Sábado, diciembre 10, 2016

PARA ESTA SEMANA: JUNIO 16 DE 2014.

El amor cuando es real no tiene límites, no se guarda nada.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo con los mejores deseos de paz y bien para la semana que comenzamos recordando el amor de Dios trinitario que nos colme de bendiciones.

Pienso que el amor que podemos sentir por los demás, cuando es verdadero, se traduce en obras, se compromete con la existencia de la persona amada de tal manera que es capaz de llegar hasta el fin, de entregar la vida, de mantenerse fuerte y fiel aun en la adversidad y de ser bondadoso y misericordioso aun en el pecado. Y es que el amor todo lo envuelve, penetra de tal manera la existencia que se hace esencial para vivir, para darle sentido a lo que se hace.

Amar es darse, hacerle plena la vida al ser amado, entender sus limitaciones y potenciar su grandeza y posibilidades.
El amor cuando es real no tiene límites, no se guarda nada. No es de orgullos ni de rencores. No es de memorias sino de presentes, de hoy. Del momento. El amante cuando ama de verdad siempre busca la manera de hacerse presente, de quedarse. Se inventa las maneras de estar, de permanecer. Hay signos, escritos, palabras… actos que se quedan para siempre. Por eso el que ama nunca está lejos, no está ausente, porque se queda en el corazón. Todo sabe al ser amado, todo tiene el rastro y la huella del amado.

Tenemos que aprender a alimentar el amor para que sea eterno, para que esté presente en cada circunstancia. El amor requiere detalles, signos, palabras, letras. El amor se debe constatar en cada momento y se vuelve recurso en la soledad, esperanza en la distancia, sonrisa en las lágrimas, presencia en la ausencia. El amor lo es todo para quien amando lo entrega todo y para quien recibe todo del ser amado.

Y así es este amor de Dios... Tan lleno de presencia, de signos. Tan lleno de palabras, de alianzas, de cercanías. Así es este amor de Dios que nos busca, sale a nuestro encuentro; este amor de Dios que se ha entregado de tal manera que ha recreado la forma de hablarnos siempre de Él y ha hecho todo, para quedarse para siempre. Este amor de Dios que se ha hecho creación, belleza, redención, salvación. Este amor de Dios se ha hecho tan humano, tan sublime, tan Eucaristía. Ese amor de Dios que se ha hecho imagen y semejanza. Se ha hecho Hijo, Espíritu Santo, comunidad. Familia.

El amor de Dios que ha hecho de tu corazón y el mío su casa, amor que nos habita, que nos acompaña y que se hace presente cuando su fuerza brota como algo natural de tu interior. Amor de Dios uno, trino. Amor de Dios pleno, sin límites y dispuesto a seguir siendo la alternativa que nos salva y redime.
Amor de Dios sin misterios, dando oportunidades, perdonando, impulsando.

Dios nos ama, nos ha amado. Dios se ha entregado, se ha dado en fidelidad. Dios nos ha acompañado en todos los procesos de la vida y de la historia. Dios sigue esperando de nosotros tan llenos de Él y de su amor. Dios ha sido nuestro compañero presente en el paraíso, en la esclavitud, en el desierto en la tierra prometida. Dios ha sido nuestro compañero en Nazaret, en Galilea, en Jerusalén; ha sido el Dios con nosotros en su Hijo y Dios sigue siendo nuestra fuerza en cualquier lugar donde el ser humano quiere vivir a plenitud el misterio de amor que le es íntimo, propio y presente.

Dios es Trinidad para que tú seas también amor, comunidad, generosidad. Familia

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd