Domingo, diciembre 04, 2016

PARA ESTA SEMANA: ENERO 6 DE 2014.

Dios tiene rostro, es persona y se nos manifiesta.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Mi saludo que lleva los mejores deseos de paz y bien en el Señor y el deseo inmenso que nos acerquemos a Jesús que ha venido a salvarnos.

En Jesús se nos ha manifestado el amor que el Padre Dios nos tiene. Dios que se hace presente en la vida de cada uno, Dios que ha venido a salvarnos.

Ahora, por la fe, sabemos que el “rostro” de Dios es Jesús. Quien lo ve a él ve al Padre que lo envió. Quien conoce a Jesús y hace experiencia de él, conoce el Padre. Quien acepta a Jesús y cumple sus mandatos tiene en el corazón el misterio del amor trinitario porque el Padre y el Espíritu vendrán y harán su morada en el corazón. Nos habitarán.

Dios tiene Palabra que es de vida y eterna; que se hace carne y camina con nosotros.

El rostro de Dios es Jesús y ahora vemos, por las obras, por las palabras, por la bondad, ternura y misericordia, que Dios es amor, que Dios es vida y es eternidad.

Sabemos ya, porque Jesús nos lo ha revelado, que Dios es Padre compasivo y que estamos llamados a ser como Él. La compasión cambiará el mundo. La compasión hará que no nos cansemos de perdonar, la compasión nunca opacará la bondad del que para nosotros no es bueno, ni la ternura de quien para nosotros es injusto, ni el amor de aquel a quien nosotros no hemos amado o hemos dejado de amar.

Dios tiene “rostro”, es persona y a lo largo del camino y de la historia de la vida se nos sigue presentando humilde, sencillo, despojado de todo. Por eso Jesús se identificó plenamente con rostros como los de los niños, los pobres, los que no tienen pan, ni agua, ni tierra, ni salud, ni libertad. Son dichosos los que saben descubrir en la debilidad y en la pobreza a Dios hecho carne y vida en cada uno. El rostro de Dios eres tú y es tu hermano. Y la grandeza del ser humano, su ser de Rey, de sabio, está en saberse “abajar” y postrar ante los demás.

La Epifanía es la fiesta en la que Dios revela a su Hijo a las naciones, nosotros los hemos conocido por la fe y ahora caminamos al encuentro de la eternidad para contemplarlo en su gloriosa hermosura. Nuestra tarea es darlo a conocer, manifestarlo, contarlo a las personas: “Nos ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor”

Vamos de nuevo como estos “sabios o magos de oriente” a reunirnos en torno a Jesús y al misterio de amor que le acompaña y junto con María y José caminemos en fe obedeciendo la Palabra de Dios.

Volvamos a reconocer que él es nuestra salvación y que en él podemos vivir en paz. “Él tiene palabras de vida eterna”

Vamos a escuchar a Jesús que tanto en la llanura como en la montaña nos hablará del amor y de la importancia que tiene ser pobres y saber esperar de Dios, ser limpios de corazón para ver a Dios, humildes para poseer la tierra, misericordiosos, mansos y trabajadores de la paz.

Que la Epifanía sea para cada uno una fiesta de encuentro con Jesús y que su presencia en la vida refleje también del amor de Dios que se hace carne y habita entre todos.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd