Viernes, diciembre 02, 2016

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 24 DE 2013.

Jesús la razón de nuestras renuncias

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo con los mejores deseos de paz y bien en el Señor que nos ha establecido en el sólido fundamento de su amor. En el amor de Dios existimos. Por amor, Dios ha hecho posible la entrega de su Hijo y también su presencia permanente entre y en nosotros a través de su Espíritu.

Por amor somos hijos en el Hijo y somos parte fundamental de un proyecto en el que el amor de unos por otros es el fundamento. El amor de Dios es el que dirige nuestro ser hacia la búsqueda del bien. Y ese amor es el que hace que la propuesta de Jesús se haga realidad: tomar la cruz de cada día, perder la vida para ganarla. El amor se vuelve fuerza y seguridad. El amor es confianza.

El proyecto de Dios, desde la encarnación de su Hijo, implica un cambio de horizonte. Ya no es vivir solo para nosotros mismos sino también aprender a vivir para los demás. Ya no es solo amar a los propios sino también a los extraños como nos amamos a nosotros mismos y como nos amó Jesús.

Cuando conocemos el fundamento sobre el que se construye la vida del creyente, el amor de Dios, entonces también entendemos que nada nos hará caer, que nadie nos acabará y que donde hay muerte renace la vida. Que Dios está siempre y en todo lugar. Por eso se nos invita a perder la vida para ganarla.

En este proyecto propuesto por Jesús considero que una de las cosas más difíciles a la que nos invita es a que no nos busquemos a nosotros mismos. Hay que estar siempre abiertos, no permitir que las cosas se nos queden sino que fluyan como riqueza para los demás. Hay que pensar que somos pasajeros, que somos efímeros, que lo importante de hoy mañana no lo será. Por eso a cada cosa le damos su justo valor, a cada cosa le damos la importancia del momento. Este proyecto no es para encerrarnos, no es para que nos ocupemos tanto de nosotros que nos olvidemos de los demás.

El ideal está en que algún día nos enamoremos de tal manera de Jesús que sea él la razón de nuestra vida y esperanza. Sea él la razón de nuestra renuncia y de nuestra entrega. Sea Jesús el que nos habite y enamore de tal manera que nosotros también caminemos con la cruz de cada día asumiendo con responsabilidad la vida; que entreguemos la vida al servicio de los demás y que podamos, siendo Jesús en nosotros, ser para los demás.

Renunciar a nosotros para que todos sean en nosotros vida y plenitud. Tomar la cruz para que todos lleguen a la resurrección.

Vamos a tomar la cruz. Entendamos que la cruz es el signo de la redención y que allí fue crucificada una vida que se entregó, que solo hizo el bien, que amó. La Cruz es el lugar de la muerte y de la vida, de la lágrima y de la sonrisa. Tomar la cruz es ser consciente que todo tiene un precio y que nada se hace sin que desgaste la vida, la persona. Tomar la cruz es saber que llevamos con nosotros el principio de la eternidad.

Nos queda la tarea de aprender a vivir de tal manera en Jesús, en su misterio que lleguemos a sentirnos en plena confianza. Sepamos que estamos en su amor y que ese mismo amor nos protege y acompaña. Que yo me deje dirigir por él ya que en su amor estoy edificado.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd