Jueves, diciembre 08, 2016

LECTIO DIVINA PARA EL 6 DE NOVIEMBRE DE 2011

LECTIO DIVINA PARA EL 6 DE NOVIEMBRE DE 2011

Lectio Divina. 32o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A.

1. INVOCA

Orar es comprometerse. La oración que no lleva a orientar y mejorar la conducta no es verdadera oración.
Así dice la recomendación clásica (San Benito): Ora et labora (ora y trabaja).

La fidelidad en las obras se aprende con la fidelidad en la oración.
Si dices que no tienes tiempo para orar, ¿cómo vas a tener capacidad de obrar?
Ábrete al Espíritu en este rato de oración. Para que luego tu vida quede abierta totalmente al impulso del mismo Espíritu.

Invocamos al Espíritu, con el canto: Veni, Sancte Spiritus

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)

2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 25, 1-13) (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico

Esta parábola forma parte del discurso escatológico (final de los tiempos) que abarca los capítulos 24 y 25 de Mateo.
En el capítulo 25 hay tres parábolas, que se han llamado de las revisiones: las jóvenes (ejemplo femenino), los talentos (ejemplo masculino) y el juicio final (ejemplo para todos).
Este texto hace referencia al ritual con el que, en tiempos de Jesús, se celebraban las bodas. El novio iba en busca de la novia para llevarla a su casa. En ese cortejo acompañaban las jóvenes con lámparas encendidas, ya que el traslado y la fiesta se realizaban desde el anochecer hasta la madrugada.
El Reino de los cielos se parece a esas jóvenes que, debiendo acompañar en el cortejo, unas estaban preparadas y otras, no. Unas pudieron participar en el banquete de bodas y otras, no.

Texto

1. Ya llega el esposo (v. 6)

Se da un contraste entre las jóvenes necias y las prudentes. Todas estaban igualmente invitadas al banquete. Todas debían participar en el cortejo y en el banquete.
Las necias conocen el mensaje, pero no lo ponen en práctica. En cambio, las prudentes llevan consigo el aceite suficiente, son coherentes y previsoras.
A la hora de la verdad, cuando llega el esposo, se dan situaciones diferentes en un grupo y en otro. Lo que distingue a cada grupo, no es si se han dormido o si viene tarde el esposo, sino si traen suficiente aceite para la noche.
De ahí, la calificación de cada grupo: jóvenes necias, jóvenes prudentes, previsoras.
Lo decisivo es: poner en práctica y estar preparados o dispuestos.

2. Estén preparados (v. 13)

La parábola no pone el acento en el compartir el aceite, sino en la responsabilidad de cada uno en la espera del Señor. No es problema de cantidad, sino de esperar al Esposo cada uno desde su propia situación, preparación y espera.
Para ser buen cristiano, se necesita una relación directa con Cristo, aunque a veces se nos oculta. Y una relación en el amor y la confianza, que se concretan en la espera.
El cristiano ha de mantenerse siempre en vela, vigilante ante la inesperada venida del Señor.
Estar preparado significa: escuchar y poner en práctica las palabras de Jesús. El retraso de la venida de Jesús no debe inclinar al cristiano a:
un adormecimiento, o evasión del compromiso cristiano en la Iglesia y en la sociedad.
una despreocupación de su vocación, que le haga olvidar la espera del Señor.
Prudente es: previsor a tiempo, que actúa con responsabilidad y está atento a los signos de la presencia y venida del Señor;
Necio es: el que quiere aprovecharse de los demás, no está dispuesto a esperar y no participa en la fe comunitaria de los bautizados.
A Cristo se le encuentra en los hermanos (siendo compañero), en ocasiones decisivas (siendo vigilante), en la comunidad cristiana (siendo fiel) y en el banquete de la Eucaristía (siendo participante).

3. MEDITA (Qué me/nos dice esta Palabra)

Vivir el tiempo presente: es como un sacramento donde el Señor nos salva. Porque él mismo dice: En el tiempo favorable te escuché; en el día de la salvación te ayudé (Is 49, 8). Pues sepan que éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación (2 Cor 6, 2).
Salir a esperar. Prepararme como me preparo para recibir a un amigo o persona importante.
Estar vigilante, con las lámparas encendidas. El Señor viene y vendrá en cualquier momento y en cualquier lugar. Orar es estar en vela, con la espera y confianza puestas en el Señor.
Al ritmo de Dios. Sin claudicar ante la fatiga, el sueño, la frustración o ante nuestras previsiones o cálculos humanos por la venida del Señor. Pues, Él es quien señala el tiempo, no nosotros.
Ésta es la verdadera sabiduría (de ella habla hoy la primera lectura), que nos hace vivir en esta tierra sin perder el horizonte y conformando toda la existencia según los verdaderos valores señalados y vividos por Jesús y los santos.

4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Señor, Tú me animas en esta parábola a mantenerme en la espera de tu venida. Sé que vienes a mí constantemente y sin interrupción. Haz que encuentre en mi existencia terrena los motivos para seguir esperando en Ti con ilusión y con alegría.
Reconozco que las cosas de la tierra me distraen de lo que es verdaderamente importante: estar contigo, ver las cosas con tus mismos ojos y saborearlas con tu misma sabiduría.
Haz, Señor, que valore la historia, las relaciones con los hermanos, los acontecimientos de cada día con la lámpara bien provista de aceite, de Ti mismo. Para que en los días de oscuridad, tenga la suficiente reserva para seguir esperando en Ti, en tu bondad, en tu generosidad, en tu Amor.

5. CONTEMPLA

A Jesús, que siempre busca conocer y realizar la voluntad del Padre.
A mí mismo, que con frecuencia pierdo el rumbo de mi vida con bagatelas que me desvían y me entretienen.
A mí mismo, que cuando estoy con el Señor, me siento firme, con paso seguro, con ilusión, con esperanza, con alegría.

6. ACTÚA

Viviré la Palabra que el Señor me ha regalado.
Repetiremos: Ya llega el Esposo, salgan a su encuentro. (v. 6)

P. Martín Irure

LECTIO DIVINA PARA EL 6 DE NOVIEMBRE DE 2011

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