PARA EL FIN DE SEMANA: AGOSTO 11 DE 2016. La pasión por Dios se hace fuego que transforma el ser.Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo con los mejores deseos de salud y de paz. Bendiciones […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: AGOSTO 11 DE 2016.

PARA EL FIN DE SEMANA: AGOSTO 11 DE 2016.

La pasión por Dios se hace fuego que transforma el ser.Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, mi saludo con los mejores deseos de salud y de paz. Bendiciones para el fin de semana que se aproxima, que todos podamos dar lo mejor y así seguir forjando un mundo de paz y de amor.

El Evangelio del próximo domingo nos habla del fuego que Jesús ha venido a traer (Lc. 12, 49-53). El fuego que arde en el corazón de Jesús, en sus Palabras, en sus acciones, expresa la pasión de este hombre por Dios. Él ha traído el fuego y está deseoso que comience a arder, que el ser humano se decida de una vez por todas por Dios y que tomemos las decisiones para la vida, una vida en paz y en fidelidad, así nos duela o perdamos esas amistades que tanto nos atan, nos quitan felicidad.

Es el Señor quien en el corazón de Jesús no admite otra cosa que el amor. Dios es fuego abrasador, la vida como el oro tiene que ser acrisolada por el amor, tiene que ser purificada en Dios. El amor con el que Dios ama arde; es un amor que consume, que genera situaciones conflictivas en quienes escuchan al vocero del amor, a Jesús y lo van conociendo. Es Dios mismo en Dios, en el Dios que camina con nosotros, incomodando a los demás, rompiendo los esquemas religiosos que arrinconaban y quitaban toda posibilidad de experimentar el amor y la cercanía del Señor; es Dios mismo que quiere lo mejor para cada uno. Y por eso sale y predica, por eso invita a la conversión.

Una vez nos decidimos por Jesús nuestra misión será que el fuego no se apague, que esa pasión y ese celo por el Señor, no se extingan. Los valores del Evangelio tienen que calar tan hondo, llegar hasta lo más íntimo de cada uno, para que no se pierdan en la primera crisis o para que no se destruyan con la primera tentación. Muchos dirán cosas que no son, muchos nos desanimarán diciendo que no vale la pena tanto esfuerzo y sacrificio en el amar. Otros te dejarán, vendrá la división, pero está claro que ni el fuego del amor de Dios puede apagarse en ti, como tampoco puede acabarse una vida conforme a la experiencia de Jesús.

El fuego que trae Jesús transforma el corazón, hace la vida más amable y sobre todo más llena “del otro”, una transformación lenta pero segura; el Reino ha empezado a arder y quema a más de uno que está acostumbrado a la comodidad del propio parecer, a la indiferencia frente al dolor y a vivir con un dios al que si le cumplen las normas y las leyes está tranquilo. El Fuego de Jesús quema por dentro, transforma la vida y el pensamiento. Un fuego que arde en los corazones de los que hemos recibido el Espíritu Santo y que tenemos la obligación de salir y quemar y declararle la guerra a lo injusto y cruel de la vida, a todo aquello que no es amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.