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Lunes, Mayo 22, 2017

PARA EL FIN DE SEMANA: JUNIO 30 DE 2106.

PARA EL FIN DE SEMANA: JUNIO 30 DE 2106.

No es tiempo de imponer, es tiempo de paz.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mi saludo y los mejores deseos de paz y bien en el Señor que de manera especial nos invita a ser discípulos misioneros, propagadores de paz y de buenas noticias. Un fin de semana colmado de bendiciones.

Seguimos siendo precursores del Señor, anunciadores del Evangelio; seguimos yendo a preparar los caminos como lo hizo Juan Bautista y como lo hicieron los discípulos que el Señor eligió de entre todos. Somos, desde el Bautismo, elegidos para el anuncio; hemos recibido el Espíritu de Dios para tener fuerzas, palabras y sabiduría, para no tener miedo y salir, siempre salir a predicar el Evangelio.

A aquellos setenta y dos discípulos que Él designó los mandó de dos en dos; los envió diciendo que así como ellos han sido llamados, elegidos, enviados y han aceptado ser de Jesús e ir, así mismo deben responder hombres y mujeres de todos los tiempos al llamado de Dios, para que el Reino se proclame en todas las naciones y para que todos estén o estemos preparados para la llegada del Señor. La mies es mucha; la humanidad está necesitada, hambrienta, sedienta de Dios y de personas que anuncien buenas noticias, que perdonen, que vivan en paz y sobre todo que estén dispuestas a dar a conocer a Dios Padre que nos ama y que nos salva (Cfr. Lc. 10, 1-12. 17-20)

No será fácil predicar, ir a preparar los caminos, anunciar el Evangelio pero todo será más complicado si queremos ir con todo lo que tenemos y que de alguna manera nos hace sentir importantes o nos empodera. Aquí hay que ir pero libres de todo, con la vida y el corazón dispuesto y sobre todo con la fe que será la que nos guíe y fortalezca en las noches oscuras o en los momentos más complicados. Sueltos, ligeros pero confiando en Dios providente que cuida y acompaña la misión de su Hijo Jesús proyectada ahora en cada uno de nosotros.

Que la misión no tenga otra distracción distinta a la de llevar la paz, curar a los enfermos y proclamar que el Reino está cerca. Tenemos el poder, como discípulos, de vencer al enemigo y que nada nos haga daño. Con la misión está el poder de Dios. Por eso confianza, mucha confianza. No es tiempo de cansarse, pero tampoco lo es de imponer. Nada quita la libertad al predicador o misionero o discípulo ni al que escucha el mensaje. Esto es de oídos y el que quiera oír que oiga.

Los frutos de una formación cristiana, de un anuncio en paz, de un llenar el mundo del Reino, se verán. Todo llegará a su tiempo. Lo nuestro es no desfallecer, no estancarnos. Lo nuestro es anunciar siempre, llevar la paz con nuestra presencia, sanar y vuelvo y lo repito: confiar; libres de toda atadura confiar.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd.