Viernes, diciembre 09, 2016

REFLEXIÓN PARA EL 4 DE OCTUBRE

REFLEXIÓN PARA EL 4 DE OCTUBRE

Dios en su infinita sabiduría, nada estableció en el hombre de modo absoluto, sino que todo lo sujetó a la imperiosa ley del trabajo; de tal suerte, que las más sublimes dotes de inteligencia y de cuerpo, son susceptibles de perfeccionamiento, y morirán en germen, si una continua labor no viniera a darles el desarrollo conveniente.
P. Julio María Matovelle (Fundador de Misioneros Oblatos)

PROVERBIOS
Capítulo 2

 1     Hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos,
2     prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia;
3     si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia;
4     si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas,
5     entonces entenderás el temor de Yahveh y la ciencia de Dios encontrarás.
6     Porque Yahveh es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia.

7     Reserva el éxito para los rectos, es escudo para quienes proceden con entereza,
8     vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos.
9     Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del bien.

10     Cuando entre la sabiduría en tu corazón y la ciencia sea dulce para tu alma,
11     velará sobre ti la reflexión y la prudencia te guardará,
12     apartándote del mal camino, del hombre que propone planes perversos,
13     de los que abandonan el recto sendero para ir por caminos tenebrosos,
14     de los que se gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad,
15     cuyos senderos son tortuosos y sus sendas llenas de revueltas.

16     Ella te apartará de la mujer ajena, de la extraña de melosas palabras,
17     que ha dejado al amigo de su juventud y ha olvidado la alianza de su Dios;
18     su casa está inclinada hacia la muerte, hacia las sombras sus tortuosos senderos.
19     Nadie que entre por ella volverá, no alcanzará las sendas de la vida.
20     Por eso has de ir por el camino de los buenos, seguirás las sendas de los justos.
21     Porque los rectos habitarán la tierra y los íntegros se mantendrán en ella;
22     pero los malos serán cercenados de la tierra, se arrancará de ella a los desleales.

Capítulo 3

 1     Hijo mío, no olvides mi lección, en tu corazón guarda mis mandatos,
2     pues largos días y años de vida y bienestar te añadirán.

3     La piedad y la lealtad no te abandonen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón.
4     Así hallarás favor y buena acogida a los ojos de Dios y de los hombres.

5     Confía en Yahveh de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia;
6     reconócele en todos tus caminos y él enderezará tus sendas.

7     No seas sabio a tus propios ojos, teme a Yahveh y apártate del mal:
8     medicina será para tu carne y refrigerio para tus huesos.

9     Honra a Yahveh con tus riquezas, con las primicias de todas tus ganancias:
10     tus trojes se llenarán de grano y rebosará de mosto tu lagar.

11     No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión,
12     porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido.

13     Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia;
14     más vale su ganancia que la ganancia de plata, su renta es mayor que la del oro.
15     Más preciosa es que las perlas, nada de lo que amas se le iguala.
16     Largos días a su derecha, y a su izquierda riqueza y gloria.

17     Sus caminos son caminos de dulzura y todas sus sendas de bienestar.
18     Es árbol de vida para los que a ella están asidos, felices son los que la abrazan.
19     Con la Sabiduría fundó Yahveh la tierra, consolidó los cielos con inteligencia;
20     con su ciencia se abrieron los océanos y las nubes destilan el rocío.

21     Hijo mío, guarda la prudencia y la reflexión, no se aparten nunca de tus ojos:
22     serán vida para tu alma y adorno para tu cuello.
23     Así irás tranquilo por tu camino y no tropezará tu pie.
24     No tendrás miedo al acostarte, una vez acostado, será dulce tu sueño.

25     No temerás el espanto repentino, ni cuando llegue la tormenta de los malos,
26     porque Yahveh será tu tranquilidad y guardará tu pie de caer en el cepo.
27     No niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo.
28     No digas a tu prójimo: «Vete y vuelve, mañana te daré», si tienes algo en tu poder.
29     No trames mal contra tu prójimo cuando se sienta confiado junto a ti.
30     No te querelles contra nadie sin motivo, si no te ha hecho ningún mal.

REFLEXIÓN PARA EL 4 DE OCTUBRE