Domingo, diciembre 04, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: SEPTIEMBRE 11 DE 2014

Dios salva en el ser humano lo eterno y lo sublime.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Bendiciones para el fin de semana que comenzaremos y toda la paz y el amor para las personas con las que nos encontraremos.

Seguimos con el tema del perdón. Mateo nos hablará de la necesidad de perdonar todas las veces a quienes nos ofenden y se nos cuestionará acerca de la compasión que usamos con quien nos debe algo o con quien nos ha ofendido (Mt.18, 21-35)

Tener compasión de los demás como alguien la ha tenido de nosotros. Como Dios nos tiene compasión. Dios al perdonar al ser humano, sabe que el ganador es el mundo, que la compasión y el perdón llena de sentido lo que ha creado y espera que el ser humano, lleno de oportunidades en cuanto se sabe amado, sea plenamente justo, bueno y sobre todo feliz. Lo de Dios es la eternidad y la grandeza por eso en el ser humano salvará lo eterno y lo sublime que cada uno es así lo opaque el pecado.

Tener compasión de los demás es aprender a entenderlos desde su propia realidad, desde el propio dolor. Cada uno, como cada pecado, tiene su contexto y su circunstancia. Eso todos los sabemos. Tener compasión es descalzarse y caminar con los zapatos del otro o caminar con la descalces de la otra persona. Es siempre entender que las cosas pueden ser distintas o hacerse de otra manera y que tú, que yo, les vamos a dar las oportunidades que necesitan para que lo hagan. Eso es llenarles la vida de esperanza a los demás. Dar razones para que se entusiasmen encontrando los caminos que pensamos puede ser.

Y da la impresión que el cambio necesita tiempo y por eso el error necesita muchos, todos los perdones. ¿Cuánto tiempo? Lo que el amor pueda dar y el amor se da todo. Si la persona es realmente importante para ti, tendrá todo el tiempo del mundo, si no lo es, las oportunidades serán contadas y quien se llenará de impaciencia, quien acabará perdiendo la paz y la salud serás tú. Perdonar alegra el corazón, da paz al alma y conserva la salud. Además qué triste tener que buscar al final de la vida quien te perdone lo que no fuiste capaz de perdonar.

Hay que ponerse al lado de los débiles, alguien tiene que velar por la persona que ha fallado. Si no existiera el perdón, dónde estaríamos. Si no nos hubieran tratado con bondad y paciencia en esos años difíciles de la adolescencia o de la juventud. ¿Dónde estaríamos? Alguien con amor, con paciencia, con compasión supo esperar y nos dio la mano. Alguien miró más allá del pecado, de la ofensa, de la falta. Alguien que nos miró con amor descubrió un corazón y una persona capaz de ser diferente.

Obviamente hay que amar, obviamente hay que mirar con amor. Obviamente somos nosotros los que tendremos que perdonar siempre, tendremos que seguir amando y tendremos que esperar lo mejor de los demás y de esto… ¿Qué ganamos? Seguramente a la persona, pero también en paz interior y en la certeza que hicimos por los demás lo que teníamos que haber hecho. Ya si la otra persona no cambia, se cierra. Mi corazón está en paz con Dios. Y podremos decir: La decisión fue de esa persona pero aquí, con amor, la esperamos.

El perdón es una realidad divina que nos hace humanos. ¿Qué tal que el perdón no existiera? Creo que ni tú ni yo viviríamos, hubiéramos dejado de existir.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd