CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA HOMILÍA PARA EL II DOMINGO DE PASCUA. CICLO C. Hch 5,12-16; Sal 117; Ap 1,9-11ª.12-13.17-19. Jn 20,19-31 “Muchos otros signos, que no están en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es […]
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lunes, noviembre 23, 2020

HOMILÍA PARA EL 3 DE ABRIL DE 2016

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL II DOMINGO DE PASCUA. CICLO C.
Hch 5,12-16; Sal 117; Ap 1,9-11ª.12-13.17-19. Jn 20,19-31

Muchos otros signos, que no están en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.
Con estas palabras finaliza el evangelio de hoy y creemos que en ellas encontramos lo que significa haber vivido una buena semana santa, nos referimos al hecho de haber resucitado con Cristo para luego afirmar con convicción: “Tú eres el Hijo de Dios vivo”.

Sabemos que los signos a los cuales se refiere el texto tienen que ver con las distintas apariciones de Jesús en medio de sus apóstoles y a la vista de mucha gente, pero más allá de esto, nos interesa hablar sobre el impacto de ellos en la vida de los testigos, así como hoy en la vida de nosotros.

Uno de los mayores impactos en el corazón de los apóstoles, creemos que fue el nacimiento de una fe nueva y con ella de una vida nueva, representadas en su adhesión incondicional a Jesucristo y con la suficiente capacidad para ofrendarse por amor a él; siendo éste el nuevo impulso en sus entrañas, los apóstoles tomaron en serio los mandatos del Señor a saber: Anunciar el evangelio, bautizar, perdonar pecados, expulsar demonios y curar enfermos; en este contexto y con la vida nueva de Cristo fueron audaces en la propagación de la Buena Nueva, intrépidos a la hora de enfrentarse con los críticos del camino y valientes en el momento de decir desde el corazón: “Daríamos nuestra vida por ti”.

Pensamos que la expresión “tener vida en su nombre” significa ser destinatarios del saludo del resucitado “paz a vosotros” y que ese saludo transformado en el corazón de todos los creyentes en una actitud vital, se convierta a su vez en una actitud generadora de alegría, perdón y reconciliación; y en este sentido, podemos comprender ahora que el evento de la resurrección del Señor no puede quedarse en un ambiente ritual y sentimental, sino que impactando nuestra vida con seguridad su acción la transformará.

Con las palabras de “paz a vosotros”, Jesucristo re-crea el mundo, re-crea el corazón de la humanidad entera, reconcilia los cielos y la tierra, y restablece la paz entre los hombres;  y en virtud de lo anterior este saludo pascual tendría que convertirse en un imperativo para ser vivido por el mundo entero y de manera especial por cada persona en el escenario en donde se encuentre; debería ser vivido por quienes hablan de paz dejando a la vez muerte, violencia y derramamiento de sangre a su paso; tendría que ser asumido por quienes con su corazón y su mente enceguecidos por el odio, implantan el terror y el llanto en muchos corazones; finalmente debería ser practicado por los hacedores de la guerra, la desolación y la barbarie

“Tener vida en su nombre” significa contar con la capacidad para profesar nuestra fe con determinación diciendo: “Señor mío y Dios mío”; es decir el evento de la resurrección nos constituye en nuevos discípulos del Señor, nos introduce en su discipulado por la acción del Espíritu Santo, nos cristifica y nos hace coherederos del reino de los cielos; en último término se trata por el acontecimiento de la resurrección de entender las palabras del Señor. “Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive y tengo las llaves de la muerte y del abismo”, es decir “Yo soy, la resurrección y la vida, quien cree en mi aunque haya muerto vivirá para siempre”.

Hermanos y hermanas que el Corazón Inmaculado de María nos ayude a vivir como resucitados y que con nuestra vida podamos decirles a los demás “la paz sea con ustedes”.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

HOMILÍA PARA EL 3 DE ABRIL DE 2016

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