PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 28 DE 2016 El Amante y el Amado habitan en mismo lugar: el corazón. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de paz y […]
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viernes, julio 03, 2020

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 28 DE 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 28 DE 2016

El Amante y el Amado habitan en mismo lugar: el corazón.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo cordial que lleva los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que tanto nos ama.

Que este fin de semana que se acerca nosotros lo vivamos desde la experiencia del amor con el que amamos a Dios y también desde la paz que Jesús nos dejó y que nos evita dejar que el corazón y la mente se nos llenen de miedos o de cobardía. Un fin de semana en el que nos amemos y nos alegremos en el don del amor cada uno es para los demás.

Amar tiene qué ver con escuchar al amado. Amar también tiene que ver mucho con complacer. El que ama escucha la voz del amado, lo reconoce en cualquier sitio y circunstancia. El que ama siempre tiene un lugar para el Amado; lo que se ama se guarda en el corazón, Dios quiere estar para siempre en el corazón de cada uno. Quiere ser amado para poder, desde cada uno, amar.

Dios nos ama y en Jesús nos sigue amando por siempre.

¿Amamos realmente a Jesús?, ¿Quién habita en nuestro corazón? Cada uno miremos si realmente escuchamos a Jesús, hasta qué punto las palabras de Jesús nos tocan la vida y si estamos abiertos o no a ser morada de Dios entre los demás.

Quien dice estar enamorado de Jesús, quien le ama, lo muestra en su vida. El que se enamora de Dios entiende que en la vida se debe expresar lo que se vive, lo que se lleva por dentro, lo que se ama. Una persona realmente enamorada de Dios nunca lo negará ni en palabras ni en obras porque sabe que Dios mismo es la razón de ser no solo de su amor sino también de su esperanza. La persona enamorada vive a Dios en la intimidad, se goza de su presencia y gasta esta vida humana plenamente para quedarse solo con la divina. Pierde su vida para ganarla. El que ama a Jesús cumple sus mandatos: se ama a sí mismo y ama a su prójimo.

Dios ama a su Hijo, todo se lo ha entregado para que le de vida, para que lo regrese a la vida, para que lo salve. Todo es del Hijo, todo fue hecho por ÉL para Él. En Él todo existe. En el Hijo también nos sentimos hijos del Padre. El que ama a Jesús es amado por Dios, es agradable al Padre y entiende que cuando se es habitado por Dios, cuando a Dios regresamos por el amor de Jesús entonces hay entregarse sin medida, Hay que luchar por las propias verdades que sabe son eternas y ama, porque naturalmente el amor que lo habita, se expresa en el amor a los demás.

Jesús ha cumplido su misión y los discípulos lo saben. Ahora es a nosotros los que nos corresponde cumplir la misión que Jesús nos ha encargado. La cumpliremos desde Él, con su fuerza y su poder y en paz, esa paz que no pasa nunca.

Amemos a Jesús, dejémonos amar del Padre y llenémonos de paz para ser fuertes hasta el final. Amar es darse para llenarse de Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 28 DE 2016.

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