sábado, diciembre 07, 2019

LECTIO ENERO 5 DE 2020

LECTIO ENERO 5 DE 2020 - EPIFANÍA DEL SEÑOR
Navidad. Oración con el Evangelio. Ciclo A

1. INVOCA

•  Prepara tu ánimo para entrar en diálogo con el Señor, que te va a dirigir su Palabra.
•  Deja a un lado tus ocupaciones habituales. Porque este tiempo es el más importante para tu vida.
•  Ábrete al Espíritu que desea inspirarte el sentido de la Palabra y quiere animarte a vivirla.
•  Invoca al Espíritu, para que te ilumine y te fortalezca. Veni, Sancte Spiritus:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,

sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra, encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre

al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)

2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 2, 1-12)

Contexto litúrgico

•  Epifanía significa manifestación. Celebramos en este día la manifestación de Jesús, el Salvador, al mundo pagano, representado por los sabios de oriente.
•  Este gesto del Señor nos desvela el sentido de su venida a la tierra. Ha venido con la misión de ofrecer la salvación a todas las gentes, de todos los lugares y de todos los tiempos.
•  Es el día en que también nosotros, que no somos del pueblo judío por nacimiento, hemos recibido el don de la fe en Jesucristo, enviado del Padre para la salvación del mundo.
•  Este relato de Mateo es una catequesis que nos indica cómo se manifiesta el Señor en todo tiempo y cómo nosotros podemos encontrarlo. Por lo tanto, lo hemos de leer más como un relato de fe que como una narración de tipo histórico.

1. Unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén (v. 1)

•  Estos personajes, (magos, sabios) presentados por Mateo, significan:

- la necesidad de los humanos de encontrarse con el verdadero Dios;
- desde la realidad de la vida de cada uno (familia, profesión, trabajo…), la persona ha de preguntarse siempre dónde y cómo se presenta Dios en la vida de cada uno;
- la decisión de abandonar su casa y su país simboliza el proceso que constantemente realiza el que con sinceridad quiere encontrarse con el Señor;
- la estrella que les guía es la luz de la fe, la llamada de Dios, que comienza a iluminar la oscuridad de su situación religiosa;
- estos rasgos manifiestan el deseo de iniciar un camino, un proceso, para encontrar a Dios.

•  En Jerusalén, los sabios

- dan testimonio de la llamada de Dios: Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo (v. 2);
- vencen las malas intenciones de Herodes;
- y la ignorancia de los sacerdotes y de los maestros de la ley;
- se dejan orientar por la Palabra de Dios, en la profecía de Miqueas (5, 2), que los maestros de la Ley indican (vs. 5-6);
- nuevamente la estrella de la fe los guía hasta Belén (v. 9).

2. Vieron al Niño con su madre María y lo adoraron (v. 11)

•  Al experimentar de nuevo la iluminación de la fe en su camino, se llenaron de una inmensa alegría (v. 10). El esfuerzo de los viajeros por seguir la luz incipiente de la fe logró, al fin, encontrar al Niño con su Madre. María es figura de la Iglesia, en la cual encontramos al Salvador.

•  Lo adoraron como a Dios postrados en tierra. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como regalo oro, incienso y mirra (v. 11).

•  Los sabios de oriente reconocen al Mesías en aquel Niño desvalido y pobre. Dios los ha orientado y fortalecido a lo largo de su camino de fe, poniendo de su parte el interés y el sacrificio por salvar enormes dificultades y, al fin, encontrar al Salvador.

•  Los dones que ofrecen al Niño son símbolo de su propio reconocimiento, agradecimiento y ofrenda de sí mismos y de sus vidas.

•  Lo adoraron. Adorar es, sobre todo, reconocer y agradecer el don de la vida en Dios, recibido gratuitamente, que nos lo regala desde su infinito amor. La semilla de la fe la recibimos en el bautismo, de manos de nuestra Madre la Iglesia, sin nosotros merecerla ni buscarla.

•  La catequesis nos tiene que conducir a reconocer en Jesús al mismo Dios, que nos ama y nos llena de sus dones, del mejor don, que es Él mismo, con Jesús en el Espíritu.

•  Regresaron a su país por otro camino (v. 12). Una vez que los sabios de oriente adoraron al Señor, entregándose a Él, quedaron transformados por el encuentro con el Mesías. Y regresaron a su tierra, convertidos, como personas nuevas, contentos de la experiencia vivida en aquella humilde vivienda.

