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Lunes, Febrero 27, 2017

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 27 DE 2016.

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 27 DE 2016.

Los seguidores de Jesús.
Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que tanto nos ama. Él nos conceda abundantes bendiciones y podamos vivir con fidelidad nuestra vida de cristianos.

En los Evangelios nos podemos dar cuenta que hay un grupo de seguidores de Jesús que se conoce como “la multitud”, esos muchos de los que Jesús tuvo compasión, a esos que les hablaba en parábolas y que les invitaba a la conversión, a tomarse en serio el seguimiento, a construir la vida sobre la Palabra de Dios que era la que les daba consistencia en los momentos complicados de la vida. Esa multitud de la que algunos se hacen discípulos pero para que Jesús es claro que son tan variables que hoy pueden aclamarte como rey y luego quieren matarte. Su fe, si es que tienen, está llena de contrastes.

Es un grupo cambiante, varía mucho, pero es un grupo grande; es mucha gente del pueblo que se admira por las Palabras pronunciadas con autoridad por Jesús, que ante los milagros se hacen propagadores de las obras de Dios y que en su corazón buscan a Dios y más que a Dios acaban es buscando milagros y las cosas extraordinarias que el Señor puede hacer por ellos. Los seguidores que están en la multitud escuchan la Palabra y la enseñanza pero no por esto se hacen discípulos. La Palabra y el seguir a Jesús como discípulo incómoda a muchos. Es que hay que renunciar, vender, dejar. Seguir a Jesús implica entrar en la dinámica de la sencillez, de la humildad, del servicio. Tal vez por esto no todos son llamados a estar más cerca de Jesús y así vivir otra experiencia de fe; tal vez por esto aunque muchos se crean con la capacidad de ser no lo son y Jesús no los admite entre su grupo cercano. No deja de ser misterioso y encantador el hecho de ser llamados, de ser elegidos.

Para muchos, la gran mayoría de los que están en la multitud, es mejor quedarse en el lugar cómodo, ir a Jesús cada que haya alguna necesidad, o se tengan deseos de Palabra o cuando haya que llevar a alguien que esté enfermo; esto será mucho mejor que comprometerse con Él y seguirlo definitivamente.

Jesús no tiene lugar, no ofrece seguridades; Jesús habla de una vida que se entrega, que se muere por los demás. Una vida que puede ser violentada, asesinada, sepultada, pero una vida que no muere porque es una vida que corresponde a un proyecto que es de Dios. Y por eso se tiene la certeza de la resurrección. Y esto…necesita fuerza, temple, olvido. Necesita compromiso.

Hay que anunciar el Reino, no quedarse estancado en dolores o en lamentos. El Reino necesita de personas capaces que no vivan de nostalgias ni de recuerdos. La vida del creyente, del discípulo, es una vida para gastarla en los demás, en el amor, en la entrega total. Es caminar lentamente hacía “Jerusalén”, hacia el lugar en el que sabemos que seremos rechazados o perseguidos pero no por eso el mensaje, el Reino, el Evangelio se apagarán. Vivamos sin miedos la entrega y hagamos del seguimiento de Jesús una realidad que cambia la vida propia y la de los demás.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd