CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS DE JESÚS Y MARÍA HOMILÍA PARA LA FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. CICLO C. Hch 1,1-11; Sal 46; Hb 9, 24-28; 10, 19-23; Lc 24,46-53 Hermanos y Hermanas:   La fiesta de la ascensión del Señor ha de considerarse como la fiesta de la glorificación del Hijo […]
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lunes, noviembre 23, 2020

HOMILÍA PARA EL 8 DE MAYO DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CORAZONES SANTÍSIMOS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA LA FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. CICLO C.
Hch 1,1-11; Sal 46; Hb 9, 24-28; 10, 19-23; Lc 24,46-53

Hermanos y Hermanas:  

La fiesta de la ascensión del Señor ha de considerarse como la fiesta de la glorificación del Hijo del hombre, Jesús asciende al cielo y se sienta a la derecha del Padre y en este sentido es glorificado y exaltado, hecho que ya había experimentado Jesús en el momento de la resurrección y que el mundo verá en plenitud cuando acontezca la segunda venida del Señor, es decir cuando todo el mundo se recree en Él.

Jesús en su vida previa a la ascensión, tuvo que recorrer el camino del Mesías, nació en Belén, se crió en Nazareth, fue presentado en el templo, a los 30 años empezó su ministerio público, a los 33 fue crucificado, conoció el dolor, experimentó la muerte, fue glorificado con la resurrección y luego de alentar a los apóstoles con la fuerza del Espíritu Santo ascendió al cielo. Como se puede ver, Jesús después de un proceso de vida y luego de descubrirse como el Mesías, conoce la exaltación en la experiencia de la ascensión. Tal es el camino de la humanidad.

En la carta a los Filipenses en el capítulo 2,9-10 leemos: “Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre”. Desde este texto, la exaltación de Jesús se da de manera especial en la resurrección y se repite en la ascensión con un nombre nuevo dado a Jesús: Cristo, que es la confesión de fe hecha por el cristianismo y kirios “Señor”, que lleva consigo haber pasado por la humillación para luego contemplar la gloria.

Por tanto esta fiesta de la ascensión del Señor no enseña en términos más humanos a comprender nuestra vida como un proceso de crecimiento, como un camino de perfección entendida ésta como humanización; la fiesta de la ascensión del Señor propone a los creyentes una seria reflexión sobre la vida, contemplada desde los parámetros de la superación personal y comunitaria, del progreso, del desarrollo, del avance y del crecimiento continuos.  

Al parecer, la ascensión del Señor nos estimula a considerarnos seres en desarrollo y en crecimiento, lanzados a la conquista de nuevos retos, metas e ideales, en constante ascenso hacia el futuro y por supuesto escuchando todos los días con los oídos del corazón. “Qué hacéis allí mirando al cielo”.

Con la liturgia de la ascensión nuestra vida se ha de leer como la semilla que crece, el camino que se recorre y la meta que se espera; todo esto convencidos de la promesa hecha por Jesús: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Que María nuestra Madre del cielo bajo la advocación del Corazón Inmaculado de María, impulse nuestros corazones hacia la conquista del porvenir que un día Dios puso en el horizonte de nuestra existencia.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

enero 17-3

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