Viernes, diciembre 02, 2016

PARA EL FIN DE SEMANA: ABRIL 16 DE 2015.

¡Es el mismo! y ahora nos envía a predicar la conversión.

 

Mis queridos amigos de santa Teresita, de san José, del Carmen de La Habana y de tantas partes del mundo. Reciban mi saludo cordial con los mejores deseos de paz y bien en el Señor Jesús que nos recrea en constante bondad y que ahora resucitado nos invita a dejar los miedos y a salir a predicar la conversión y el perdón de los pecados.

Todos están llamados a la conversión, todos los pueblos tienen, en nosotros, la oportunidad de conocer el amor de Dios que ha sido manifestado en Jesús y del cual, como cristianos, nos hacemos mensajeros.

El evangelio de Lucas (24, 35-48) nos invita a comprender que el resucitado es el mismo que ha muerto, ¡es Jesús! Y ahora el resucitado aunque es el mismo Jesús ya no es igual, ya no existen los límites de lo humano, trasciende toda realidad corpórea, es el mismo, es distinto. Viene a nuestro encuentro, nos habla, nos anima, nos envía. Está vivo, ha resucitado. Lo sentimos, lo palpamos, le reconocemos en gestos, en actos, en palabras. Nos vienen las dudas y los miedos pero Él nos tranquiliza. Nos invita a superar también las barreras de lo corporal.

Desde la resurrección dos realidades se nos hacen cercanas, la humana redimida, la divina encarnada.

En el camino de Pascua Jesús se nos hace cercano, se nos aparece, nos regala la paz y parte para nosotros el pan. Es el desconocido que se hace conocido.

Es el de Nazaret que ahora llega a nuestras vidas de una manera diferente, lleno de gloria. Y nos encuentra en Galilea, en Jerusalén, en el camino y en el mar.

Nos encuentra como a sus discípulos muchas veces encerrados y llenos de miedo o en el lago tratando de pescar. Se nos hace cercano explicando las escrituras e invitándonos a almorzar.

Jesús a veces tan reconocible y otras no. Jesús nos reta también a nosotros a tocarle, a palparlo y es que es el mismo pero las cosas han cambiado, él ha regresado al Padre una vez resucitado y nosotros hemos recibido su Espíritu que de alguna manera nos hace capaces de reconocer a Jesús.

Jesús resucitado se convierte en un reto para la comunidad, para los discípulos, para nosotros los cristianos. Dios ha cumplido su promesa, nos puede faltar entender aún los misterios del Reino pero recordemos que tenemos el Espíritu del Señor que nos da sabiduría y fuerza; que somos invitados a predicar la conversión y el perdón de los pecados y que desde la fe podemos hacer las obras que el Espíritu de Dios nos inspira. El Evangelio, la buena noticia de Dios tiene que seguir sus andanzas y ahora con dos certezas: que la muerte ha sido vencida y que en Cristo somos salvos. Estas dos realidades nos tienen que llenar de esperanza y confortarnos en las tribulaciones.

En los momentos más complicados de la vida y de la muerte Dios se hace presente como Dios de amor, Dios redentor, Dios de vida. Dios comprometido con un nuevo proyecto, con una nueva manera de la creación en la cual nosotros estamos llamados por Él mismo a ser protagonistas.

Nos ha perdonado para perdonar, nos ha salvado para salvar. Desde siempre nos ha amado para que amemos y ahora nos envía a predicar el amor y la reconciliación y la salvación como herramientas desde las cuales podremos construir el mundo nuevo.

Seamos pues testigos del amor y dejemos que Jesús nos sorprenda cada día con su presencia llena de amor.

Con mi bendición:

P. Jaime Alberto Palacio González, ocd