Domingo, diciembre 04, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: FEBRERO 26 DE 2015.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo cargado de bendiciones para el fin de semana que se aproxima, segundo de la Cuaresma, en el que también nosotros debemos confirmar la fe en Jesús, Hijo de Dios, al que estamos siendo invitados, por el mismo Padre Dios al que le escuchemos.

Jesús es quien conociendo al Padre nos lo revela y tiene palabras de vida eterna.

Cuaresma es un tiempo para volver a Jesús, al que nos eligió, cuando un día nos miró y llamó a que fuéramos sus discípulos. Bien cuando estábamos en la barca tratando de pescar o en el mostrador cobrando impuestos, o subidos él árbol tratando de verlo o en la plaza esperando quien nos llamara a trabajar.

Cuaresma es un tiempo para volver a Jesús, para estarse con él. Jesús que siendo hombre como nosotros y asumiendo nuestra condición fue capaz de darlo todo en fidelidad, obediente al Padre y cumpliendo su misión inclusive después de su muerte cuando resucitado exhortó a los suyos a salir y predicar el Evangelio, es un ejemplo que llena el corazón de motivos para darse a los demás en humildad y fidelidad.

El texto de la Transfiguración (Mc.9, 2-10) nos sirve también para caer en cuenta que muchas veces, de manera especial cuando tenemos dificultades, nos podemos confundir en la fe. Dejamos que la mente se llene de dudas con respecto a la verdad y no del misterio de la divinidad y de la existencia del mismo Dios. Tal vez les pasaba a los discípulos y Jesús ve necesario llevarlos y mostrarles su esencia divina.

Hemos puesto nuestra esperanza, nuestra confianza en Dios. Todo lo esperamos de Él y sabemos que Él todo lo llena de su presencia. Pero… ¿y entonces? ¿Por qué nos sentimos solos?, ¿por qué permite que suframos?, ¿por qué la muerte de los seres queridos?...tantas preguntas cuando el corazón se llena de dudas y se nos olvida que Dios es Dios por encima de cualquier otra realidad bien sea de alegría, dolor, hambre, ser, etc.

Hay gente que se defrauda de Dios por lo mismo que piensa de Él. Creímos en un dios que no era Dios, creímos en un Jesús que no era Dios. Por eso Cuaresma es tiempo para convertirnos y creer en el Evangelio donde encontramos a Dios y su querer sobre nuestra vida.

No pensemos que Dios no está siendo capaz de nada, no nos desconcertemos ni nos llenemos de miedos. Eso se opone al proyecto del Reino.

No seguimos a un hombre. Jesús es Dios. Y a pesar del dolor, de la persecución, del hambre, del sufrimiento Dios está, Dios es presencia viva. Dios colma nuestra esperanza.

Hay que escuchar a Jesús, hay que hacer lo que nos dice. Hay que abandonarse para ser fuerte en la debilidad y perseverante en la necesidad.

A todos nos gusta “el cielo”, todos quisiéramos quedarnos en los momentos de alegría, de paz, de plenitud. Todos quisiéramos instalarnos, hacer tiendas que ofrezcan seguridades. Pero cuando las nubes se van, cuando llegan los problemas, cuando volvemos a la fatiga de cada día es ahí, en ese momento que debemos recordar que Jesús es Dios. Que en él está nuestra razón de ser discípulos y de querer cambiar la vida. Muchas veces, cuando nos quedamos a solas con Jesús es cuando debemos recordar que a Él debemos escucharlo porque es el Hijo amado de Dios.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd