CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS

LECTIO FEBRERO 26 DE 2023

Primero de Cuaresma (A)
LAS TENTACIONES DE JESÚS:
¡Nuestras luchas y nuestra victoria!
Mateo 4,1-11
Introducción

A partir de hoy entramos en el itinerario dominical de la Cuaresma, el cual, en este año, está pensado como un camino de renovación bautismal. Nuestro recorrido de 40 días nos llevará hasta la Pascua del Señor, en la cual, apoyados en la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado diremos junto con la comunidad: “no” a Satanás y “sí” a Dios.

El primer domingo de Cuaresma es conocido como “de las Tentaciones”. Nos encontramos con un rostro de Jesús poco habitual, pero de todas maneras, verdadero. Jesús acaba de ser bautizado en el Jordán, donde –contemplando el cielo abierto- ha escuchado la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mateo 3,17).

Después esta declaración de amor del Padre por Él, Jesús es conducido por el Espíritu Santo al desierto donde le responderá con una triple declaración de fidelidad.

Jesús sabe bien que el desierto, en la Biblia, es el lugar de la soledad, del hambre, donde hay una sensación de pérdida, en contraposición con aquel mundo maravilloso que Dios quería como un jardín, como un lugar de encuentro y de diálogo con el hombre. Y Jesús es el jardín del Padre, la humanidad nueva para un mundo renovado, y desea realizarlo a través de los 40 días de desierto invitándonos a cada uno de nosotros a seguirlo.

Un programa

Precisamente porque está al comienzo de la misión y porque está estrechamente conectado con el bautismo, el relato de las tentaciones de Jesús se nos presenta como un “programa”. Para nosotros también es la propuesta de un programa, simple y extraordinario al mismo tiempo, de vida espiritual y comunitaria y, sin duda, de compromiso pastoral. Lo realizaremos en lo profundo de nuestros corazones y junto con nuestras comunidades cristianas.

El texto nos presenta a Jesús en el desierto dando una prueba inequívoca de que quiere vivir en coherencia, con todo su ser, su ser “Hijo Amado, predilecto del Padre”. Él quiere vivir con su obediencia libre y amorosa –la que es propia de un Hijo- la voluntad de Dios realizando su misión según el camino fijado por el Padre.

En las tres tentaciones, Satanás trata de inducir a Jesús para vivir según una lógica de vida distinta y no la del Padre. Le propone ser un Mesías que se somete a las expectativas que provienen de los intereses y de los impulsos humanos. Le propone ser un Mesías que resuelve el grave problema del hambre, que sorprenda a las multitudes con ilusionismos mágicos, que realice su obra a partir de la acumulación de poder y de bienes.

Jesús responderá con prontitud y con firmeza que Él, como Hijo, obedece al Padre para realizar el plan de salvación que pasa por el sufrimiento y el vaciamiento de sí mismo hasta la muerte. La roca que mantiene a Jesús inconmovible en esta lucha es la Palabra de Dios, a la cual Jesús se va remitiendo una y otra vez hasta que logra la victoria: “Apártate, Satanás” (4,10).

Las tentaciones de Jesús nos implican profundamente porque son también las nuestras, las que emergen cada día en nuestra vida de bautizados, esfuerzo por ser fieles al seguimiento, en la ruta del proyecto del Padre. Por eso, con mayor razón, las leeremos con atención.

Algunas características del texto

Comencemos tomando en nuestras manos el texto y leyéndolo por nosotros mismos. Enseguida notamos algunas particularidades notables:
1. Hay tres tentaciones (4,3-4.5-6.7-10): la iniciativa proviene siempre del diablo, Jesús las rebate una por una.
2. Las tentaciones se van dando en tres lugares: el desierto, el templo y la montaña.

3. Hay una especie de “crescendo” a lo largo de este recorrido geográfico:
3.1 La primera tentación es a ras del suelo: se trata de comer.
3.2 En la segunda tentación se llega al pináculo del Templo: se trata de verificar si funciona o no la promesa de la Palabra de Dios.
3.3. La tercera tentación es aún más alta: la cima de una montaña. Allí paradójicamente el diablo le pide a Jesús que se “abaje” (sentido de adorar) ante él.

4. La citación de la Sagrada Escritura le va dando ritmo a los diálogos.
5. La Escritura es citada cuatro veces por Jesús (4,4.6.7.10) y una vez por el diablo (4,6).
6. Las dos primeras tentaciones parten de la misma frase: “Si eres Hijo de Dios…” (4,3.6). En la tercera es Satán quien se le ofrece como su Dios.
7. El relato reposa sobre doble declaración de victoria que encontramos al final: la primera es el imperativo: “Apártate (vete), Satanás” (4,10); luego la verificación de ello en la comunión con personajes celestiales.

El esquema del texto es lógico y sencillo:

(1)    Introducción: el lugar, los personajes, el tiempo, la circunstancia (4,1-2)
(2)    Primera tentación: el pan (4,3-4)
(3)    Segunda tentación: el espectáculo en el Templo (4,5-6)
(4)    Tercera tentación: el fastuoso poder del mundo (4,7-10)
(5)    Conclusión: la victoria de Jesús (4,11)

Leamos el texto de Mateo 4,1-11:

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.
2 Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.
3 Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»
4 Mas él respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
5 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,
6 y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»

7 Jesús le dijo: «También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.»
8 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,
9 y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»
10 Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.»
11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

1.    La introducción del relato (4,1-2)

Comienza el relato diciendo: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (4,1-2).

La primera línea ya es significativa: el mismo Espíritu que descendió sobre Jesús en el bautismo lo conduce luego en el desierto. Es el Espíritu Santo quien guía en el desierto para afrontar las pruebas de nuestra fidelidad. Esto no nos debe extrañar, sabemos, por ejemplo, la prueba de la fidelidad del patriarca fue inducida por el mismo Dios (ver Génesis 22,1); si bien en este relato hay una diferencia: quien prueba es el diablo.

Mateo nos coloca enseguida en el escenario, nos presenta los personajes, delimita el tiempo y describe la circunstancia.

(1) El escenario: el desierto

La tradición ha creído ver el sitio en el altiplano que se encuentra sobre el actual “monte de la cuarentena”, justo al occidente de Jericó. Pero esto no es más que una hipótesis.

El desierto obviamente es un lugar geográfico pero, particularmente en la Biblia, es también un espacio cargado de simbología (que hemos desglosado ya en diversas ocasiones). En este caso se nos remite al caminar del pueblo de Israel por el “desierto” en la pascua. Allí el pueblo fue tentado (ver Éxodo 17,1-7).

(2) Los personajes

En primer lugar, Jesús. Como lo hemos señalado antes, aquí aparece en la condición de “Hijo de Dios”. Las tentaciones ponen a prueba su “obediencia” de hijo, de la misma manera como fue probado Israel en el desierto para verificar si estaría en condiciones de observar o no los mandamientos de Dios (ver Deuteronomio 8,2).

Además de Jesús, tenemos al “diablo”. El término diablo es griego y significa separar, dividir. También es llamado “tentador”. Este segundo término destaca su rol de seductor: busca apartar de la comunión con Dios. Así lo hizo con Job y ahora también con Jesús: ataca a quien vive en unión con Dios y a quien Dios ha elegido.

Pues bien, el mismo Jesús que poco antes ha visto el cielo abierto también tiene ahora ante sí al poder del mal.

(3) El tiempo

Jesús permanece en el desierto “cuarenta días y cuarenta noches” (4,2ª). Se trata de días completos.

El número cuarenta es el clásico para designar la generación israelita del desierto: “Acuérdate de todo el camino que Yahvé tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto…” (Deuteronomio 8,2).

También hay aquí un valor simbólico que está conectado con lo que sigue.

(4) La circunstancia

En este tiempo Jesús “ayuna”.

Jesús revive la experiencia de Moisés en el desierto: “Permanecí en el monte cuarenta días y cuarenta noches sin comer pan ni beber agua” (Deuteronomio 9,9; ver el relato en Éxodo 34,28). Para Moisés éste fue el preludio a la recepción y la proclamación de la Ley de Dios.

En el mundo bíblico el ayuno está conectado con la oración (ver Mateo 6,16-18; 9,14-15). El hecho de que se mencionen las “noches” (cuarenta noches) sugiere “vigilias”. En su ayuno, Jesús “velaba” y “oraba”. Esto mismo es lo que les pedirá a sus discípulos que hagan para hacerle frente a la tentación: “Velad y orad para que no caigáis en tentación” (26,41).

Es tanto el ayuno, que Jesús “al fin sintió hambre” (4,2c). Esta constatación de la debilidad física es la antesala de la tentación que viene enseguida.

2.    Primera tentación: el pan (4,3-4)

Cuando el hambre aprieta, entra al ataque el tentador: “Y acercándose el tentador, le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes’. Mas él respondió: ‘Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’.”

El diablo se dirige a Jesús llamándolo “Hijo de Dios” pero en forma condicional: “Si eres…”.

Sabemos que en Palestina las piedras se parecen –en su aspecto exterior- a los panes. Sin embargo la cuestión es de fondo. Con la propuesta de transformar las piedras en panes, el diablo le pide a Jesús que utilice el poder que le viene de su altísima dignidad, de su comunión con Dios. Lo invita a rebelarse contra Dios y a separarse de Él.

Ya en un pasaje del Antiguo Testamento, mientras el pueblo permanecía en Quibrot Hattavá, añoraba los viejos tiempos de la abundancia en Egipto: “¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos, puerros, cebollas y ajos!” (Números 11,5). Allí la insatisfacción se volvió lamento: “En cambio ahora tenemos el alma seca. No hay de nada” (11,6).

Así como Israel, también Jesús fue expuesto a la tentación de los alimentos (ver Éxodo 16,4 y Deuteronomio 8,2-5) e invitado a usar su poder en beneficio personal.

La respuesta

Jesús no sólo rechaza la propuesta del diablo sino que le da los argumentos de su negativa: no es en beneficio propio que él realiza su misión sino en función de la realización de la voluntad de Dios, expresada esta en la Santa Escritura.

Para decirlo, Jesús acude a la misma Palabra de Dios, a la manera como lo hacían los grandes Maestros en Israel.

Sus palabras están tomadas de Deuteronomio 8,3: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús señala que más importante que el pan para el hombre es la Palabra de Dios y su puesta en práctica (=obediencia). ¡Cuán importante es acudir a la Palabra y vivir de ella!

En el pensamiento bíblico sapiencial, la palabra de Dios era –en cuanto guía para el proyecto de vida- considerada vida verdadera: “Es árbol de vida para los que a ella están asidos… Porque (las palabras de Dios) son vida para los que la encuentran y curación para toda carne” (Proverbios 3,18 y 4,22). Conocemos un antiguo dicho rabínico que decía: “La Toráh es grande, de hecho da vida a aquellos que la ponen en práctica tanto en este mundo como en el futuro” (Ab. 6,7).

Lo que Jesús hace ahora, apoyarse en la Palabra y vivir de ella, es lo que le pedirá luego a sus discípulos: “El que haga la voluntad del Padre celestial entrará en el Reino de los Cielos… Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica…” (7,21.24).

3.    Segunda tentación: el espectáculo en el Templo (4,5-6)

Viene ahora el primer desplazamiento: “Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,  y le dice: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’. Jesús le dijo: ‘También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios’.

La tentación

El diablo se acerca a Jesús y lo “lleva consigo” (también se puede leer como “invitar”). El nuevo lugar de la tentación es la “ciudad santa”, o sea, Jerusalén, y dentro de ella el Templo.

“Lo pone sobre el alero del Templo”, quizás se trate del punto más alto del Templo. Podría pensarse en la esquina sur de la muralla del Templo que da hacia el torrente Cedrón, donde  cae un abismo vertiginoso.

Ahora es el diablo quien toma la iniciativa para citar la Santa Escritura: un pasaje del Salmo 91,2-3. El diablo le recuerda a Jesús que, en su calidad de Hijo de Dios, goza del privilegio de una extraordinaria protección de Dios, así como lo promete el Salmo.

Le dice: “Tírate abajo”. Arrojarse de tal altura, desde donde sin el auxilio extraordinario de Dios le espera una muerte segura, suponía una gran audacia. Se esperaría de Jesús un vuelo espectacular o un ejército de ángeles viniendo enseguida en su auxilio, como dice el Salmo: “en sus manos (los ángeles) te llevarán”.

El hecho que Jesús esté en el Templo es todavía más significativo: el orante espera en recibir una protección especial de Dios cuando está en este espacio sagrado. ¿Cómo entender luego que Jesús ore en la Cruz y aparentemente no sea escuchado por el Padre, quien permite su muerte violenta?

La respuesta

De repente la discusión se pone áspera. Ahora es Jesús quien entra al ataque. El diablo jugó a ser teólogo citando la santa Escritura y distorsionando el sentido de sus palabras. Jesús entonces le dice tajantemente la frase de Deuteronomio 6,16: “¡No tentarás al Señor tu Dios!”.

Precisamente en la diferencia que hay entre la letra y el sentido está el núcleo de esta tentación. Es verdad que Dios es bondadoso y asegura su protección, pero esto no quiere decir que haya que tomar al pie de la letra sus palabras y poner a prueba dicha bondad y protección mediante actos suicidas.

Si esto llega a suceder, Dios quedaría reducido a un simple objeto de mercado al que se le utiliza según el antojo. No sería el hombre el que se sometería a Dios sino al revés. No se reconocería dócilmente su querer sino que lo domesticaríamos a nuestro antojo.

Entrar en la lógica que el diablo le propone a Jesús, Dios ya no sería Dios, perdería su señorío, se le rebaja a un ídolo manipulable.

A lo largo de su ministerio Jesús escuchará de nuevo propuestas similares a las que el diablo le hace aquí. Le pedirán una señal del cielo (ver Mateo 12,38) pero no habrá otra diferente de la señal de Jonás. En la cruz le pedirán que se baje mediante un acto espectacular que demostraría que efectivamente Dios está de su parte, pero Jesús irá hasta las últimas consecuencias en su Pasión.

Jesús está siempre sometido al querer del Padre y esto es lo que debe aprender el discípulo. Cuando llegue la hora de la Pasión, Jesús le dirá a Pedro: “¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Más, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?” (26,54).

4.    Tercera tentación: el fastuoso poder del mundo (4,7-10)

La última tentación es la más intensa, cuando ha cuestionado la “divinidad” de Dios que Jesús llama su Padre, el diablo enseguida se propone a sí mismo como tal: “Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,  y le dice: ‘Todo esto te daré si postrándote me adoras’. 0 Dícele entonces Jesús: ‘Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto’”.

La tentación

De nuevo el diablo “lleva consigo” a Jesús. Llegan a un altísimo monte. A diferencia del monte de la transfiguración (17,1) y del monte del final del evangelio (28,16), este monte no sabemos por donde se encuentra. Sabemos simplemente que es “muy alto”. La intención es ofrecerle a Jesús una vista panorámica del planeta (obviamente en tiempos en que se creía que era plano).

Le muestra “los reinos del mundo y su gloria”. La “gloria” aquí indica la apariencia, el esplendor engañoso, la inestabilidad propia de su dominio. La propuesta entonces es la adquisición de todo ese poder con el cual se consigue dinero (o viceversa) y dominio. Pero el precio es la adoración del diablo: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”.

Como Israel (ver Deuteronomio 6,12-15; Éxodo 23,20-33; 34,11-14), también Jesús vino para tomar “como herencia las naciones” que estaban bajo el poder del “príncipe de este mundo”. Pero no es bajo el apoyo de Satán –con intriga, egoísmo, acumulación de bienes, aprovechamiento del trabajo de otros, coaliciones políticas- como él lo va a lograr, sino sometiéndose incondicionalmente al Dios de la Alianza, quien le propone vida y prosperidad a “su” pueblo mediante la vivencia de la justicia y la fraternidad (tal como lo enseña el Deuteronomio).

Detrás de esta tentación está, entonces, la idolatría del mundo consumista, centrado en ideales económicos y en la expansión del poder político mediante el aparato militar. En los tiempos de Jesús, el movimiento político “zelota” soñaba con un Mesías que encajara dentro de estos ideales: “En aquel tiempo uno de la región judía  obtendría el dominio sobre toda la tierra” (Flavio Josefo, “Guerra Judía” 6,312-313.

La tentación es clara: ser esclavos de un mundo que le da las espaldas a Dios entrando en el juego sucio de las alianzas políticas y económicas que exaltan a unos y someten a otros, que enriquecen a unos y empobrecen a otros, que concentran todo en las manos de unos pocos y marginan a los demás. Esto es diabólico.

La respuesta

Jesús se pone de parte de Dios. El diablo no consigue separarlo de su Padre y de su proyecto de un pueblo igualitario de hermanos.

La declaración en la que Jesús opta por el Señorío de Dios está basada en Deuteronomio 6,13 (si bien es posible que se trate de una combinación de Deuteronomio 5,9 –“temerás al Señor tu Dios”- y 10,20 –“le servirás”). En todo caso el referente es la oración llamada “Shemá Israel” (“Escucha Israel…”, de Dt 6,5).

El supuesto dominio universal del diablo es engañoso, porque como dice Deuteronomio 10,14: “Mira, a Yahvé, tu Dios, le pertenece el cielo… la tierra y cuanto hay en ella”.

La declaración de sometimiento total de Jesús a Dios, aparta a aquél que no lo pudo apartar de Dios: “¡Apártate, Satanás!”.

Más adelante en este mismo evangelio, en 16,23, se escuchará algo similar: “¡Quítate de mi vista, Satanás!”. Sólo que le aplica a Pedro. En esa escena la opción de Jesús por el Padre es tan radical que ni siquiera el “sufrimiento” que tanto escandaliza a Pedro apartan a Jesús de su camino. Así de radical es la entrega y la obediencia de Jesús en las manos del Padre.

5.    Conclusión: la victoria de Jesús (4,11)

“Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían”

El evangelio termina positivamente con la victoria de Jesús sobre la tentación y el rechazo del tentador. Ésta se presenta de dos maneras:
(1) El diablo abandona a Jesús: “Entonces el diablo le deja”.
(2) Jesús es rodeado de seres celestiales: “Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían”.

El diablo se va, pero no hay que pensar que ha sido definitivamente vencido. Se retira por efecto de la orden de Jesús, pero él volverá al ataque.

La imagen final de los ángeles que se acercan y sirven a Jesús describe, subraya la fuerte relación que éste tiene con Dios. El verbo “servir” va en dos vías: el “servir” con el significado de prepararle la mesa después de largo ayuno. Pero también la de la obediencia de los ángeles al Padre (4,6b), quien los pone a su servicio. El Padre también está del lado de Jesús. ¡Esta es la certeza que Jesús tiene de Dios!.

En fin…

En Jesús Dios mismo que ha querido sufrir las tentaciones que continuamente nos asaltan:
•    La de un mesianismo puramente terreno: “Si eres hijo de Dios, convierte estas piedras en panes”.
•    La de un mesianismo exhibicionista: “Si eres el hijo de Dios, tírate del pináculo del Templo”… “y tu Padre te salvará”.
•    La de la terrible idolatría del poder y del mundo de la economía: “Si tu me adoras, yo te daré todos los reinos del mundo”.

En estas tres tentaciones –que repiten las del antiguo Israel en el desierto (como las relee el Deuteronomio) y que son símbolo de todas las tentaciones de la humanidad- está representado el pecado que se anida en cada uno de nosotros:

1. Robarle el don a Dios, querer poseerlo como si fuera una conquista nuestra…

2. Manipular a Dios dándole el rostro que nos parece más cómodo…

3. Poner nuestras necesidades por encima de todo y de todos…

En pocas palabras, poner a Dios al servicio de lo que queremos y deseamos.

Jesús vive en sintonía con el querer del Padre. Ante el rol de un Mesías triunfalista y escoge más bien permanecer clavado a la fidelidad plena a la Palabra, la cual es expresión de la voluntad del Padre. Ante la propuesta de poner a Dios al servicio suyo, Jesús escoge ser siervo del Señor, vivir las bienaventuranzas y aceptar la cruz.

Jesús no cede por tanto a las lisonjas del maligno, del tentador, así como tampoco cederá a los elogios del pueblo que quiere hacerlo rey después de la multiplicación de los panes y a la pretensión de quienes se burlan de él al pie de la Cruz, quienes le piden que se baje de la cruz.

Al final no transforma piedras en pan, no se tira de lo alto del Templo, no se arrodilla ante el diablo para recibir gloria y poder mundano. Jesús escoge el camino más difícil:

1. Escoge vivir las penurias de todo hombre

2. Escoge el camino oscuro de la fe, del llegar a probar incluso el silencio de Dios…

3. Escoge la adoración del único señorío de Dios, haciendo de él y de su propuesta de construir un pueblo suyo en la fraternidad y la justicia, el empeño que merece todo sacrificio.

La proximidad al hombre y la encarnación del “Dios-con-nosotros”, cuyo nombre significa “salvador” de los pecados, no puede ser más real.

6.    El Jesús de las tentaciones

¿Qué alcance tiene este relato de las tentaciones? ¿Qué nos enseña acerca de Jesús? Podríamos hacer tres afirmaciones:

(1) Jesús fue tentado como Mesías

En los tiempos de Jesús había diversos conceptos equivocados del Mesías que podían llevar a malinterpretar a Jesús (también sucede hoy). El relato deja en claro que Jesús no  vino para legitimarse a través de milagros espectaculares o a revelarse de manera inequívoca como Salvador sin que se tenga que pasar por la oscuridad de la fe. Jesús vive su camino mesiánico según los criterios de Dios, así éstos en muchas ocasiones desbaraten los esquemas y las expectativas que nos hemos hecho de Dios.

(2) Jesús fue tentado como justo

Las tentaciones de Jesús son “modelo” para todos de obediente sumisión de la voluntad humana a Dios. El peligro del ceder ante los deseos materiales, el recurso desconsiderado a la ayuda divina, el querer resolver los problemas mediante la fuerza brutal. Todo eso, en la práctica, lleva a renegar de la fe. Un discípulo encuentra todo esto en su camino: Jesús, tentado inmediatamente después del bautismo, es el modelo de todo bautizado cristiano que enfrenta y supera estas pruebas.

(3) Jesús fue tentado como Hijo

Lo hemos notado una y otra vez a lo largo del relato. También, gracias a la Alianza, el pueblo de Israel gozaba de una relación estrecha con Dios (pero nunca como la de Jesús). El hecho de que Jesús sea conducido al desierto durante una cuarentena y haya vencido allí, nos remite a las tentaciones del pueblo de Israel.

El mensaje es: donde Israel fracasa, Jesús vence gracias a su obediencia de Hijo: ¡el Hijo de Dios vence! Por medio de Jesús aprendemos a vivir bajo el señorío de Dios: “¡Al Señor tu Dios adorarás!”.

7.    Las tentaciones de Jesús y las nuestras

Al comenzar el camino cuaresmal tratemos de captar mejor cuál es el desafío ante el que estamos y cuáles son los medios que nos ayudan a salir victoriosos. Retengamos estas dos lecciones que nos deja Mateo:

(1) La referencia constante a la Palabra de Dios como luz y guía de nuestra vida

Cuando acogemos, meditamos y oramos la Palabra con fe, ella nos pone ante lo que el amado Señor quiere de cada uno de nosotros en las diversas circunstancias de nuestra vida. No sólo contemplaremos su belleza sino que resurgirá entonces en nosotros una disponibilidad concreta para vivir en comunión con Él, en un solo amor y un solo querer.

¡Qué bueno que incrementemos el ejercicio de la Lectio Divina en esta Cuaresma!

(2) La certeza de la victoria: ¡El Hijo vence!

El evangelio de hoy nos devuelve la esperanza: vivimos abrumados por la tentación, pero –si nos unimos a Jesús- podemos vencer. Jesús nos comparte su victoria.