3. MEDITA

•  Cada uno de nosotros he de reemprender muchas veces el camino de la fe, que nos lleva a Jesús. No es cuestión de saber muchas cosas de Jesús, del Evangelio. Es, sobre todo, seguir y estar con Jesús, para conformar nuestros valores, criterios, actitudes, sentimientos y conducta según lo que el mismo Jesús vivió y enseñó.

•  En cada momento de nuestra vida el Señor nos va llamando a una entrega más generosa y total. Con mirada y escucha de fe, podemos percibir que el Señor nos convoca desde la realidad de los sucesos diarios, agradables o desagradables, desde la Palabra leída en la Biblia y meditada, desde un buen consejo que recibimos, desde un buen testimonio que vemos, desde la oración y celebración de los sacramentos. Todo ello son luces de pequeñas estrellas que el Señor pone en el firmamento de nuestra conciencia.

•  El encuentro con Jesús, en brazos de María, nos llena de alegría y experimentamos la paz.

4. ORA

Te doy gracias, Padre, porque te preocupas por mí y me llamas constantemente para que sea feliz, siguiendo a tu Hijo Jesús.
Gracias, Jesús, porque Tú me indicas el camino de tu seguimiento y quieres que sea tu discípulo y tu apóstol.
Te doy gracias, María, buena Madre, que nos muestras y nos regalas siempre a tu Hijo para nuestro bien.

5. CONTEMPLA

•  A Jesús Niño, en brazos de María, que nos ofrece amorosamente a su Hijo.
•  A los sabios (magos) que salvan dificultades y llegan gozosos donde Jesús. Y luego reemprenden un nuevo estilo de vida.

6. ACTÚA

1. Agradeceré siempre el don de la fe, que el Señor me regala desde el bautismo.
2. Trataré de buscar al Señor cada día en los sucesos, en su Palabra, en la oración.
3. Ayudaré a que otros bautizados vivan su fe en la Iglesia.

Recitamos el salmo 72

1. Oh Dios, concede al rey tu amor por la justicia, y da rectitud al hijo del rey.
2. Ayúdale a juzgar correctamente a tu pueblo; que los pobres siempre reciban un trato imparcial.
3. Que las montañas den prosperidad a todos y que las colinas sean fructíferas.
4. Ayúdalo a defender al pobre, a rescatar a los hijos de los necesitados y a aplastar a sus opresores.

5. Que te teman[a] mientras el sol brille y mientras la luna permanezca en el cielo; ¡sí, para siempre!

6. Que el gobierno del rey tenga la frescura de las lluvias de primavera sobre la hierba recién cortada, de los aguaceros que riegan la tierra.
7. Que florezcan todos los justos durante su reinado; que haya prosperidad abundante hasta que la luna deje de existir.
8. Que reine de mar a mar, y desde el río Éufrates[b] hasta los extremos de la tierra.

9. Los nómadas del desierto se inclinarán ante él; sus enemigos caerán a sus pies sobre el polvo.

10. Los reyes occidentales, de Tarsis y de otras tierras distantes, le llevarán tributo. Los reyes orientales, de Saba y de Seba, le llevarán regalos.
11. Todos los reyes se inclinarán ante él, y todas las naciones le servirán.
12. Rescatará a los pobres cuando a él clamen; ayudará a los oprimidos, que no tienen quién los defienda.
13. Él siente compasión por los débiles y los necesitados, y los rescatará.

14. Los redimirá de la opresión y la violencia, porque sus vidas le son preciosas.

15. ¡Viva el rey! Que se le entregue el oro de Saba. Que la gente siempre ore por él y lo bendiga todo el día.
16. Que haya grano en abundancia por toda la tierra, que brote aun en la cima de las colinas. Que los árboles frutales florezcan como los del Líbano y los habitantes crezcan como la hierba en el campo.

17. Que el nombre del rey permanezca para siempre, que se perpetúe mientras el sol brille. Que todas las naciones sean bendecidas por medio de él, y lo elogien.
18. Alaben al Señor Dios, el Dios de Israel, el único que hace semejantes maravillas.
19. ¡Alaben su glorioso nombre por siempre! Que toda la tierra se llene de su gloria. ¡Amén y amén!
20. (Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí).

P. Martín Irure

Fuente: https://es.catholic.net/

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