PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 7 DE 2016. Un amor que congrega, que envía. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que tanto […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 7 DE 2016.

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 7 DE 2016.

Un amor que congrega, que envía.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que tanto nos ama y que en su amor nos invita a seguirlo y así continuar, desde nosotros, cuidando el rebaño que Él tanto ama.

Después que los discípulos pudieron ver al Señor y recibieron el Espíritu; después de haber ganado en paz y en alegría; después de la certeza en la fe que la resurrección les dio, ellos volvieron a sus lugares, a la rutina de la vida, al trabajo y sus familias. En este texto se nota que Simón Pedro conserva el liderato del grupo, están juntos y los discípulos le siguen; es un día ordinario, un día de pesca. Y ese lago, y estos hombres me recuerdan la escena cuando Jesús, al comenzar la vida pública, pasó por allí y llamó a algunos pescadores y a Simón le dijo que sería pescador de hombres. Me siento en los inicios de la vida de Iglesia, me siento en la presencia del resucitado que anima, conforta y pone retos a la comunidad.

Jesús se hace presente al amanecer, una noche larga en la que las esperanzas se fueron con el sol; Jesús, como aquella voz que nos dice inténtalo, no todo está perdido, prueba por otro lado, ánimo… les dice “echen la red a la derecha” la certeza la tiene Jesús y los discípulos obedecieron. Al suceder el milagro y al ser una pesca milagrosa los discípulos descubren que es Jesús y en Él de nuevo el pan que se bendice y el pescado que se reparte; la comunidad se hace familia y con el pasar de los día se va tomando conciencia de la necesidad de volver al anuncio y de trabajar por el Reino. Jesús en cada aparición les muestra que no están solos, que Él los acompañará y que hará grandes obras a través de cada uno para que el anuncio sea acompañado con obras que liberan y sanan a los demás.

La necesidad de pastores del rebaño sigue latente; la necesidad de pastores compasivos y de obreros para la mies es urgente. Y Jesús viene y busca a sus ovejas dispersas por el miedo y las congrega para enviarlas pero se necesita el amor a Él. Alguien que quiere al Señor, alguien que le ama, evidentemente trabajará por sus ovejas, por su rebaño, cuidará y apacentará a cada persona que hace parte de la obra iniciada por Jesús.

La certeza del amor es ahora la que convoca de nuevo, la que hace posible el seguimiento; seguir a Jesús es ahora un acto de amor porque solo quien ama se mantendrá fiel a la persona y al proyecto y será capaz de llegar incluso hasta la cruz. El amor a Jesús moverá nuestras acciones, el bien y las palabras que dirijamos a los demás.

Los invito a responder una y otra vez, sobre todo en momentos difíciles, la pregunta de Jesús a Pedro: ¿me amas? Saber que le amamos, sentir que le amamos, entender que nuestro amor hará posible el cuidado al rebaño, es importante para Dios porque así desde nosotros mismos seguirá construyendo el reino que es de amor y de justicia, de respeto a la dignidad de los demás. Salgamos a predicar el reino, la buena noticia pero sobre todo hagámoslo con la certeza de dar un amor que nos llena, que nos salva y que nos congrega.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 7 DE 2016.

Santa Sede