Domingo, diciembre 04, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: MAYO 1 DE 2014

¡Regresemos, Jesús resucitó!

Feliz día de san José Obrero, feliz día para cada uno de los trabajadores, feliz día para aquellos que tienen la oportunidad de dar lo mejor de sí mismos en los lugares que trabajan. Dios les colme de bendiciones.

Una oración por los que buscan un empleo digno, por los que pudiendo dar lo mejor de sí no tienen la oportunidad de darlo. Que la desesperanza no mine los deseos de seguir luchando y buscando con fe lo que más convenga y llene el corazón.

Para todos un fin de semana de paz y cargado de los buenos deseos de compartir en familia el amor que tenemos en el corazón.

El domingo nos encontraremos con los peregrinos, caminantes, discípulos de Emaús (Lc 24,13-35).

Emaús es un lugar de la tierra, de la Biblia, de tu corazón. Es ese lugar al que con cierta frecuencia hemos ido o hemos querido ir. Muchas veces nos hemos puesto de camino porque a Emaús caminamos cansados, desconcertados, desilusionados con Dios, con la vida. Emaús existe para aquellos a los que únicamente les quedan preguntas y desesperanzas.

Muchos nos escuchan, con muchos comentamos pero pocos nos confortan, nos consuelan y tratan de darle razón a lo que vivimos. Pocos como Jesús, nos explican el sentido; pocas personas nos hacen regresar al lugar del que nunca nos debimos haber ido.

El sufrimiento no lo queremos afrontar; ante la muerte de un ser querido queremos morir, nos negamos; ante los problemas queremos huir. Cada uno busca un Emaús, un lugar que teóricamente le conforte y consuele y por eso es que hemos permitido que tantos adivinadores, sanadores, jugadores de nuestra impotencia nos engañen.

No podemos encontrar consuelo con los desconsolados, alegría con los tristes. No podemos hablar de cosas, de sentimientos con personas que pasan nuestra misma situación de desesperanza. Juntos nos desconsolamos. Juntos alimentamos la desesperanza, juntos acabamos llegando a Emaús.

También nos puede pasar que ante el dolor y la desilusión nos cerramos, no escuchamos a nadie. Y aunque todo lo sepamos y se nos hable de la fe, de la esperanza, de Dios que es fiel, seguimos caminando a Emaús.

Jesús, de eso estoy seguro, se sigue “apareciendo” por el camino, nos sigue explicando las escrituras, sigue partiendo para nosotros el pan. Y lo ha hecho a través de los amigos, de muchas palabras, de personas. Dios acontece. Pero hay que dejar que los ojos se abran y no seguir encerrados en las tristezas o en los caprichos o en las desilusiones. La vida sigue. Hay que regresar al lugar del amor primero; hay que regresar a llenar de esperanza lo que se ha ido desmoronando o encerrando por miedos. Emaús no es el lugar. Volvamos a los retos, a Jerusalén. Al lugar en el que la verdad, la vida y la esperanza siempre triunfan.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd