Viernes, diciembre 09, 2016

PARA ESTA SEMANA: OCTUBRE 28 DE 2013.

Concédenos amar lo que nos mandas

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Los abrazo y le deseo en cada abrazo lo mejor para la semana que comenzamos. Una semana en la que los invito a vivir con humildad y sencillez en la presencia del Amado (Dios) que siempre está dispuesto a bendecir nuestros espacios y momentos de encuentro con Él.

La oración, que facilita el encuentro con Dios, en cuanto que nos disponemos de corazón para estarnos con Él, también está asociada a momentos de intimidad, silencio, encuentro, soledad. En la oración nos encontramos los dos: Él se hace de nuevo “palabra” en nuestro silencio, fuerza en nuestra debilidad, presencia en nuestra soledad, consuelo en la tristeza, amor en la entrega y nosotros nos hacemos palabra que habla de la humanidad, que súplica por la necesidad, que da gracias en la alegría y que pide bendiciones para ser cada día los seres humanos capaces de transformar el mundo desde la experiencia de intimidad con el Amado, con Dios.

Dios nos conoce y este presentarse en la oración, se convierte en el momento en el que dos enamorados se juntan para darse fuerza, para saber que siempre están juntos y que en el pasar de las horas la presencia del Amado será palpable y real en lo que se hace, en cada acontecimiento.

El que nos ama nos conoce y acepta tal y como somos. Nosotros somos conscientes que debemos trabajar por no defraudar el amor y que la mejor manera de hacerlo es enamorarnos cada vez más y más. Somos invitados a crecer, a identificarnos de corazón y de pensamiento con Él.

Cuando estamos realmente enamorados el Amado (Dios), pasa a ser el protagonista, el motor, el eje, de nuestros actos, por eso es tan importante presentarnos, orar, silenciarnos. Ponernos en su presencia, abandonarnos confiadamente en un amor que todo lo ama.

La oración, el encuentro de amistad y de amor, es posible gracias al Espíritu Santo que Dios mismo nos ha regalado como vínculo de unidad entre lo eterno y lo efímero, entre lo santo y lo profano, entre lo celeste y lo terrestre. Entre lo humano y lo divino. Orar es posible porque la eternidad la llevamos dentro de cada uno. Regalo y primicia del Espíritu de Jesús.

A Dios no le llevamos nuestros méritos ni vamos a dónde Él para exigir la contraparte, el pago por ser “buenos”. A Dios le amamos porque hemos querido amarlo; porque el amor existe en nosotros de manera esencial. Amar a Dios tiene la forma de su mismo amor. El amor de Dios hacia nosotros es compromiso de salvación. El nuestro es compromiso de generosidad y de bondad para con los demás.

Cuando vayamos donde Dios, cuando vayamos a orar. No llevemos los méritos, los favores que hemos hecho. No vayamos a Dios con exigencias, esperando recompensas por el bien que, independientemente, estamos llamados a hacer. Vayamos suplicantes, pero con la certeza de estar dialogando con el Padre, el amigo, con quien nos ama y nos conoce en nuestras intenciones. Dios sabe el para qué de las cosas.

Que cada oración sea el momento en el que desde el amor Dios a cada uno justifique y renueve para ser cada día más y más humanos y templos del Espíritu.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd