Lunes, diciembre 05, 2016

PARA ESTA SEMANA: MARZO 31 DE 2104

“Abrirse a los demás es una manera de ver”

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Damos gracias a Dios por este mes que llega a su final, por cada cosa buena, por cada persona que encontramos, por cada proyecto del corazón y ponemos en su amor las cosas que resultaron ser negativas, tristes, de pecado, para que Él en su amor nos conceda un mes cargado de amor y bendiciones.

Que el poco tiempo que nos queda de Cuaresma siga siendo una oportunidad para entregarle a Él los anhelos del corazón por ser santos como Él es Santo.

Vamos a disponernos, como lo pedimos en la oración colecta de este IV domingo de Cuaresma, con prontitud, con entrega generosa y con alegre fe para la solemnidad de la Pascua.

Abrirse a los demás es una manera de ver; abrirse a Dios, a su amor y a su actuar es otra manera de ver; cerrarse en caprichos y terquedades es dejar de ver; apropiarse de la fe es dejar de ver. Actuar con malicia y dejarse llevar por los prejuicios, es otra manera de no ver.

Que nuestro ver sea para ver, que nuestro corazón sea para amar y que nuestra fe sea para reconocer a Dios en la creación y de manera especial en los demás. Ver para darse cuenta que hay mucho por hacer, ver para que otros a través de nosotros también vean y se gocen la experiencia fresca del Dios amor.

¡Dios es sorprendente! Dios acontece en nuestras vidas y en nuestra historia, aún en el día, eligiendo y consagrando para sí y para los demás hombres y mujeres para que consagrados y “lote de su heredad” ejerzan su ser de reyes. Eso es lo que hace con cada uno de nosotros en el día del bautismo.

Dios nos sorprende con esa manera de amarnos, de seguir creyendo y por lo tanto esperando de la humanidad. Dios, que tiene una mirada especial sobre cada uno, que no juzga a los demás como lo hacemos nosotros sino que se fija en el corazón sin importar la edad, la belleza o el trabajo que desempeñe, sigue escribiendo la historia y quisiera corregirla haciendo que nosotros cambiemos el corazón tantas veces lleno de insensibilidad, envida, rencores, heridas sin sanar… cambiarlo por uno de carne, mucho más sensible y tierno, un corazón bondadoso:
¡Lindo es saber que Dios que sabe lo que hacemos y lo que somos y de lo que somos capaces nos llama y nos unge!

Los invito para que en esta semana cada uno seamos lo que realmente somos: sacerdotes, reyes y profetas y Dios, que nos ha hecho capaces gracias a su Espíritu, se encargará de sanar nuestras cegueras para que también seamos luz para la humanidad.

Y como nos lo escribió san Pablo: “En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Viva, por lo tanto como hijos de la luz” (Ef. 5,8)

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd