Viernes, diciembre 02, 2016

PARA ESTA SEMANA: JULIO 7 DE 2013.

María puso su confianza en Dios y no en sus propias certezas.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantos lugares del mundo. Los saludo con un abrazo cargado de paz, esa misma paz que nosotros debemos transmitir a los demás, cuando llegamos a la casa, cuando les visitamos. Somos enviados por Jesús para dar la paz, para ser personas sanadoras y liberadoras, para que con nosotros caiga toda opresión, toda injusticia. Se rompan las cadenas que impiden a los demás ser felices. Somos discípulos del Señor y debemos ir delante de él preparando los caminos y anunciando la Buena Nueva. El Reino está presente y se puede gustar ya en la manera que tenemos de vivir.

Déjate contagiar por el Evangelio. Enamórate de Jesús y transforma la vida.

Hoy, 7 de julio, comenzamos la novena a la Madre del Carmelo. La fiesta será el 16 de este mismo mes. Los invito a que nos unamos todos en estos días y procuremos dar testimonio de la fe como hicieron y testimoniaron aquellos hombres y mujeres que Jesús envío. Que como María escuchemos la Palabra, digamos sí a Dios a pesar de las dudas o de los miedos y hagamos e invitemos a hacer “Lo que Él (Jesús) nos diga”

“Para Dios nada hay imposible” por eso con su fuerza y su poder estamos llamados e invitados a salir y anunciar el Reino.

La mies sigue siendo mucha y los obreros pocos. Sigue siendo una necesidad quien anuncie, quien vaya en nombre de Jesús, quien llegue a la casa, quien hable del Nazareno, quien predique al que murió y resucitó y quien lleno de amor cambie el la manera de pensar de muchos.

El mundo tiene hambre de Dios, nosotros mismo necesitamos más de Dios. Que alguien nos enamore de Él, nos lo haga gustar con el testimonio de la propia vida. Que Dios ocupe los lugares que la ambición, el egoísmo, la prepotencia y el orgullo se encargaron de saturar. El mundo está saturado y aún tiene hambre y sed de justicia. El mundo es rico, cada día hay gente más y más poderosa, pero hay hambre de Pan y de vida eterna. Hoy que estamos con todo, nos sentimos solos; hoy que todo es palabra extrañamos el silencio, hoy que todo es derroche los pobres claman.

Hoy, como ayer, estamos llamados, como estuvo María, a llevar en el propio ser, en el cuerpo, a Jesús. Somos canal de encarnación de la presencia de Dios que ama en nuestro amor, que abraza en nuestro abrazo y que habla en nuestro lenguaje. Invitados a amar como él nos amó. A lavar los pies como él a sus discípulos y a reunirnos en su nombre para comer su cuerpo. “Porque cada vez que comemos de su Pan y bebemos de su cáliz anunciamos su muerte hasta que vuelva”

Como María se necesita que vayamos con él a la montaña a casa de la prima y lo presentemos a la familia; que nos estemos con él en Caná, que le acompañemos al templo o a la Sinagoga y oremos con él. Que le escuchemos como cuando la gente le escuchaba y se reunía en las casas o de camino o junto al lago; que vayamos con él hasta la cruz y pasemos en silencio y con valentía los momentos de dolor.

Hoy necesitamos que como María nos alegremos al saber que está vivo y que nos cumple la promesa de no dejarnos solos. Somos hijos también en María. Ella es nuestra madre, ella intercede y nos acompaña en el caminar de la fe.

Los invito a que hagamos la novena de la Madre del Carmelo (una oración, la misa, un propósito de cada día, un sacrificio…) y nos consagremos a ella llevando con dignidad el escapulario sobre nuestro pecho y espalda.

Todos al Carmelo a venerar a María y a aprender de ella que lo que le resultó misterioso e incompresible lo conservarlo en su corazón. Ella había puesto su confianza en Dios y no en sus propias certezas.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd