Domingo, diciembre 04, 2016

MARÍA, MADRE Y MODELO DE LOS SACERDOTES

Nuestra Señora del Tránsito

El pasado 19 de junio de 2009 durante la celebración solemne de las segundas vísperas del Sagrado Corazón de Jesús en la Basílica de San Pedro de Roma, el Papa Benedicto XVI convocaba a toda la iglesia a celebrar un año sacerdotal con motivo del 150º aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars.

Este acontecimiento de gracia ha motivado y animado a los sacerdotes a hacer un esfuerzo por profundizar en la vocación recibida, mediante la reflexión seria y consciente de lo que un sacerdote tiene que ser en el hoy de nuestra historia. A esta reflexión sacerdotal nos queremos unir por medio de este breve artículo en el que nos proponemos desarrollar un tema de vital importancia para la vida y santidad de los ministros de Cristo. El tema que vamos a abordar, para mejor vivir este año sacerdotal con María, girará en torno a la maternidad que ejerce la Madre del Señor en la vida de los sacerdotes, y cómo la Madre del Sumo y Eterno Sacerdote es modelo ejemplar para todos los ministros ordenados.
La maternidad espiritual que ejerce María para con los sacerdotes
La maternidad espiritual que ejerce María para con todos los hijos e hijas de Dios tiene su fundamento y culmen en el Gólgota. Allí estaba presente en el Calvario la Madre, al pie de la Cruz, como nos enseña el Concilio Vaticano Segundo: ‹‹no sin designio divino, se mantuvo de pie (cf. Jn 19, 25), se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada››1. Y es allí, en el Gólgota, cuando nace esta nueva maternidad universal entre la Madre que está ofreciendo a su Hijo en el ara de la Cruz, para la salvación del género humano, y el discípulo fiel que ha seguido al maestro hasta el Calvario: ‹‹ Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa›› (Jn19, 26-27). Esta nueva maternidad universal de María, que abarca a toda la humanidad redimida, tiene en el sacerdote ordenado un acento especial, en cuanto que por medio del don de la ordenación sacerdotal el ministro, en cierto sentido, tiene un especial derecho de aceptar a María como madre suya, como una dimensión del sacerdocio ministerial. Por tanto María nunca ha de ser extraña a ningún sacerdote. Ni tampoco aceptada o sentida en la vida del sacerdote como extraña a su sacerdocio. Claro ha de ser que el sacerdote no asume la dimensión mariana de su vocación sacerdotal motivado simplemente por el sentimentalismo que pueda producir en su vida de sacerdote una devoción particular ligada a la costumbre de un pueblo, donde desarrolla su ministerio sacerdotal. Ni tampoco, la vida mariana del sacerdote, es un elemento decorativo del que se adorna el ministro en algunos momentos determinados del año, cuando se celebran fiestas o romerías marianas en las que muchas veces predomina lo puramente festivo.
1 Const dogm.Lumen gentium, 58.

La dimensión mariana del sacerdocio ministerial es una realidad que vive el sacerdote como un don que se le ha dado: «He ahí a tu Madre» (NJ. 19, 27). Don que asume el ministro ordenado como una exigencia misma de su vocación, y de su identificación con Cristo: ‹‹Los sentimientos o disponibilidad y la vida íntima de Cristo con respecto a su madre María deben ser imitados y vividos por el sacerdote ministro››2.

1. El sacerdote y María

María ha sido elegida por Dios para ser la madre de Cristo. Esta maternidad ha asociado de un modo singular a María con Cristo con unos caracteres sacerdotales y de ofrenda sacrificial que están en estrecha relación con Jesús, sacerdote y víctima. Esta asociación del todo singular de María con su Hijo, en su dimensión sacerdotal, se concreta en unas líneas básicas. Primero apertura, por parte de María, y aceptación de la palabra de Dios y de la obra salvífica, consagración y asociación al misterio de la redención, perseverancia en la actitud del fiat hasta el sí definitivo del Calvario en el momento del sacrificio del Gólgota, sintonía, asociación y consenso interior en la inmolación de Cristo redentor y sacerdote: ‹‹Así también la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz en donde, no sin designio divino, se mantuvo de pie (cf. Jn 19, 25), se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por Ella misma, y por fin, fue dada como Madre al discípulo por el mismo Cristo Jesús, moribundo en la Cruz, con estas palabras: "¡Mujer, he ahí a tu hijo!" (Jn19,26-27)››3.
Ahora bien podemos, con toda verdad, llamar a María, después de lo ya visto, madre sacerdotal porque está en íntima relación con Cristo sacerdote, con la iglesia pueblo sacerdotal y con el sacerdote ministro. En María el sacerdote encuentra una semejanza de vocación, de consagración y de instrumentalidad. Toda la acción del sacerdote, ministro en la iglesia, se encuentra en estrecha e íntima relación con la presencia y la acción de María asociada a Cristo sacerdote, modelo y madre del sacerdote, ya sea en su obra apostólica en la que tiene como misión prolongar la obra de Cristo Salvador, ya sea en su propia vida espiritual de configuración con Cristo sacerdote, siempre al servicio de la comunidad eclesial.

2. Dimensión mariana de la espiritualidad sacerdotal

El sacerdote participa plenamente en el ser, en la función y en la vida íntima con Cristo. Es otro Cristo en la tierra. Como Cristo, el ministro ordenado ha sido consagrado y elegido para prolongar en el mundo la función sacerdotal recibida de Cristo. Y asociada a Cristo siempre se encuentra su Madre. Pues en cuanto más íntimamente se encuentre unido en su vida espiritual el sacerdote con Cristo, configurando su vida con la del mismo Señor, con mayor intensidad se desarrollará la dimensión mariana en su vida sacerdotal. A este respecto nos clarifica e ilumina muy bien el sacerdote Esquerda Bifet la idea que queremos exponer cuando dice: ‹‹ La gracia y los carismas sacerdotales, por el hecho mismo de ser participación en el sacerdocio de Cristo, tienen relación con María, como la vocación, la consagración sacerdotal y las gracias necesarias para el ejercicio de su ministerio. El Señor ha concedido estas gracias queriendo también la asociación y la intercesión de María. Por esto se puede decir que el grado de configuración sacerdotal con Cristo tiene estrecha relación con el grado de espiritualidad mariana del sacerdote››

P.Celedonio Martínez Daimiel, OCD.

2 Cf. ESQUERDA, B., J., Sacerdote, Nuevo Diccionario de Mariología, Madrid 1993, 1800.
3 Cf. Constitución dógmática “Lumen Gentium”, 58.