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martes, diciembre 07, 2021

HOMILÍA NOVIEMBRE 28 DE 2021

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA NOVIEMBRE 28 DE 2021 - I DOMINGO DE ADVIENTO
Jeremías 33, 14-16; Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14; 1Tesalonicenses 3, 12-4, 2;Lucas 21, 25-28. 34-36

A propósito del tiempo de Adviento que vamos a comenzar, tres ideas nacidas de la Palabra son importantes.

DIOS SERENA EL CORAZÓN HUMANO

En primer lugar, encontramos en el Capítulo 33 de Jeremías la expresión: “...Y en Jerusalén vivirán tranquilos…”, estado producido de acuerdo con el profeta por el enviado de Dios entendido como el “vástago de David”, quien da serenidad y tranquilidad al corazón humano.

Pues bien, en nuestra vida cristiana es bueno preguntarnos quién o qué le da tranquilidad y seguridad a nuestra alma o a nuestro interior y la respuesta fundamental entre otras simples ha de ser, la presencia de Dios en nosotros o lo que es lo mismo, la presencia de Jesús vivo en nuestra vida; sin desconocer del todo algunos resquicios en el corazón en donde se esconden complacencias, seguridades y tranquilidades pasajeras que alegran la vida instantáneamente y que se esfuman como los sueños.

Jesús, el vástago de David a diferencia de lo pasajero, alegra el corazón permanentemente, pues Él es la justicia, la paz y la serenidad. Con base en lo mencionado, que nuestro corazón se muestre expectante durante esta semana de Adviento a la espera de la Buena Palabra anunciada por Jeremías al mundo y que sea el compromiso de todos configurarnos como buena noticia para los demás.

DIOS CAMINA CON NOSOTROS EN ESPERANZA

En segundo lugar, comenzar el camino de Adviento implica para todo creyente no hacerlo sólo, sino en la compañía de Dios, quien prepara nuestras entrañas para recibir a su Hijo Divino; por esta razón y con absoluta confianza unamos nuestra voz a la del salmista para implorar al Padre de manera muy personal: “Señor enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas” (Sal 24), lo cual sugiere esencialmente pedir la luz de Dios para nuestros pasos en pos de la estrella que nos conduce hasta Jesús Niño en el misterio de su Divina Infancia, pues sin lugar a dudas sin el auxilio y la guía del Señor, nuestra vida se extravía, se pierde, se desubica y así desenfocada camina hacia la ruina, sea esta la oportunidad para caminar atentos por las sendas de Dios hacia la cuna de Belén, la cuna del amor.

VIVIR LA CARIDAD ES PREPARARSE HACIA LA PASCUA DEL RECIÉN NACIDO

En tercera instancia, encontramos en 1Tes 3 un deseo ferviente del apóstol, en último término pudiéramos decir que se trata del deseo de Dios: el amor: “Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos”, esta expresión ha de generar en nosotros un remesón, una crisis fuerte porque nos pone de frente a la caridad, virtud oblativa sin la cual ningún hijo de Dios podría llamarse como tal, remesón en la medida en que no podemos caminar de cualquier manera en este Adviento hacia la pascua del Recién Nacido, necesitamos abajar montes y colinas teóricos que nos dividen para producir encuentros con los otros y con Dios.

Abajar montes y colinas de prejuicios para no contemplar “signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje; hombres sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán” (Lc 21,25).

Estos signos serían la concreción de la cultura del descarte y la indiferencia humana, semejante al eclipse del sol, parecido a la angustia causada por el egoísmo, sería el rompimiento de la fraternidad y el ascenso de ensimismamiento inerte; escenario ante el cual hemos de dar una lucha ferviente en aras del cumplimiento de la plegaria de Jesús a su Padre: “Que todos sean uno, como Tu y Yo somos uno” (Jn 17,20), este sería el mejor fruto del Adviento.

LA MUJER DE LA DULCE ESPERA NOS TOMA DE LA MANO HACIA SU HIJO

Que nuestro Buen Padre nos haga caminar en serenidad hacia el encuentro con su Hijo y que motivados por estas líneas empecemos el tiempo de Adviento seguros de caminar en la compañía del Señor que nos invita al AMOR para encontrarnos con el AMOR hecho Niño; que nuestra Madre del cielo, la mujer de la dulce espera disponga nuestra vida para ser al final de esta preparación eclesial sagrarios de Dios como ella y que el Venerable Padre Matovelle nos incite a cantar desde ya con su himno al Emanuel: “Imán celeste de mi cariño, Divino Niño mi eterno bien; por mí, del trono bajas sobre esas pajas, Dios de Belén”.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

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