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sábado, marzo 23, 2019

ORACIÓN DE CUARESMA III

ORACIÓN DE CUARESMA III

ORACIÓN DE CUARESMA III

Ayúdame a hacer silencio, Señor, quiero escuchar tu voz.

Toma mi mano, guíame al desierto,

que nos encontremos a solas, Tú y yo.

Necesito contemplar tu rostro,

Me hace falta la calidez de tu voz,

caminar juntos... callar para que hables tú

Me pongo en tus manos,

quiero revisar mi vida,

descubrir en qué tengo que cambiar,

afianzar lo que anda bien,

sorprenderme con lo nuevo que me pides.

Ayúdame a dejar a un lado las prisas,

las preocupaciones que llenan mi cabeza,

barre mis dudas e inseguridades,

ayúdame a archivar mis respuestas hechas,

quiero compartir mi vida y revisarla a tu lado.

Ver donde "aprieta el zapato"

Para apurar el cambio.

Me tienta la seguridad del "saberlas todas",

tenerla "clara", no necesitarte,

total tengo todas las respuestas.

Me tienta el activismo.

Hay que hacer, hacer y hacer.

Y me olvido del silencio, aflojo en la oración,

¿leer la Biblia?, para cuando haya tiempo...

Me tienta la incoherencia.

Hablar mucho y hacer poco.

Mostrar facha de buen cristiano,

Pero adentro,

donde Tú y yo conocemos,

tener mucho para cambiar.

Me tienta ser el centro del mundo.

Que los demás giren a mí alrededor.

Que me sirvan en lugar de servir.

Me tienta la idolatría. Fabricarme un ídolo

con mis proyectos, mis convicciones,

mis certezas y conveniencias,

y ponerle tu nombre de Dios.

No será el becerro de oro, pero se le parece.

Me tienta la falta de compromiso.

Es más fácil pasar de largo

que bajarse del caballo y

Hacer la del samaritano.

¡Hay tantos caídos a mi lado, Señor,

y yo me hago el distraído!

Me tienta la falta de sensibilidad,

no tener compasión,

Acostumbrarme a que otros sufren

y tener excusas, razones, explicaciones...

que no tienen nada de Evangelio

pero que me conforman...un rato, Señor,

porque en el fondo no puedo engañarte.

Me tienta el separar la fe y la vida.

Leer el diario, ver las noticias

sin indignarme evangélicamente

por la ausencia de justicia

y la falta de solidaridad.

Me tienta el mirar la realidad

sin la mirada del Reino.

Me tienta el tener tiempo para todo

menos para lo importante.

Y lamentarlo pero no hacer nada para cambiarlo.

La familia, los hijos, la oración...al cuadragésimo lugar.

Hay cosas más importantes. ¿Las hay?

Me tienta, Señor, el desaliento,

lo difícil que a veces se presentan las cosas.

Me tienta la desesperanza, la falta de utopía.

Me tienta el dejarlo para mañana,

cuando hay que empezar a cambiar hoy.

Me tienta creer que te escucho

cuando escucho mi voz.

¡Enséñame a discernir!

Dame luz para distinguir tu rostro.

Llévame al desierto, Señor,

Despójame de lo que me ata,

sacude mis certezas y

Pon a prueba mi amor y mi fe.

Para empezar de nuevo, humilde, sencillo,

con fuerza y Espíritu para vivir fiel a Ti.

Fuente: https://www.javierleoz.org

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

CAPÍTULO 6

Capítulo 6, 9-11

Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy;

Capítulo 6, 12-15

y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Capítulo 6, 16-18

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Capítulo 6, 19-21

No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.
Acumulad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben.
Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Capítulo 6, 22-24

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Capítulo 6, 25-27

Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

Capítulo 6, 28-30

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.
Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?

Capítulo 6, 31-34

No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.
Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

Santa Sede

ORACIÓN DE CUARESMA III