Miércoles, diciembre 07, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ENERO 15 DE 2015.

El encuentro personal con Jesús cambia la historia, la vida, la misión.

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana, del Carmelo de Quito y de tantas partes del mundo, al comenzar este tiempo que la liturgia llama “ordinario” , quiero saludar a cada uno y enviarles un abrazo cargado de bendiciones para la semana que estamos terminando. Jesús que pasa por nuestras vidas siga siendo la razón de ser del amor y de la esperanza desde la cual podemos cambiar el mundo.

El próximo domingo nos encontraremos con un pasaje que describe la cotidianidad de la vida de las personas de fe. El Bautista se encuentra con dos de sus discípulos y Jesús va de camino, pasa por sus vidas. (Jn. 1, 35-42) El Bautista al ver a Jesús habla de Él y ante sus palabras los dos discípulos toman la decisión de seguir a Jesús. Era el “Cordero de Dios” y no había dudas.

Siguen a Jesús, van detrás de Él observando en silencio…pero… ¿Qué buscan?, ¿Qué buscamos?, ¿Qué es lo que queremos encontrar, realmente, en Jesús?

Y es que muchos sabemos quién es Jesús, muchos hemos seguido a Jesús por lo que nos han dicho de Él. Muchas personas nos han dado testimonio de Jesús. Pero nosotros qué. Le seguimos porque nos han hablado de él pero ¿Qué queremos, qué buscamos? Constantemente, cuando aparecen otras cosas, otros que anuncian, otros “Jesús”, otros “dioses” le dejamos.

Jesús tiene un lugar para nosotros, tenemos que ir y darnos la oportunidad de quedarnos con Él, de conocerle. Estamos invitados a trascender la experiencia que los otros tienen de Jesús, de los que nos pueden contar quién es. Estoy seguro que al encontrarnos con Él, al compartir con Él, cambiaremos de opinión. Nos haremos la propia y hasta nos querremos quedar con Él y en Él para siempre.

El encuentro personal con Jesús cambia la historia, la vida, la misión.

Para los dos discípulos del Bautista Jesús ya no era solo el “Cordero de Dios” sino que también era el Mesías. Y hablan a los demás de Jesús, los llevan hasta donde Él. Quieren contagiar de la persona de Jesús.

Vamos a quedarnos con Jesús y vamos a hacer una experiencia de Él y con Él. Y viendo dónde vive y sabiendo su misión, seguro que saldremos a contar a los demás quién es Jesús al que hemos encontrado.

¿Qué buscamos?, ¿Qué queremos?

Algún interés tenemos que tener al seguir a Jesús, algo debemos pretender al caminar con esa persona que sabe de Dios, que es fuerza y fortaleza, que sana y que perdona. Algún interés tenemos que tener al seguir a Jesús que predica sobre el amor, la misericordia y que elogia a aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. ¿Cambiar la vida, darle sentido a lo que hacemos, conocer a Dios? ¿O estamos solo como la multitud: milagros, saciar el hambre, cosas extraordinaria?

Seguramente si no hablas de Jesús, si no invitas a conocer a Jesús, si no anuncias su mensaje es porque aún no has tenido la experiencia de estar con Él, de saber quién es y cuál es su proyecto. A lo mejor es que has puesto tu fe en un desconocido al que no quieres conocer; has puesto tu fe en alguien que piensas que algo puede hacerte pero no vas más allá.

¿Qué buscas?

Por esto no es raro que dentro de la Iglesia muchos estén aún sin saber quién es Jesús, sin saber a quién siguen y se dejan seducir por doctrinas llamativas que les presentan de nuevo a Jesús así no sea el que cambia la vida, el que salva, el Mesías, sino el que cura, hace milagros y saca demonios como solían seguirlo las multitudes sin saber por qué y que solo generaban en él compasión.

Vamos a Jesús y quedémonos con Él

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd