JUEVES SANTO. MARZO 24 DE 2016 La vida de Jesús fue amar y amó hasta el extremo. Su manera de ser, de hablar, de enseñar y de confrontar. Sus sanaciones, liberaciones, su interpretación de la ley y la constante invitación al perdón, al amor y a la misericordia. El hacer las cosas de Dios como […]
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viernes, julio 03, 2020

JUEVES SANTO. MARZO 24 DE 2016

JUEVES SANTO. MARZO 24 DE 2016

La vida de Jesús fue amar y amó hasta el extremo. Su manera de ser, de hablar, de enseñar y de confrontar. Sus sanaciones, liberaciones, su interpretación de la ley y la constante invitación al perdón, al amor y a la misericordia. El hacer las cosas de Dios como perdonar, donarse como alimento para la vida eterna, ser agua viva y resurrección; decir que conocía al Padre, que venía a hacer las obras propias de Dios y además afirmar que quien le ve a Él ve al Padre; son causas más que justas, decían ciertos grupos de judíos, para acabar con Jesús. Para condenarlo y para pedir para Él la muerte.

Y eso lo siente Jesús, Él lo sabe. La hora va llegando; su vida y manera de ser llevaban a esa pena, a la muerte. Jesús sabía que ya estaba juzgado, condenado y asesinado. Las cosas empeoraron cuando días atrás había sido aclamado como Rey por la multitud.

Y Jesús en su tristeza por lo que se vive; por la traición de uno de los suyos, pero sobre todo, por el amor que nos tiene, quiere quedarse para siempre. No nos quiere dejar solos y por eso en cada gesto de amor, de humildad, de sencillez, de abandono de la propia grandeza, Él existe. Y por eso también cada vez que partimos el Pan en memoria suya él existe. Jesús en el Pan y en vino, en la Eucaristía se ha quedado para siempre y se ha hecho alimento para ser comido y así fundirnos en su misma divinidad.

Saludos a cada uno de mis hermanos sacerdotes en este día y que Dios nos permita seguir caminando en amor, en entrega y en fidelidad en el Reino.

P. Jaime Palacio.