plenitud de la vida. El cristiano vive en un constante recibir para dar y no puede olvidar que los dones de Dios son para construir, para seguir formando pueblo, para tener fuerza y palabra y así luchar por la paz, por una humanidad mucho más digna.

Y algún día nos pedirán cuentas, algún día nos encontraremos frente a frente con el Señor y es ahí donde nosotros mismos caeremos en cuenta que no fuimos tan dignos ni tan grandes como creíamos.

Seremos conscientes de que nuestras maldades y pecados solo nos llevaron a conseguir amigos que no lo fueron, tesoros que se acabaron y soledades que se prolongaron por toda la eternidad; hasta la ausencia de Dios. Es fácil ser dueño del mundo con riquezas ajenas y olvidar que mucho más allá de malgastar la vida también existe la muerte que es la realidad la que muestra realmente lo que somos.

Dios para darnos, para llamarnos, para dejar en nuestras manos su obra, nos ha sanado, nos ha perdonado, nos ha redimido, nos ha mostrado su amor. Por eso es que decimos que Dios nos da dones y al mismo tiempo la capacidad para disfrutarlos, compartirlos y hacer del mundo nuestro lugar de salvación. Hay personas que creen que no tienen nada, otras que cuando tienen se olvidan el para qué Dios les da. Muchos hacen de sus dones y talentos fábricas de mal y de maldad y de humillación. Y si nos ponemos a analizar este tipo de personas no han tenido realmente una experiencia de amor. No se han dejado tocar por Dios y mucho menos por el amor de las personas. Gente llena de complejos y de frustraciones, de complejos de inferioridad, cuando toman el poder, cuando se hacen administradores, son tiranos, imponentes y sobre todo astutos para el mal obrar.

Seamos fieles al proyecto, demos lo mejor de cada uno y no mal gastemos el don de Dios que es su amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd