PARA EL FIN DE SEMANA NOVIEMBRE 10 DE 2016 ¿Estamos preparados? Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en su amor nos invita […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA NOVIEMBRE 10 DE 2016

PARA EL FIN DE SEMANA NOVIEMBRE 10 DE 2016

¿Estamos preparados?
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que en su amor nos invita a no perder la esperanza y a vivir con autenticidad la fe que transforma el corazón y hace del mundo un lugar más digno y justo.

Desde el texto de Lc. 21, 5-19 entiendo que la religiosidad de cada uno debe ir un poco más allá de lo exterior; los signos son importantes, las cosas nos ayudan, pero lo que cuenta en toda relación con Dios es el corazón, la sinceridad o fidelidad en la relación con Él y los deseos de mantenernos unidos a Él y a su proyecto. La religión es mucho más que un templo y sus adornos que no niego expresan lo que la divinidad significa y en muchas personas expresan la fe y el amor a quien es el Señor de la creación. La religión es más que un vestido, un día o un horario; la religión es relación con Él, entrega a Él, amistad con Él. Por eso, aunque todo pasa, Dios no se muda ni es mudado en la persona que realmente le ama.

La institución nos ayuda a vivir en el proyecto, nos acompaña en el proceso de fe, nos da pautas para que tomemos decisiones pensando también en los demás. La Institución es Madre que nos engendra y acompaña pero nosotros también tenemos que llegar a la madurez, a la adultez de la fe; tenemos que aprender a discernir lo que conviene o no, lo que es de Dios o no; lo que nos ayuda a edificar o no y para eso está Dios en el corazón, para eso tenemos el Espíritu del Resucitado; para eso existen tiempos para orar, tenemos la Eucaristía para llenarnos de Dios y para ser fuertes, están todos los sacramentos como signos visibles de un Dios que acontece, ama y salva.

En la Iglesia, en la institución, cada uno debe convertirse, procurar ser piedra que ayude a edificar, que construya; cada uno es miembro de un cuerpo, pero también cada uno debe preocuparse por vivir en fidelidad a Dios, en amor a Él y en el servicio a los demás. Cada día debemos ser más conscientes que nada nos puede separar del amor de Cristo, que nada que se hace con amor puede generar divisiones en la Institución y que nada nos debe preocupar más que el amor a Dios, el propio y el de los demás.

Tengamos la seguridad que todo tiene un tiempo, todo inicio trae su final. Se pueden acabar los templos, pero nunca pasará la fe que es regalo de Dios para la humanidad. Se pueden caer las iglesias, pero nunca Cristo dejará de ser cabeza ni el Señor dejará de preocuparse por la humanidad. La idea es vivir cada instante con honestidad, vivir preparados para que todo acabe menos el amor, la fe y la esperanza; estar atentos para el encuentro con Dios que en el cielo sigue preparando sitio, en su corazón, para cada uno.

Vivamos convencidos que la promesa de Dios, de un encuentro definitivo con Él, el regreso a la casa del Padre, el salir de este mundo, todo eso ha de suceder, todo llegará, ¿estamos preparados? Esa es la gran pregunta que debemos hacernos los que tenemos fe.

Jesús espera encontrarse con hombres y mujeres no solo coherentes sino también capaces de dar testimonio de Él y de su proyecto en medio de la persecución, de la tribulación, cuando la muerte nos aceche. Estemos atentos y preparados, pero también cada día más enamorados de Dios, de su Hijo y del Reino.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd