Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA ESTA SEMANA: OCTUBRE 12 DE 2015.

Este proyecto de vida no es para ser buenos, es porque somos buenos.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Una semana colmada de bendiciones y con el deseo que el amor a Dios se traduzca realmente en compromiso con el prójimo. Dejarlo todo, de manera especial lo que nos impide una vida solidaria y en libertad, sea el reto que día a día vayamos superando.

Inspirando en el texto de Mc. 10, 17-30 y entendiendo de manera muy personal lo que sucede entre el joven rico y Jesús puedo concluir que cuando ser bueno se convierte en un compromiso personal, en un reto, pero que excluye a los demás; cuando el amor carece de expresiones, cuando está lleno de palabras pero no tiene rostro, no se concreta en actitudes hacia los demás; cuando no hacer o no pecar es regla de vida y por no equivocarnos dejamos de hacer las cosas; cuando el dinero, las riquezas se convierten en el referente de la seguridad para la vida que es y que viene; cuando queremos ser buenos y heredar o conseguir la vida eterna, pero no concretamos en obras ese deseo de vivir, de ser y de estar con Dios siempre será más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico, uno que se busca así mismo, uno que es bueno al margen de los demás, entre al Reino de los cielos.

Es que en la vida: Dios, Jesús y su Espíritu tienen qué ver los con los demás, con el prójimo, con el mundo. Con esta manera de ser, de vivir; este Reino del que habla Jesús tiene que ver con los pobres, con los humildes, con los sencillos, con los enfermos, con los abandonados, con los encarcelados, con los endemoniados, con los pecadores: contigo y conmigo. Hay que dejarlo todo; hay que abandonarse; hay que cambiar de mente y de corazón; hay que nacer de nuevo. Este proyecto no es para ser buenos: es porque somos buenos; llamados a ser perfectos como el Padre celestial es perfecto.

No podemos seguir pensando que Dios está al margen de una situación de pobreza o de sufrimiento. Ha sido el dolor del ser humano, el desamor entre nosotros y sus expresiones concretas en la envida, en la discordia en los odios, lo que ha hecho que el amor de Dios se haga carne, camine con nosotros y anuncie un proyecto de vida fundado en la misericordia, en el amor. Dios es solidario y todos los que queremos encontrar la vida eterna debemos descubrirnos como personas capaces de dar y darnos del todo. Por eso decirle sí a Jesús es decirle sí a los demás con todo lo que esto puede implicar de perdida que se hace ganancia y de muerte que se hace vida.

Como nos lo dice la oración colecta de este domingo 28 del tiempo Ordinario, que la gracia de Dios nos preceda y acompañe siempre y así estemos dispuestos a obrar el bien que no es otra cosa que sentir al otro como propio, amarlo como así mismo.

Cuando amas de corazón la generosidad, la dulzura, la misericordia es algo espontáneo. Quien ama deja todo, hasta sí mismo por seguir, por ayudar. Jesús mismo se despojó, siendo Dios se abajó para asumir en todo, menos en el pecado, la condición humana. Se hizo uno de nosotros y desde ahí nos invitó también a ponernos en el lugar del otro, de su condición.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd