Viernes, diciembre 02, 2016

HOMILÍA PARA EL 14 DE DICIEMBRE DE 2014

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL TERCER DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO B.
Is 61,1-2ª.10-11; Salmo. Lc 1,46-48. 49-50.53-54. 1Tes 5,16-24. Jn 1,6-8. 19-28.

Cercana ya la época de la navidad, encontramos en la primera lectura del profeta Isaías la motivación suficiente para recibir con alegría en nuestra propia existencia al Dios humanado, revelado en Jesucristo.

 

El profeta sostiene que el Mesías a quien nosotros esperamos es el ungido del Padre, es decir Jesucristo, quien ungiendo nuestras heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza, cura nuestros  dolores y venda nuestros corazones desgarrados por las vicisitudes que la vida nos ofrece; el Mensajero de Dios es aquél que trae al mundo en esta navidad la buena noticia de la salvación, la buena noticia de la vida, una noticia de amor para el que siembra el odio, una noticia de esperanza para aquél que camina hacia el abismo de un destino carente de sueños e ilusiones, una noticia de alegría para el triste y desamparado, una noticia de bienestar para el pobre, una noticia de paz para los contextos sumergidos en la más profunda guerra a causa de vanos intereses, una noticia de fe para los incrédulos, finalmente, una noticia de gracia para los pecadores.

El mundo creyente según Isaías no puede prepararse para la venida del Mesías de cualquier manera, se ha de vestir con un traje de gala, con un manto de triunfo, pues aquél que viene es el Emmanuel, es decir el Dios con nosotros, quien lleno de la fuerza de Dios, trae consigo el mensaje de la redención y de la liberación para los pobres y afligidos; él es buena noticia para el mundo en medio de los agoreros del castigo, de los predicadores sepultados en su propia incredulidad y de aquellos, quienes sosteniendo en sus manos el emblema de la muerte no quieren ceder al clamor de la paz y de la reconciliación presente en la garganta de pueblos y culturas numerosos.

Hermanos y hermanas con Isaías caminemos rumbo al misterio de la encarnación del Hijo de Dios; en estas dos últimas semanas de adviento, caminemos  con paso firme y con un corazón no vacilante, pues nacerá en medio de nuestros corazones aquél que hace “brotar la justicia y los cánticos de victoria ante todos los pueblos”. (Is 61,10-11); y con la invitación de San Pablo en la segunda lectura, intentemos disponer nuestro corazón con alegría para el nacimiento del Mesías; y en un clima de oración y sin apagar nuestro espíritu de conversión, acudamos presurosos al portal de nuestro interior a la espera del Salvador.

Finalmente a la escucha reposada del evangelio de hoy, aceptemos con madurez que durante largos trechos de nuestra vida hemos vivido en penumbras, sin reconocer a Jesucristo como la luz del mundo; aceptemos que nos hemos ido detrás de resplandores falsos creados por nuestra propia imaginación o por nuestras necesidades; admitamos con humildad que con nuestra modo de vivir nos hemos constituido en sombra, en tiniebla, en noche para cuantos nos tratan, asintamos con la fuerza del Espíritu del Salvador que está por nacer, que desconociendo su luz, hemos sido oscuridad para quienes amamos, para nuestros familiares, para nuestros compatriotas y también para nuestros compañeros de estudio y de trabajo.

Hermanos y hermanas, permitamos que en este tiempo de adviento nuestra vida iluminada por el Mesías, irradie para el mundo entero y para Colombia destellos de paz y de armonía; y que bajo el abrigo de la Virgen María en su Corazón Inmaculado, seamos en nuestros contextos cotidianos antorchas refulgentes de amor y de esperanza.

P. Ernesto León D. o.cc.ss