Viernes, diciembre 09, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: FEBRERO 13 DE 1014.

El amor humano vivido desde el amor de Dios que nos "diviniza"

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo. Mis deseos de paz y bien para el fin de semana que estamos por comenzar y en el cual se nos hace un llamado a vivir con radicalidad el amor.

Las cosas de Dios, la vivencia de la fe, la expresión religiosa de lo que hacemos, son cosas que podemos desligar de nuestra relación con las personas. “Los otros” son aquellos con los que si me enojo debo reconciliarme; aquellos a los que no debo insultar para no ser juzgado. “Los otros” son el objeto del amor y la razón de ser del mandamiento de Jesús sobre el amor a Dios y a los demás de la manera que él nos ha amado.

Son varios los retos que nos presenta Mt 5, 17-37:

Que nadie tenga queja de nosotros; que nadie tenga de qué acusarnos; que nadie se quede sin que nos reconciliemos, sin que le pidamos perdón cuando le hayamos ofendido o hayamos sido causantes de su tristeza, dolor o desconsuelo. Las personas son más importantes que las ofrendas a Dios. Lo que más complace al Señor es lo que podamos hacer por los demás.

Lo que hagamos por el bien de los demás puede ir más allá de la norma, del sábado, de lo mandado. Que no se nos acabe lo humano, que es lo más divino que tenemos, por hacernos jueces implacables de la norma. A la ley hay que ponerle amor, ponerle el corazón. Es por eso que quien ha decidido optar por el amor y vivir amando entiende que su justicia debe ser mayor a la de los escribas o fariseos.

En la experiencia del cristianismo la fidelidad, la verdad, el valor de la palabra, el perseverar, la honestidad, el respeto por la dignidad del otro… son valores que van por encima de cualquier ley ya que la lógica del amor todo esto lo supera.

Es otro tipo de justicia la que propone Jesús: la que nace de quien ama y por lo tanto se hace semejante al otro, al que sufre, al que es ofendido, odiado, despreciado…

Y es que la plenitud de la ley es el amor; todo lo que se hace desde el corazón tiende a no destruir a los demás sino que por el contrario los llena de posibilidades.

La ley de Jesús, que es el amor vivido a plenitud desde el amor a Dios, trae consigo el enamorarnos de quien nos ama, descubrir las bondades del amado y dejar que Él entre de tal manera que sea en nosotros y desde nosotros sea quien da fuerza para cumplir sus mandamientos los cuales son plenitud de amor para un pueblo que busca la justicia y la paz.

Hay que asumir la responsabilidad de la propia culpa. Debemos aprender a tomar la iniciativa en el perdón. De alguna manera todos somos responsables de la paz y felicidad del otro. Y todos nuestros actos afectan a los demás directa o indirectamente.

Jesús nos propone un corte radical con el pecado, con esas realidades nuestras que sabemos afectan el corazón. Hay que aprender a cortar con las ocasiones de pecado. Y pedirle a Dios que nos enamore cada día más y más.

La plenitud de la vida siempre será el amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd