Martes, diciembre 06, 2016

PARA ESTA SEMANA: OCTUBRE 12 DE 2014.

“Señor que estemos dispuestos a obrar constantemente el bien”

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo.

Dios que nos dispone para el banquete de su amor, nos anime y haga capaces de vivir en fidelidad el amor y que lleve a plenitud cada uno de los proyectos de bien que tenemos para esta semana.

En la oración colecta de este domingo 28 del tiempo ordinario le pedimos juntos al Señor que su gracia nos preceda y acompañe siempre de manera que estemos dispuestos a obrar constantemente el bien.

Vivir en la gracia de Dios es sentirse dignificado, engrandecido, señor de la creación. La gracia de Dios da señorío a la vida, fortaleza en la debilidad, brinda alegría en la tristeza. Y es que la gracia de Dios es su amor derramado, entregado y manifestado no solo en su Hijo sino también en el don del Espíritu Santo.

Por esto es que nosotros debemos procurar vivir en gracia; en la gracia, no perderla. La gracia es un regalo de Dios para que la vida sea mirada desde Él. La gracia te hace sentir bello porque da dominio de sí y porque además en el mundo es capaz de transformar, desde nosotros, cualquier realidad, por difícil que parezca, en amor. La gracia dispone al ser humano para la entrega, para el servicio, para el bien. Es la gracia la que va disponiendo para la santidad, de hecho la santidad es reflejo y manifestación de una vida llena de gracia.

Recordemos que Dios encontró a María llena de gracia. Llena de amor, llena de Él.

El Señor cuando eligió a María la encontró hermosa; llena, plena, viviendo la vida en la cotidianidad y asumiendo la labor de cada momento. La encuentra en su casa dispuesta para el Sí que Dios necesitaba para cambiar la historia de la humanidad.

Vivir en la gracia de Dios y llenar todos los espacios y ambientes de esa misma gracia debe ser también una tarea de cada día. Ese regalo tan grande de Dios, esa forma que Él tiene de enriquecernos, es como el vestido que nos regala y que nos identifica de cara al banquete preparado para su Hijo y al cual todos estamos siendo invitados.

La gracia nos hace dignos porque nos hace parte fundamental y consciente de ser y de vivir en Dios, por eso cuando tenemos el vestido o todos cuantos fuimos revestidos en Cristo y hechos creaturas nuevas por el amor, debemos procurar en todo ser consecuentes, coherentes, apóstoles y misioneros. No es estar por esta en el banquete, en el Reino, en la Iglesia; no es estar de cualquier manera. Todo lo que ha hecho Dios para que cambiemos, para que seamos agradables y dignos no debe olvidarse. El vestido de fiesta se lleva siempre. Estamos atentos y vigilantes para cuando el Señor nos llame. No es una vida de momentos, es una vida de plenitud que se vive y se gasta en cada momento. Todos somos llamados, no te quedes sin ser elegido. No hagamos indigno, con nuestras obras, al que nos hace dignos por amor. Ponte el traje de fiesta, el traje de gala; revístete de las virtudes de Cristo que el Señor te ha llenado de gracia. No pierdas la hermosura que de Dios hay en ti.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd