Sábado, diciembre 10, 2016

CREATIVIDAD

Creatividad: Facultad de crear. Capacidad de creación. Imaginación. Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etcétera. Innovación. Facultad de mudar o alterar algo, introduciendo novedades. Ingenio. Intuición, entendimiento, facultades poéticas y creadoras. Capacidad de alguien para conseguir lo que desea.
—Diccionario de la Real Academia Española

¿Qué sabes de estos valores?
Tal vez piensas que la imaginación sirve sólo para hacer libros o películas, que el ingenio y la innovación están reservados para los científicos en sus laboratorios llenos de tubos, frascos y aparatos extraños. Sin embargo, esos elementos forman parte de tu vida: constantemente alimentas sueños, ideas y proyectos que aún no son una realidad y disfrutas dándoles forma. Por otra parte, inventas soluciones hábiles para situaciones comunes, como parchar una pelota, encontrar un camino más rápido para regresar a casa o un método para memorizar las tablas de multiplicar. El ingenio que aplicas en esos casos expresa un potencial que puede transformar al mundo.

La creatividad y tú

Ser creativo consiste en combinar de una forma original elementos que ya existen (ideas, colores, sonidos, imágenes, etcétera) impulsados por la inteligencia. Esa combinación existe primero en la imaginación que la visualiza y luego requiere ingenio para llevarla a cabo y obtener resultados concretos. En muchas ocasiones la creatividad alcanza logros de gran envergadura que se convierten en verdaderas innovaciones, como la cura de una enfermedad, o un aparato que simplifica la vida diaria.

El antivalor y sus riesgos

La falta de creatividad impide hallar soluciones a los problemas que se presentan día a día, frena el desarrollo de la inteligencia y evita que el mundo progrese con las innovaciones.

Arquímedes (287-212 a.C.)

Arquímedes fue un científico griego. El rey de Siracusa le pidió comprobar si la corona de oro puro que había mandado hacer estaba rebajada con plata, pero él no hallaba forma de hacerlo. Una tarde se metió a la tina de baño y notó que su cuerpo hacía subir el nivel del agua. Entonces pensó algo: como la plata es más compacta que el oro, al sumergirla desplazaría más agua que éste. Se emocionó tanto que salió desnudo y corrió por las calles cercanas gritando "¡Eureka!", o sea, "¡Lo he encontrado!". Consiguió una auténtica corona de oro, sumergió las dos en sendos recipientes y comprobó que habían engañado al rey. Su descubrimiento de la densidad ejemplifica la intuición y la creatividad de los grandes genios.

Frases


“Hacer nuevas preguntas, investigar nuevas posibilidades, mirar los viejos problemas desde un nuevo ángulo requiere imaginación creativa y marca los verdaderos avances en la ciencia […] La imaginación es más importante que el conocimiento: mientras el conocimiento es limitado, la imaginación engloba al mundo entero.”
—Albert Einstein

“Hay algo más fuerte que todos los ejércitos de la Tierra: el poder de una idea cuando llega su momento.”
—Isaac Newton

“El individuo creativo es capaz de cuestionar las suposiciones que los demás aceptamos.”
—John W. Gardner

“El gran objetivo de la enseñanza debe ser formar hombres creativos, inventivos, auténticos descubridores.”
—Jean Piaget

“El que no aplique nuevos remedios debe esperar nuevos males.”
—Napoleón Bonaparte

“No basta tener ingenio, se trata de aplicarlo bien.”
—René Descartes

“El aburrimiento es la falta de creatividad.”
—Anónimo

“La imaginación dispone de todo; crea belleza, justicia, y felicidad, que es el todo del mundo.”
—Blas Pascal

“Desechar toda innovación es desechar todo progreso y mejora.”
—W. G. Benham

“Cuando la naturaleza hace crecer las dificultades, también hace crecer el ingenio para resolverlas.”
—Ralph Waldo Emerson

“Solamente un soñador puede hacer que un sueño se convierta en realidad.”
—Walt Disney

“Cuando todos piensan lo mismo, nadie está pensando.”
—Walter Lippman

“Un gramo de ingenio vale más que cien kilos de esfuerzo.”
—Peter B. Kyne

“Es fácil entender las verdades cuando han sido descubiertas. Lo importante es descubrirlas.”
—Galileo Galilei

“Más vale maña que fuerza.”
—Anónimo

“Ser original es poner de manifiesto la mediocridad de los demás.”
—Ernesto Sábato

“El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación”.
—Friedrich Nietzsche

“Hay una mejor forma de hacer eso: ¡Encuéntrala!”
—Tomás Alva Edison

“El ingenio de un hombre se juzga por sus preguntas, no por sus respuestas.”
—Duque de Levis

“La creación es la mejor defensa de todas.”
—André Malraux

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”
—Albert Einstein

“La mayoría de las personas están más cómodas con los viejos problemas que con las nuevas ideas.”
—Anónimo

“La imaginación es el comienzo de la creación.”
—George Bernard Shaw

“La libertad de la fantasía no es ninguna huida a la irrealidad, es creación y osadía.”
—Eugène Ionesco

“Nada ocurre sin haberlo imaginado previamente.”
—Carl Sandburg

“Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas.”
—Ernesto Che Guevara

Cuento
El sendero del aguador

Hilario, el joven peón de una hacienda, recorría todos los días exactamente el mismo camino del campo para sacar agua de un pozo y llevarla a la casa principal. Para ello se valía de dos grandes cubetas de madera, que colgaba de los extremos de una viga. Luego se colocaba la viga sobre su ancha espalda, en la parte superior de los hombros, y así las iba cargando.
Las dos cubetas eran muy semejantes: grandes y profundas, de madera gruesa y bien barnizada para impedir que se hinchara con la humedad. Él las había hecho con sus propias manos y sus herramientas de carpintería.
Sin embargo, había una diferencia importante entre ambas. Mientras la primera era perfecta y compacta, la segunda tenía una delgada fisura en la parte inferior que dejaba escapar el agua. De esta forma, cuando Hilario las llenaba y las traía de regreso a la casa una llegaba llena y otra a la mitad. El dueño de la hacienda y los peones lo advirtieron y le dijeron al aguador:
—¡Cuidado! Una cubeta está rajada y deja salir el agua. ¿Qué no te has dado cuenta?
—Sí, sí, ya lo he visto —dijo Hilario.
—¿Y no vas a repararla?
—No por ahora.
“Este muchacho sí que es tonto” pensaron y lo criticaban al ver que la misma situación se repetía una y otra vez.
Pasaron así varios meses y llegó la temporada en que todo el campo se seca, toma un color triste, cenizo y apagado. Hilario debía realizar ahora más viajes que nunca y los demás se reían de él.

Con el paso del tiempo se dieron cuenta de un detalle curioso. En el sendero del aguador comenzaron a brotar plantas. En cuestión de semanas éstas dieron flores grandes de vivo color amarillo y morado que destacaban como una colorida línea en el campo. ¿Cómo explicarlo si eran tiempos de sequía?
—¡Es un milagro! —decían unos.
—¡Es magia! —exclamaban otros.
Con curiosidad se acercaron a verlas y preguntaron a Hilario si él conocía la razón. Él se resistió un poco a revelar su secreto pero finalmente lo convencieron.
—Ustedes saben lo triste que es ver el campo sin colores brillantes en estos días. Así que hace unos meses decidí plantar unas semillas a lo largo del camino que recorro a diario —aclaró.
—Pero si no ha llovido ¿cómo pudieron crecer? —preguntaron sus compañeros.
—Todos se han reído de mí porque una de las cubetas que cargo deja escurrir el agua, y les parece raro que no la arregle ¿verdad?
—Sí… —respondieron a coro.
—La he dejado así a propósito porque todos los días, al ir bajando, con el agua que cae se riegan las semillas y por eso hoy tenemos flores tan hermosas. Cada uno de ustedes podrá llevar unas cuantas a su casa y ponerlas en la mesa donde comen. Basta la imaginación para conseguir milagros y basta el ingenio para convertir una cubeta rota en un objeto mágico.

Cuento
La respuesta inesperada

Hace doscientos años en un remoto rincón de China vivía un matrimonio. Fu-sing, la esposa, era especialmente lista: mantenía en perfecto orden los asuntos del hogar y hallaba una solución para cualquier problema. Sian Kiang, el marido, le pedía consejo para todo y se sentía orgulloso de ella.
Una vez él enfrentó un serio desacuerdo con un comerciante de caballos y le contó a su esposa. En cuestión de minutos ella dio una respuesta rápida y justa para las dos partes. Feliz por el desenlace, Sian Kiang pintó un hermoso cartel de colores con el retrato de su mujer y escribió con letras grandes:

Mi esposa es la mujer más inteligente de China

Cuando vieron el cartel colgado en la puerta de la casa, los vecinos se irritaron porque no podían aceptar la inteligencia femenina. El dueño de las tierras, que pasaba por ahí, se enteró y mandó llamar a Sian Kiang.
—Mucha gente está descontenta con ustedes, y te voy a poner a prueba. En caso de no cumplir, tú y tu mujer tendrán que irse.
—¿Y en qué consiste la prueba? —preguntó, tembloroso, Sian Kiang.
—Más bien son varias —anunció el señor—. Primera: tienes que tejer una tela tan larga como la distancia que hay de aquí al sol. Segunda: tienes que hacer tanto vino como agua hay en el mar. Tercera: tienes que criar a un cerdo tan pesado como las montañas de la Luna.
Una vez en casa, Sian Kiang contó llorando a Fu-sing lo que había ocurrido y ella lo reconfortó:
—No te preocupes —le dijo riendo— los problemas más complicados se resuelven con las respuestas más sencillas. Duerme tranquilo pues mañana te daré tres objetos y te diré qué hacer con ellos.
Al día siguiente, Sian Kiang llegó ante el señor de las tierras llevando consigo una regla, un recipiente medidor, y una báscula.
—Señor mío —le dijo— hoy desperté temprano y me di cuenta que para cumplir las misiones que me encargó, necesito más detalles. Vine a prestarle estos instrumentos para facilitar su tarea.
”La regla le servirá para medir la distancia que hay hasta el Sol; así podrá decirme de qué tamaño es la tela que debo tejer. El recipiente le permitirá saber cuánta agua hay en el mar; así podrá indicarme la cantidad de vino que hemos de preparar. Por último, con la báscula usted sabrá lo que pesa una montaña de la Luna y me dirá las dimensiones del cerdo que tenemos que criar. En cuanto me dé esa información, me pondré manos a la obra.”
Sorprendido por la ingeniosa respuesta, el señor le preguntó cómo se le había ocurrido:
—Fue mi mujer quien la pensó —explicó Sian Kang.
El señor le ofreció una disculpa y lo dejó ir sin problema. De inmediato ordenó a sus servidores que hicieran un gran cartel y lo colocaran en la plaza de la aldea:
La esposa de Sian-kang es la mujer más inteligente del mundo
—Cuento chino

El valor en la historia

El Fénix de América
La excepcional Juana Inés
El brillo de la inteligencia, la inventiva y la creatividad de algunas personas fuera de lo común permanece vivo por siglos. Ése es el caso de la escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695).
Nació en Nepantla y desde muy pequeña dio muestras de talento: a los tres años sabía leer, a los siete pidió que la inscribieran en la Universidad y a los ocho compuso su primer poema. Su ingenio cobró fama y fue recibida en la corte del virrey Mancera, en la Ciudad de México. Éste la sometió al difícil examen de cuarenta sabios y ella respondió con precisión a cada pregunta. “Parecía un poderoso galeón embestido por meras barquitas” relataba el virrey.
En 1669 ingresó al convento de San Jerónimo y, aparte de sus deberes religiosos, dedicaba su tiempo al estudio, formó una biblioteca de 4,000 tomos y adquirió conocimientos de lenguas, astronomía, pintura y música. Al mismo tiempo comenzó a desarrollar su obra escribiendo hermosas poesías, villancicos, obras de teatro y meditaciones.
Sus trabajos cobraron fama fuera de México. En 1689, con el título Inundación castálida, se publicaron en España, en tres tomos, y los expertos opinaron que era la mayor poetisa de su tiempo. La inventiva de Juana Inés no conocía límites, fue autora de tratados de música, recetas de cocina y versos en náhuatl y latín. Su obra más notable, el poema Primero sueño, está hecha de mil versos en los que destaca una profunda cultura y el absoluto dominio del idioma.
Hacia 1690 los problemas se multiplicaban en México: hubo hambruna, inundaciones, epidemias y levantamientos de indígenas. Las autoridades religiosas —a las que inquietaba el espíritu libre y original de Sor Juana— le exigieron que se dedicara sólo a las tareas que le correspondían como monja.
Presionada de esta forma, se deshizo de su biblioteca y vendió sus instrumentos musicales y matemáticos para ayudar a los pobres. La epidemia de cólera llegó a su convento y ella se contagió por cuidar a las enfermas. Al morir, el 12 de noviembre de 1695, tenía sólo 43 años.
Sin embargo, la muerte no pudo con ella. Juan Inés dejó una valiosa herencia creativa que incluye sus colecciones de sonetos y rimas y las comedias Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. A escasos años de su muerte, el interés por sus trabajos fue en aumento. Se publicaron miles de copias y los especialistas de todo el mundo escribieron miles de páginas dedicadas a su análisis y elogio.
Hoy, cuatro siglos después, se considera una figura central de la cultura y la vida mexicana, al grado que su rostro aparece en los billetes de doscientos pesos. La Encyclopaedia Britannica, la obra de consulta más prestigiosa del mundo, la califica como “una poetisa sobresaliente, un prodigio intelectual, autora de obras de sencilla belleza y gran atractivo emocional.” La lectura de sus libros enriquece a millones de estudiantes mexicanos. Comparada al ave mitológica que siempre renace de las cenizas, Juana Inés se conoce familiarmente como el “Fénix de América”.

Actividades

Ponte en acción
El primer paso es usar el poder de tu inteligencia y lanzarte a la búsqueda de soluciones propias para un problema, sin importar que parezcan raras o difíciles de lograr. El segundo es diseñar una forma segura y ordenada de aplicarlas. En el tercero, las soluciones se ponen a prueba. Generalmente no dan resultado al primer intento, pero poco irás haciendo ajustes y adaptaciones hasta acercarte a lo que buscas.

Lo que aprendiste
Cuando una persona desarrolla su pensamiento creativo obtiene una mayor capacidad de responder a las situaciones que vive y transformar su realidad. Elevada a su máxima potencia, la creatividad se derrama en beneficio de hombres y mujeres que aprovechan los hallazgos de un científico o se deleitan con la obra de un escultor o un compositor. Ser creativo día a día es esforzarte por convertir tu vida en una obra de arte.

Amplía tu visión

Fuente: www.valores.com.mx