CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA VICEPROVINCIA JULIO MARÍA MATOVELLE DE OBLATOS EN COLOMBIA HOMILÍA PARA EL CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C. Jr. 1,4-5.17-19; Sal 70, 1Cor 12,31-13,13; Lc 4,21-30 Queridos hermanos y hermanas: La liturgia de la Palabra que nos ofrece hoy el Señor, nos lanza a […]
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lunes, noviembre 23, 2020

HOMILÍA PARA EL 31 DE ENERO DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
VICEPROVINCIA JULIO MARÍA MATOVELLE DE OBLATOS EN COLOMBIA
HOMILÍA PARA EL CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C.
Jr. 1,4-5.17-19; Sal 70, 1Cor 12,31-13,13; Lc 4,21-30

Queridos hermanos y hermanas:
La liturgia de la Palabra que nos ofrece hoy el Señor, nos lanza a nuestra historia más íntima, más personal, a nuestra identidad primera, a la identidad de los hijos de Dios que se manifiesta en estas palabras del profeta Jeremías:

“Antes de formarte en el vientre materno, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles”; estas son palabras bellas con las cuales Dios nos recuerda nuestro origen, Él es nuestro principio, de Él hemos venido y a Él hemos de volver; y en virtud de esto somos su hijos predilectos en medio de nuestras más grandes limitaciones. Él nos escogió para la vida, el nos llamó a la vida y con preferencia absoluta nos consagró como hombres y mujeres de su propiedad, de aquí nace la imperiosa necesidad de no obrar jamás en la vida como si Él fuera una ilusión o una simple fantasía. Dios nos consagró para ser grandes, para ser buenos, para amar y perdonar, nos creó para servir y construir, nos nombró profetas para anunciar la Buena Noticia a los pobres; para ser pregoneros de la vida en medio de la violencia aterradora que se abre camino en nuestro pueblo; nos consagró para ser ciudadanos del cielo cumpliendo nuestra misión en la tierra de acuerdo a su divina voluntad; nos creó para ser libres y para administrar todo cuanto somos y tenemos con esfuerzo y responsabilidad.

De acuerdo a lo expuesto, nuestra plegaria de perdón hoy, no puede faltar; pues no hemos vivido lo precedente; nos hemos olvidado de Dios y de la misión encomendada, hemos olvidado nuestro origen, nuestra  condición de hijos suyos y nuestra cometido último; y así las cosas nuestra vida se ha cimentado sobre la arena de nuestras propias fuerzas y no sobre la roca de aquél que quiso que estuviéramos en el vientre de nuestras madres para traernos a la vida.

Por otro lado, y situados en la primera carta a los Corintios  encontramos en el capítulo 12 el himno de la caridad, el himno al amor en el cual se nos recuerda que “podrá acabarse la fe y la esperanza, pero no el amor”, pues es el mismo Dios, quien nos mueve a derrotar las fuerzas del odio y de la guerra, las fuerzas de la exclusión desmedidas; es Él quien mueve nuestros corazones para creer en medio de la desconfianza, para esperar en medio de la desesperanza y para ser solidarios en medio del egoísmo, para ser afables en medio de las discordia, para alegrarnos no por las derrotas de los demás sino por sus triunfos, pues el amor nos hace comprender que el fracaso del otro es también el mío; que su enfermedad me causa dolor porque lo amo, que su melancolía es porque lo he dejado solo.

Es la fuerza del amor, es la fuerza de Dios la que no nos permite sucumbir frente a los embates del mal, es el amor gratuito de Dios el que nos hace entender que  “sin amor no somos nada y que el amor no pasa nunca”. Hermanos y hermanas motivados por el himno a la caridad recordemos siempre las palabras de Jeremías: “Yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce”. “Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte”; esta sonoras expresiones no son otra cosa sino una muestra del amor inmenso que Dios nos tiene y del cual no podemos sustraernos jamás; pues en Él somos, nos movemos y existimos.

Finalmente en el evangelio de hoy nos encontramos con un texto compuesto de dos relatos contradictorios en la composición pero valiosos para nuestra meditación, y que continúan mostrando la lógica de las lecturas anteriores, es decir la primacía del amor sobre todo lo demás.

La primera parte del texto, nos muestra a Jesús situado en la sinagoga, había leído el texto del profeta Isaías: “El Señor esta sobre mí, me ha ungido, para llevar la buena noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y  a predicar el año del gracia del Señor”;  y había pronunciado además: “Aquí hoy se cumple la Escritura”. La gente al oír lo anterior aprobaban lo dicho y le manifestaban suma admiración”, es decir con amor la gente empezó a reconocerlo como el Hijo de Dios; sin embargo, a renglón seguido aparece la expresión por parte de la gente: “¿No es este el hijo de José?” y Jesús recriminando su actitud incrédula obtuvo de la asamblea reacciones fuertes tanto así que todos furiosos se levantaron, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco con la intención de despeñarlo;  y Jesús se abrió paso entre ellos y se alejó.

Hermanos y hermanas la vivencia del amor no puede ser voluble como aparece en la composición textual del evangelio de hoy, el amor cristiano en nosotros debe ser una experiencia de vida que nos ha de llevar a mostrar a todos el rostro misericordioso del Señor, las manos compasivas del buen pastor y el regazo cálido del padre que ama a sus hijos sin medida.

María Santísima, que guiados por tu amorosa presencia podamos hacer del himno a la caridad nuestra norma de vida y que fortalecidos por el pan de la palabra, sembremos a nuestro paso la semilla del amor y la esperanza.

 

P. Ernesto León D. o.cc.ss