La contemplación de la Eucaristía nos pone siempre ante la victoria de la Cruz. Allí, dándose completamente por amor llevó a cumplimiento su camino mesiánico según los criterios del Padre. En la Cruz Jesús derrotó completa y definitivamente al tentador. ¡La Eucaristía nos invita a la comunión con su victoria!

Entonces el misterio de la Eucaristía también es parte de la Buena Nueva de hoy. Ponernos al servicio de la gloria de Dios y dar la vida amorosamente por los hermanos es el sentido de la Cruz, el sentido de la Eucaristía y el sentido de la Cuaresma. Junto con la escucha de la Palabra, podríamos vivir esta Cuaresma a los pies de la Eucaristía.

8.    Tres sugerencias prácticas para este tiempo de Cuaresma

De lo anterior deducimos tres mensajes fundamentales que nos permiten permanecer con Jesús en estos cuarenta días.

(1) En el desierto Jesús hace una gran vigilia en la que ora constantemente.

Ante todo se nos propone una intensa vida de oración como primera y última condición para la conversión cuaresmal, en el progreso espiritual de la santidad.

Convertirse significa buscar siempre y de nuevo el perdón del Padre, quiere decir orar ininterrumpidamente sin cansarse.

•    Es la oración intensa la que nos hace crecer en la gracia de la vocación bautismal, que nos ayuda a poner siempre ante el Señor nuestra fidelidad y nuestras negligencias, a entregarle nuestra pereza, nuestra poca fe y poca esperanza.

•    Es la oración la que, día tras día, nos va familiarizando con el modo de pensar y de actuar de Dios, dándonos valentía y fuerza interior para que tomemos distancia de criterios de vida que hacen daño.

Hagamos por eso el propósito de orar un poco más: por la mañana y en la tarde regularmente, no faltar a la eucaristía dominical y, ojalá alguno que otro día de entre semana; dediquémosle diez minutos al día a la lectura de una página del evangelio, preferiblemente el evangelio del día, y sintamos la consolación que proviene de esta lectura perseverante.

Los tiempos de la oración serán claves para nuestra apertura al gozo de la santa Vigilia Pascual, orando con Jesús y en Jesús.

(2) En el combate con Satán, Jesús muestra que se toma en serio la Palabra de Dios.

Por eso estrechamente conectado con el ejercicio de la oración se nos propone la escucha de la Palabra de Dios; escucharla y tomarla en serio.

La Palabra es lámpara que ilumina los pasos de nuestro camino, alimenta nuestra oración y, junto con la comunión eucarística, nos sostiene y nos da fuerza.

La palabra nos enseña a amar, a perdonar, a reconciliarnos, a llevar a cabo gestos de solidaridad, a acordarnos de los más pobres y todos los que sufren.

(3) Finalmente se nos propone un primer alto sincero ante Dios y nosotros mismos para que revisemos con lucidez cómo va nuestra vida.

La página de las tentaciones y la victoria de Jesús nos estimula para que hagamos un examen de conciencia personal y comunitario: ¿Cuáles son los factores que arruinan la comunión, que generan dolorosas separaciones y distanciamientos con Dios, con las personas que amamos y con nuestros hermanos de comunidad?

Este ejercicio de discernimiento de dónde están nuestras tentaciones nos ayuda por una parte a desenmascarar las falsas seguridades que nos impiden la conversión interior; y por otra, nos asegura que podemos vencer cualquier tentación si permanecemos unidos a Jesús y en la escucha de la Palabra de Dios.

Todos tenemos tentaciones, es importante que tomemos conciencia de cómo funcionan. Pero la buena noticia de este domingo no está en el hecho de que sepamos que tenemos tentaciones sino que podemos vencerlas, que estamos llamados a ser victoriosos en Cristo Jesús.

Hay que poner la mirada en Jesús: ¡Él es nuestra victoria! Jesús escoge el camino de la humildad y por tanto de la Cruz, aparece como el Hijo del Padre, imagen perfecta de Dios y figura del hombre que llega a la plenitud de la madurez y de la santidad, punto de referencia de todo crecimiento humano auténtico.

La finalidad de nuestro camino cuaresmal es que nos hagamos cada vez más hijos en este Hijo perfecto del Padre, que nos realicemos en él, que pongamos nuestros ojos en él para contemplarlo, imitarlo y seguirlo hasta el final.

9.    Releamos el Evangelio del domingo con los Padres de la Iglesia

Las tentaciones de Jesús y, de manera especial, su victoria, son para nosotros un don que nos ofrece y un llamado a la responsabilidad que exige nuestro compromiso.

Veamos dos textos, uno de San Agustín y del Padre capadocio San Gregorio Nacianceno, que nos invitan a vivir de esta manera –apoyados en Jesús- el combate espiritual que le incumbe a todo bautizado.

9.1.    San Agustín: ¡Jesús es nuestra victoria!

“Cristo nos ha como que transfigurado en sí mismo, cuando quiso ser tentado por Satanás…

Cristo fue tentado por el diablo, pero en Cristo también tú eras tentado. Porque Cristo tomó de ti su carne, pero de sí tu salvación, de ti su tentación y de sí tu victoria.

Si somos tentados en Él, será en Él que venceremos al diablo…

Fuiste tú quien fue tentado en Él, pero reconoce también que en Él tú eres vencedor.

Él habría podido mantener lejano de sí al diablo, pero sino no se hubiera dejado tentar, no te habría enseñado a vencer cuando eres tentado”. (Del Comentario al Salmo 60)

9.2.    San Gregorio Nacianceno: Sabes cómo vencer: ¡No temas la lucha!

“Si después del bautismo, el tentador, perseguidor de la luz, te asalta –y claro que lo hará, puesto que también tentó al Verbo, mi Dios, escondido en la carne, o sea, intentó asaltar la propia luz escondida bajo el velo de su humanidad- tú sabes cómo vencerlo: no temas la lucha.
Oponle el agua, oponle el Espíritu en el cual serán anulados todos los dardos encendidos del maligno.

Si te saca en cara tu pobreza –y no dudó en hacerlo con Cristo, recordándole su hambre para que transformase las piedras en pan- recuerda sus respuestas.
Enséñale lo que él no sabe. Oponle esta palabra viva de vida que es el pan bajado del cielo y da vida al mundo.
Si te insidia con vanagloria –como hizo con Él cuando lo llevó al pináculo del Templo y le dijo ‘Tírate abajo’ para que muestres tu divinidad- no te dejes arrastrar por la soberbia.
Si te vence en esto, no dejará las cosas así. Es insaciable (…).
Si te asalta la codicia, haciendo brillar por un instante ante tus ojos todos los reinos como si le pertenecieran y exigiendo tu adoración, desprécialo como un miserable.

Defendido por la señal de la Cruz, dile: ‘También yo soy imagen de Dios; no fui expulsado como tú de la gloria celestial; estoy revestido de Cristo; con el Bautismo Cristo pasó a ser mi herencia: ¡eres tú quien me debe adorar!’.
Cree en lo que te digo: vencido y avergonzado por estas palabras, se retirará de todos aquellos que están iluminados, tal como se apartó de Cristo, principio de la luz”.
(Del Discurso 40,10)

10.    Para cultivar la semilla de la Palabra en la vida:

10.1.    ¿Qué características tiene el relato de las tentaciones de Jesús?

10.2.    ¿Con qué finalidad fue escrito este relato? ¿Cuál es la “Buena Nueva”?

10.3.    ¿Cuál es la relación entre “bautismo” y “tentaciones”?

10.4.    A la luz del relato, ¿Cuáles son mis tentaciones?

10.5.    El diablo es “divisor”: separa de Dios y de los hermanos. ¿Qué percibo en mi familia y en mi comunidad? ¿Cómo quiere el Señor que llegue hasta la Pascua?

10.6.    ¿Cuáles son los medios para vencer las tentaciones?

10.7.    ¿Cuál va a ser mi programa cuaresmal de este año? ¿Qué voy a trabajar en mí mismo/a de manera especial para que se manifieste en mí la victoria pascual de Cristo?

P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM

LECTIO FEBRERO 26 DE 2023

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