PARA EL FIN DE SEMANA: OCTUBRE 13 DE 2016. La oración es un acto de confianza y de abandono. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el […]
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martes, noviembre 12, 2019

PARA EL FIN DE SEMANA: OCTUBRE 13 DE 2016.

PARA EL FIN DE SEMANA: OCTUBRE 13 DE 2016.

La oración es un acto de confianza y de abandono.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que en su amor nos hace poner la mirada en otro amor que para Él es su fuerza y su compañía, la razón de ser de lo que hace y es el amor del Padre que compadecido de la humanidad y de la creación nos quiere mostrar cuál es el camino que debemos seguir y cuál es la piedad que a Él le agrada. Dios amorosamente bueno nos hace justicia, nos acompaña en el caminar y espera de nosotros la fidelidad al proyecto para el cual Él nos ha llamado.

La reflexión para el fin de semana me lleva a escribir sobre la oración que, según santa Teresa, “es un trato de amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien sabemos nos ama”.

Jesús, ya lo hemos dicho, no les enseña a orar a los discípulos, les habla del Padre, les enseña lo que Él quiere y espera de cada uno. Jesús les habla de la necesidad de orar, de no perder la fe, de no desfallecer. En la relación con Dios los silencios y las distancias no ayudan a nada, es en la oración donde bebemos del agua de la vida, nos llenamos de amor y de paz, recobramos las fuerzas.

La oración alcanza lo que pedimos si lo hacemos con insistencia, con fe y sobre todo entendiendo que, Dios que nos ama, solo nos concederá aquello que realmente nos ayude y edifique. En la relación con Dios debemos siempre partir de una convicción: Dios es amor, Dios es bueno; Dios es justo. Desde ahí es que entendemos que la oración es también un acto no solo de confianza sino también de abandono; en la oración hay que insistir y no por desconfianza sino porque tenemos la convicción profunda que solo Él es quien nos puede ayudar sin otro interés que el del bien.

Pienso que cuando Jesús nos habla de la necesidad de orar siempre y sin desfallecer (Lc. 18, 1-8) nos habla también de confiar en Dios así las cosas que pedimos no se nos estén dando y nos habla de saber esperar. Los cristianos no debemos vivir desconcertados en las pruebas o en las adversidades, creemos en un Dios que es justo, que nos ha elegido, que nos ha hecho santos y por eso debemos esperar siempre alegres, siempre orantes, siempre perseverantes. La fidelidad a Dios se prueba también en la confianza. Jesús regresará y ojalá que en su regreso encuentre la fe capaz de seguir cambiando el corazón del ser humano e impulsando el buen obrar de las personas.

La oración no es solamente un encuentro para pedir. Ojalá que el encuentro con Dios sea de enamorados. Un encuentro simple, sencillo, pero a la vez cargado de afecto. Que no sea solo un espacio para ir y “descargar” nuestros problemas, sino que también sea un espacio en el que Dios pueda “descargar” sus tristezas y sus anhelos. Que nos sintamos partes de un proyecto y que en la oración Dios nos delegue, en el amor que tenemos y en la capacidad de perdonar, de ayudar y de servir, parte de lo que se quiere del mundo. Que en cada oración renovemos el ser administradores y servidores del rebaño.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd