Domingo, diciembre 04, 2016

36. ACTO DE CONSAGRACIÓN Y REPARACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 ACTO DE CONSAGRACIÓN Y REPARACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

(Para los primeros viernes.)

 

¡Padre de infinita bondad!, ¡Padre Eterno Santísimo!. Vos nos habéis creado, vuestros somos, Señor; a Vos nos consagramos como una cosa a su Dueño, y como un medio a su fin. Dulcísimo Corazón de Jesús, víctima augusta de infinita caridad, cuán ingratos y pérfidos hemos sido para con Vos, que no contento con habernos redimido a costa de indecibles sacrificios, os habéis agotado y consumido para manifestarnos vuestro amor, y nosotros no os hemos correspondido hasta hoy, sino con pecados. Pero arrepentidos ya de tanta iniquidad, a Vos nos volvemos, Oh Corazón pacientísimo, y nos consagramos a Vos como Víctimas, para que dispongáis de nosotros, en tiempo y eternidad, según vuestro santísimo y adorable beneplácito.

En presencia del cielo y de la tierra, hacemos el firme propósito de amaros con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y venerar especialmente vuestra Pasión dulcísima y la Sagrada Eucarístia, que son los principales misterios de vuestro amor.

Nos unimos desde ahora a los santísimos fines por los que os inmoláis todos los dias en el altar, y queremos que toda nuestra vida, en la tierra y en el cielo, no sea otra cosa que un continuo sacrificio de alabanza y acción de gracias, reparación y suplica, en acatamiento humilde a la Soberana Majestad de Dios, y rendido homenaje de gratitud a su infinito amor. ¡Oh Espíritu Santo, Amor purísimo, Amor consubstancial del Padre y del Hijo!, veníd a nuestros pechos, y consumíd en las llamas de vuestra ardiente caridad, el humilde sacrificio que acabamos de hacer, para que, de hoy en adelante, seamos del amor, vivamos del amor, y nuestra muerte misma sea una oblación purísima de amor. ¡Oh Corazón Inmaculado de María, Madre del Amor hermoso! Propiedad vuestra somos: enseñadnos a amar al Amor infinito. San José, Padre putativo del Amor ancarnado; San Juan Evangelista; apóstol del Corazón Santísimo de Jesús; San Felipe Neri, ardiente en caridad; Espíritus celestiales, Serafines encendidos; enseñadnos a amar a nuestro Dios y sednos testigos de la promesa solemne que, confiados en vuestra intercesión, hacemos en tiempo y eternidad, Víctimas sacrificadas al puro amor de Dios. Amén.

 

 

Fuente: Manual de Piedad Misioneros Oblatos

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