CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS DE JESÚS Y MARÍA HOMILÍA PARA El 24 DE DICIEMBRE MISA DE MEDIANOCHE Isaías 9,1-3,5-6; Salmo 95; Tito 2,11-14, Lucas 2,1-14 “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”, fue el cántico angelical que se escuchó en […]
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martes, diciembre 18, 2018

HOMILÍA PARA EL 24 DE DICIEMBRE DE 2016 MISA DE MEDIANOCHE

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA El 24 DE DICIEMBRE
MISA DE MEDIANOCHE
Isaías 9,1-3,5-6; Salmo 95; Tito 2,11-14, Lucas 2,1-14

“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”, fue el cántico angelical que se escuchó en el momento del nacimiento de nuestro Salvador, un cántico alegre, un himno a la vida nueva, una poesía de luz para un mundo sumido en la oscuridad.
La Luz para el mundo es Jesucristo, la luz para la humanidad entera es Jesucristo; sin su presencia, sin su Palabra de vida, el universo sería un caos y nuestra vida no tendría sentido, pues de Dios salimos y a él hemos de volver; por esto el profeta Isaías al comienzo de la primera lectura de hoy dice: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló, la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro los quebró el Hijo que ha venido de los cielos”.

La profecía citada anteriormente, es para el mundo de hoy cumplimiento y a la vez utopía; cumplimiento en tanto en cuanto muchas personas de buena voluntad han abierto su corazón para la recepción del Milagro más grande de Dios revelado a la humanidad: Jesucristo, un Jesucristo que ha cambiado sus estructuras más recónditas de vida y personalidad, un Jesucristo que ha implantado en el corazón y en la mente de estas personas la luz y no las sombras, ya no la vara que oprime, sino el suave cayado del amor, no el yugo que esclaviza, sino la cruz que libera; no el dedo que juzga, sino la mano que levanta, en este sentido la profecía se ha cumplido; sin embargo, la profecía sigue siendo utopía mientras muchos hombres y mujeres sigan desconociendo a aquel que libera, ama, perdona y enaltece. Sigue siendo utopía mientras muchos confiando en sus propias fuerzas al margen de aquel que es la Vida, sigan instaurando en el mundo las tinieblas de la deshumanización, formas diversas de opresión, yugos imposibles de llevar y guerras sin término futuro.

Con el nacimiento del Hijo de Dios, cumplimiento de la profecía de Isaías se establece en el mundo entero un hálito de esperanza, y más cuando hacemos caso a las palabras del ángel presentes en el evangelio de hoy según San Lucas: “ No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”; la ciudad de David donde ha nacido el Salvador, es nuestra vida, nuestra familia, nuestra Comunidad, nuestra Patria que aunque ensangrentada, respira aún el aroma de la vida, porque el Emmanuel se ha hecho presente en la existencia de cada uno de los creyentes. El Nacimiento del Mesías, para todos nosotros debe ser causa de alegría, pues hoy ha nacido la vida en medio del imperio de la muerte, muerte que es sinónimo de secuestro, extorsión, violencia, corrupción, injusticia social, maldad, deshumanización, extremada pobreza, ignorancia y exclusión; sin embargo, en medio de éste panorama tan oscuro, nadie se debe sentir excluido del gozo del recién nacido, pues Él nace para todos, aunque no todos lo aceptemos.

El Hijo de Dios no nace en las nubes, ni en el cielo, nace en el mundo de la vida, en la historia de cada hombre y de cada mujer, nace en los diversos hechos y acontecimientos cotidianos que revelan la bondad de Dios y las obras de sus manos.

Que nuestra Madre del cielo, que llevó en su vientre al Salvador del mundo, nos de la fuerza necesaria para no rechazar la luz del mundo, la esperanza de los pueblos, al Dios encarnado en Jesucristo.

Felices pascuas de navidad,

P. Ernesto León D. o.cc.ss