Martes, diciembre 06, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: JUNIO 27 DE 2013.

“Jesús no mira al tiempo, pues en el cielo el tiempo ya no existe. No debe de mirar más que al amor. Pídele que me dé mucho amor también a mí. No pido amor sensible, sino un amor conocido sólo de Jesús. Amarle y hacerle amar, ¡qué dulzura!” (Santa Teresita, carta 114, del 3 de septiembre 1890)

Seguir a Jesús es estar identificados con Él.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Un abrazo lleno de paz y de bendiciones.

El próximo domingo nos encontraremos con un texto del Evangelio de Lucas que toca la esencialidad del que sigue a Jesús y sobre los intereses que podemos tener al hacerlo (Lc. 9, 51-62)

Jesús, al tomar la decisión de ir a Jerusalén, ha enviado a sus discípulos (mensajeros) adelante a preparar el terreno, esto significa para los discípulos predicar, anunciar que Jesús llegaba desde Galilea. Seguramente invitaron a la conversión para que cada uno dispusiera el corazón.

Preparar los caminos a Jesús fue la misión del Bautista, también fue tarea de los discípulos y sigue siendo parte esencial de nuestra misión: disponer el propio corazón y el de los demás para recibir a Jesús.

Preparar el camino es una realidad que implica anuncio, testimonio y apertura para la acogida o el rechazo del mismo, como les pasó a dos discípulos en Samaria por donde Jesús pensaba pasar de camino a Jerusalén y le ha pasado a tanta gente que anuncia a Jesús.

Seguir a Jesús es una decisión que implica toda la vida, la manera de relacionarse con los demás, la manera de mirar las cosas, la paciencia, la misericordia, la tolerancia, el perdón, la fidelidad. Seguir a Jesús es sentirse capaz de vivir abierto al Padre y su generosidad; tratar de mantener limpio el corazón, ser manso y humilde de corazón. Es ser capaz de abajarse, de lavar los pies a los demás. De entregarse a la causa del bien así implique la cruz. Por eso ser cristiano en el mundo de hoy, en la Iglesia de hoy, en el contexto social actual va mucho más allá de una partida de bautismo, de una misa dominical y de una confesión de cuando en cuando. Ser cristiano es seguir a Jesús, ser discípulo y sentirse capaz, por encima de cualquier atadura y compromiso, de subir a Jerusalén, lugar de entrega y de confrontación con los señores del mundo.

Seguir a Jesús es cuestión de cada uno, es asunto de libertad y de mucha responsabilidad. Las soluciones a muchos problemas nuestros no están en acabar con los enemigos, está en amarlos. Las soluciones a tantas injusticias no están en que Dios venga o no, sino en el corazón, de quien amando, respeta al otro como hermano, lo trata con la dignidad que se merece. La solución a tantas realidades que afectan al mundo y a las personas es Jesucristo cuando ha sido asumido como parte esencial de la vida de los cristianos.

Cuando seguimos a Jesús no debemos buscar nada más que a Él. Desnudos ante él, ante su misterio; arrodillados ante su cruz y su sagrario y de píe frente a los miedos y derrotas. En el seguir a Jesús no pretendamos seguridades; el único punto de referencia. Él es nuestra seguridad. “Quien está firme en el Señor no vacila, no tiembla”. Él será el lugar, la casa; lo será todo. Él es la Roca firme sobre la que construimos la existencia. “Él tiene palabras de vida eterna”.

La invitación de Jesús es a anunciar el Reino de los cielos con la mirada puesta solo en él. Nada es más importante que seguirlo, ponerse luego en camino totalmente disponible para ir a cualquier lugar dispuesto a todo por la causa del Reino. Hay que dar a conocer a Jesús. Hay que amarlo, como escribe santa Teresita, y hacerlo amar. Esa experiencia es liberadora, sanadora. Jesús llena de paz el corazón; llena de amor la vida y de misericordia y gracia el pecado. Hacer amar a Jesús para que amemos como él mismo nos amó.

Los cristianos se hicieron “creíbles” y eran conocidos por el amor que se tenían los unos a los otros.

Hazte creíble.

“Consolar a Jesús, hacer que las almas le amen… Jesús está enfermo, y hay que tener en cuenta que la enfermedad del amor sólo se cura con amor… María, entrega todo tu corazón a Jesús” (Santa Teresita, carta 109 del 27-29 de julio de 1890)

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd