Misioneros Oblatos o.cc.ss
Viernes, Febrero 24, 2017

HOMILÍA PARA EL 23 DE NOVIEMBRE DE 2014

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA LA EL XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A
FIESTA DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO
Ez 34,11-12.15-17; Sal 22; 1Cor 15,20-26.28; Mt 25,31-46

Con la fiesta de Jesucristo Rey del universo se termina el Tiempo Ordinario, y se inaugura el Tiempo de Adviento, que marca el inicio de un nuevo año litúrgico en la Iglesia; es decir una nueva posibilidad para acercarnos al Señor,  para conocerlo y amarlo con todo nuestro ser.

La fiesta Jesucristo Rey fue instaurada por el Papa Pio XI el 11 de marzo de 1925 y tiene su razón de ser en virtud del cambio de mentalidad que se había gestado en el mundo, de manera especial a mediados del siglo XIX y principios del XX, nos referimos a la influencia de la época moderna en el contexto mundial, en donde la fuerza de la Iglesia propia del medievo había declinado con el ascenso del antropocentrismo por encima del teocentrismo, de la filosofía sobre la teología, de la universidad sobre el templo, del Estado sobre la Iglesia, y finalmente del hombre sobre Dios.

En esta situación de anticlericalismo, se evidenció la nostalgia de la iglesia por su status pasado y con la fuerza naciente de la secularización, manifestada en el advenimiento de los estados laicos y del deseo de separar Iglesia y Estado, nace la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, como respuesta por parte de la Iglesia a un escenario mundial que queriendo desconocer a Dios, quiso convertir al hombre en el soberano de los pueblos.

El contexto histórico al cual nos estamos refiriendo fue muy complejo y en este ambiente la Iglesia pretendió que los Estados reconocieran pública y oficialmente a Jesucristo Rey, mediante consagraciones hechas por el primer mandatario de la nación; se crearon partidos políticos con tinte religioso y centrales sindicales católicas con el ánimo de no permitir la independencia del mundo de la Iglesia y finalmente ésta quiso que se mantuviera al interior de los Estados su autoridad como había ocurrido desde la baja edad media hasta la alta edad media.

Conociendo el anterior panorama, es bueno mencionar aquí, que con la celebración del Concilio Vaticano II celebrado en 1962, la mentalidad de la Iglesia cambió, porque el contexto social también había cambiado y en este nuevo escenario, la fiesta de Jesucristo Rey del universo tuvo una nueva comprensión y por supuesto la pugna por el poder entre Iglesia y Estado pasó a un segundo plano, porque la iglesia descubrió que su papel en el mundo era el de iluminar la mente y la conciencia de los hombres para un actuar mejor de acuerdo con la vida de Jesucristo; entendió que su tarea en medio de los pueblos, era una tarea profética y evangélica, haciendo notar que el reinado de Jesucristo distinto al reinado de los hombres, tenía como fundamento, la justicia, el amor y la paz.

Con base en lo anterior, mostremos brevemente el contenido teológico de la fiesta de Jesucristo rey del universo. Empecemos por mencionar que Jesucristo actúa como rey bajo el horizonte que nos ofrece Ezequiel en la primera lectura, aclarando como es obvio la ubicación de este profeta en el Antiguo Testamento a saber: Que Jesucristo es Rey del universo a la manera del buen pastor, quien con la armadura del amor, apacienta a sus ovejas, busca a la perdida y cura y venda sus heridas, tal es el sentido del reinado de Jesucristo en el mundo, distinto al formulado por los hombres, en donde la principal herramienta es el poder, su dinamismo reside en la conquista de nuevos territorios y su objetivo final es la muerte de sus contendientes.

Por otro lado, el reinado de Jesucristo explicitado en la segunda lectura, se entiende desde la panorámica de su Gloriosa Resurrección, Jesucristo es Rey porque en el marco del viernes santo, enfrentado en fuerte batalla a la muerte, la derrotó con la fuerza de la vida, constituyéndose de esta manera en el Rey del universo, demostrando así, que mientras grandes monarcas caían y caerán, su reino no tendrá fin, porque su reino no es de este mundo. Desde esta perspectiva podemos decir que la victoria anhelada por Jesucristo Rey del universo consiste en que la humanidad entera vuelva sus ojos a Él, porque sólo en Él los pueblos tendrán vida en abundancia; monarcas y monarquías caen, solo Jesucristo permanece.

Finalmente y centrados en el evangelio de hoy, nos es posible afirmar que el reino predicado por Jesucristo lo podemos experimentar en el aquí y en el ahora de nuestra historia personal, y luego junto a Él en la eternidad; siempre y cuando nuestra adhesión a Él se concrete en la puesta en práctica de las obras de misericordia: “Venid benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. (Mt 25, 34-36).

Como se puede apreciar el Reinado de Jesucristo y su poder no se establece sobre la base de las armas y de la fuerza irracional, no se comprende desde la aniquilación del otro porque es su enemigo y no se entiende desde la subordinación ciega de los hombres a la voluntad de quien tiene autoridad sobre ellos; por el contrario, su fundamento  está en la vivencia de la caridad, que nos permite reconocer el rostro del mismo Jesucristo en el rostro de nuestros hermanos.

Hermanos y hermanas, esta fiesta de Jesucristo Rey del universo cobra sentido  en la medida en que todos nosotros intentemos hacer de nuestra vida y de nuestro corazón el trono donde reine Jesús, quien nos invita a vivir en el amor, a actuar con justicia y a sembrar la semilla de la paz.

Que el Corazón Inmaculado de María aliente nuestros corazones para empuñar las armas de la fe y de la esperanza, para seguir con paso firme a Jesucristo el Rey de nuestra vida.

P. Ernesto León D. o.cc.ss