PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 28 DE 2016. Esta vida tan efímera y tan eterna… Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de salud y de paz. Pido a […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 28 DE 2016.

PARA EL FIN DE SEMANA: JULIO 28 DE 2016.

Esta vida tan efímera y tan eterna…
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de salud y de paz. Pido a Dios para que en este fin de semana demos a los demás lo mejor de nosotros. Que sean días que queden para siempre en los corazones de las personas con las que compartiremos.

Leyendo el texto del Evangelio con el que nos encontraremos el próximo domingo (Mt. 14, 1- 12) No nos cae nada mal recordar que la vida es efímera, que no está asegurada ni siquiera por el dinero, ni los años ni la salud. Cada día, para nosotros, se convierte en un milagro que debemos vivir con gratitud y también con expectativa.

Estar atentos y vigilantes; preparados para morir en cualquier momento; ligeros de equipaje y sobre todo, dando lo mejor para quedarnos en el recuerdo del amor y de la esperanza de los seres queridos. La vida es una y como tal hay que gastarla hasta el final, ese final que llena de misterio y da sentido cada hora que va pasando. Ese final que en el creyente marca el inicio de la eternidad y por el cual deberíamos dar sentido a las cosas que hacemos.

Siendo así la vida, tan efímera y tan eterna, debemos aprender que el acumular para sí mismo no tiene sentido; hay que pensar también en los demás; cada día tiene aire de muerte, de última vez y por lo tanto de oportunidad. En este vivir el día a día, desprendidos y alegres, sencillos y generosos, tiernos y amorosos, cada abrazo se convierte en algo novedoso por ser el último y cada beso sabe diferente al ser el último, el de la despedida.

Vivimos para el cielo, somos eternidad; hemos venido para dar lo mejor de cada uno, para amar y quedarnos en el amor de los demás. Somos en relación, en comunicación y caer en cuenta de eso y de todas las cosas que podemos dar es ya comenzar a atesorar para el cielo.

Jesús nos aconseja evitar toda clase de avaricia. Muchos viven en una batalla infatigable por tener, por poseer, sin importar a los que tengan que llevarse por delante para saciar su hambre de poquedad; muchos solo buscan poder y riquezas, para ver si teniendo logran ser algo, pero ni por esto tendrán más días para añadirle a sus años. ¿Qué queda después de tanto esfuerzo y de tanta lucha, de tantos años de haber vivido para sí y haberle negado la oportunidad a los otros de tener algo, del motivo de luchas y de ambiciones? La muerte a todos nos llegará pero la vida eterna quién sabe si la merecemos o no.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd