Vayamos un poco más allá. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor y los invito a vivir un fin de semana lleno de posibilidades […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 28 DE 2016.

Vayamos un poco más allá.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor y los invito a vivir un fin de semana lleno de posibilidades de cambio. Volvamos a soñar con unas relaciones más justas y menos llenas de prejuicios que solo acaban con los demás y todas las ilusiones de cambio.

Cuando en la relación con los demás no damos el paso de ir un poco más allá de lo que vemos o de lo que decimos conocer o saber, seguramente las personas están condenadas a ser lo que nosotros pensamos que deben ser y hasta actuar como pensamos o creemos que deben actuar. Somos muy amigos de quedarnos con lo que vemos o con lo que escuchamos sobre los demás. Pero muy enemigos de entrarnos en el corazón del otro, de ponernos en el lugar de los demás. No sé de dónde nos viene tanta intransigencia y tanta dureza en los juicios y actos cuando los demás fallan o se equivocan si esto es lo más lejano a la experiencia cristiana del amor que todo lo espera, que no se cansa y que todo lo da, como nos lo enseña san Pablo en su segunda carta a los Corintios (Cap. 13)

Y muchos están convencidos que la gente no cambia, que uno es lo que es por sus actos, pero quedándonos en los malos actos y olvidando los buenos y por eso es que la justicia no es tan justa ni el amor es tan misericordioso. Se confunde el “ser” con alguna actuación que se tuvo o con la procedencia de la familia de la que venimos. De hecho parece que el corazón de muchas personas solo tiene espacio para una sola vez y el amor para no dar oportunidades.
Solemos quedarnos mucho en las apariencias o en nuestras terquedades y caprichos y otros tantos se quedan en sus propios complejos. Desde ahí nos estamos relacionando y no desde una experiencia del Evangelio, no desde el amor del que nos pidió Jesús que nos amaramos. Hay que ir más allá, tenemos que llegar a trascender y trascendernos porque solo de esta manera los demás tendrán palabra, tendrán algo para enseñarnos y podremos amarnos los unos a los otros como nos lo pide Jesús.

Pareciera que la gente y sus posibilidades solo existen en nuestros conceptos y en nuestra educación, lo que se hace más común cuando no llegamos a amar, cuando la otra persona nos es diferente y le es indiferente al corazón. Y aquí vienen los retos y tendremos que llegar a cambiar los propios esquemas. Hay que convertirse, hay que aprender a dejar un lugar en el corazón y en el amor para las oportunidades, para los cambios, para que la gente puede llegar a ser, con nosotros, lo que tienen qué ser.

Para que todos de alguna manera podamos ser profetas en nuestra tierra, en nuestra patria, en nuestra familia.

Somos más de lo que la gente piensa y somos capaces; podemos hacer las cosas así la gente no crea. Estamos llamados a realizarnos en comunión con los demás, debemos permitir que los otros crezcan y estamos llamados a dejar los sentimientos y los comentarios que pueden arrasar las vidas de los demás.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd