Estamos en los tiempos de Dios. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Bendiciones y los mejores deseos para el fin de semana que en poco comenzaremos. Que sean días de paz y de toma de conciencia: sabemos […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: NOVIEMBRE 12 DE 2015.

Estamos en los tiempos de Dios.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Bendiciones y los mejores deseos para el fin de semana que en poco comenzaremos.

Que sean días de paz y de toma de conciencia: sabemos que somos efímeros y por eso debemos aprovechar cada momento que la muerte nos regala para dar lo mejor de cada uno, para ser felices y para sembrar eternidad en los seres que nos son más cercanos.

El Evangelio de Marcos (13, 24-32) que nos encontraremos el domingo nos conforta en la fe. Cuando todo sea tiniebla, miedo, tribulación, destrucción. Cuando ya nada quede; cuando todo se acabe, cuando todo aquello en lo que habíamos puesto la vida y el corazón no estén. Entonces será la oportunidad para encontrarnos con quien siempre ha estado y ahora se nos hace el encontradizo. Tiempo para encontrarnos con Jesús que quiere nuestra salvación y liberación. Jesús que llega cuando ya no esperamos nada.

Estamos en los tiempos de Dios, nos urge el encuentro real con Jesús; estamos siendo invitados a desprendernos, a caminar, a reconocer que la mayoría de las cosas son efímeras comenzando por nuestra propia vida. Estamos viviendo para un final en el que el encuentro con el amor será inminente y desde el amor entonces seremos mirados, juzgados, pero siempre con la certeza que en ese mismo amor seremos justificados.

Que no llegue la tribulación ni el miedo ni la angustia solo por no haber querido amar. Por no sabernos amados y por vivir en el mundo teniendo el corazón, su amor, puesto en las cosas que se acaban y no en las personas que serán las que encontraremos el día de nuestra muerte.

No debemos perder de vista el horizonte. Todos caminamos y en este peregrinar por la vida tenemos muchas oportunidades para darnos, para dar lo mejor de cada uno, para cumplir la misión de amar, nuestra vida fue hecha para alegrar corazones, para llenar de amor la existencia de los demás, para mostrar al mundo que se puede vivir en paz. Todos somos un pedazo de cielo, de eternidad en el mundo y si tomo conciencia de esto entonces procuraré dar lo mejor de mí.

Todos tenemos a Dios en el corazón; todos, entrando en lo más íntimo, estamos en la capacidad de descubrir el sentido de la vida porque la vida y la eternidad en el amor se hacen una sola. Todos sabemos hasta dónde podemos llegar y todo lo bueno que podemos hacer.

Saberse peregrino, saber que podemos eternizarnos en los corazones de las personas que amamos, saber que estamos llamados a amar a toda la humanidad; saber que también somos libres y frágiles y que en las posibilidades de hacer el bien muchas veces optamos es por el mal en la medida que sacamos el amor del corazón y nos metemos nosotros mismos, nuestras propias ambiciones y deseos de reconocimiento, aun sabiendo que el corazón es el lugar de Dios y en él el amor, le sacamos para quedar vacíos o mejor llenos pero solo de nosotros.

Todo esto debe llevarnos a cuidarnos, a vivir en Dios, a cargar las propias debilidades para caminar fuertes en la fe hasta el final. Solo así podremos sentir la satisfacción al levantar la cabeza y ver al Hijo de Dios llegar.

Con mi bendición:

Jaime Alberto Palacio González, ocd