PARA ESTA SEMANA: AGOSTO 8 DE 2016. Dios es el tesoro que está en lo más íntimo del ser humano. Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y del Carmelo de Quito. Mi saludo y mis mejores deseos para la semana que comenzamos. Una semana para dar lo […]
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lunes, septiembre 28, 2020

PARA ESTA SEMANA: AGOSTO 8 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: AGOSTO 8 DE 2016.

Dios es el tesoro que está en lo más íntimo del ser humano.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y del Carmelo de Quito. Mi saludo y mis mejores deseos para la semana que comenzamos. Una semana para dar lo mejor, para estar listos, preparados, para darle la cara al Señor cuando Él quiera. Una semana amando, dando lo mejor.

En el Evangelio con el que nos encontraremos este domingo (Lc. 12, 32-48) Jesús nos dice que donde está el tesoro está el corazón. Y es que el que sabe de tesoros deja lo que sea, vende todo, por comprar el lugar en el que se encuentra el tesoro para quedarse con el mismo. El que sabe de tesoros entiende que al vender lo que tiene deja lo poco para tenerlo todo. Un tesoro es también un amigo y encontrarlo no es fácil. El tesoro es aquello que nos puede sacar de la miseria, de la pobreza, del encierro; el que nos da seguridad y el que puede también y tantas veces, ser el motivo de la tristeza, de la discordia, de la envidia. Hay tesoros de tesoros. Hay personas que son un tesoro y tesoros que destruyen las personas. Personas que te escuchan, que actúan con bondad y misericordia contigo son un tesoro. Los que están en las buenas y en las malas, los que están a tu lado y se alegran contigo o lloran con tus tristezas son un tesoro. Lo que te cambia la vida, lo que hace que mires diferente, lo que llena tu corazón de paz y de alegría es también un tesoro, como lo es el Reino, el Evangelio.

Dios es un tesoro para quien se deja encontrar, para quien es capaz de vender, de dejarlo todo; un tesoro para quien quiera volver a encontrarse con la propia riqueza y dejar de lado lo miserable, lo que lo empobrece, lo que le quita la paz. Dios es el tesoro que está en lo más íntimo del ser humano y que pide renuncia, perder la vida para ganarla, solidaridad, dejar de lado lo que ata y no permite caminar, lo que encasilla y empobrece el alma.

Dios es el tesoro, el corazón es el terreno y hay que adentrarse. Claro que esta necesidad de dejarse encontrar, de caminar hacia lo eterno, de buscar la razón de ser de haber sido creados, es una lástima que se dé solo porque tenemos vacío de mundo, saciedad de cosas, hambre de Dios, sentimientos cansados y encontrados de lo que no es amor.

Dios es un tesoro que no admite corazones divididos. El corazón es el centro de operaciones desde el cual el ser humano, una vez centrado, es capaz de generar paz, vida, amor. El corazón es la fuente, el origen el manantial. Por eso hay que cuidar en dónde ponemos el corazón, a quién se lo entregamos porque le estamos dando lo mejor, lo más grande y sublime que tenemos, pensar siempre en dónde vamos a poner a Dios que habita el corazón. La idea es que el único tesoro sea Dios y desde Él amamos con su amor a las personas.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd