CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA HOMILÍA PARA EL 14 DE JULIO DE 2019 – XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C Dt 30, 10-14, Sal 68, Col 1, 15-20, Lc 10, 25-37 A la pregunta ¿cuál es la ley de Dios?, nos encontramos con múltiples respuestas, extraídas éstas de […]
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domingo, octubre 13, 2019

HOMILÍA PARA EL 14 DE JULIO DE 2019

CONGREGACIÓN DE MISIONEROS OBLATOS DE LOS CC.SS DE JESÚS Y MARÍA
HOMILÍA PARA EL 14 DE JULIO DE 2019 - XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO C
Dt 30, 10-14, Sal 68, Col 1, 15-20, Lc 10, 25-37

A la pregunta ¿cuál es la ley de Dios?, nos encontramos con múltiples respuestas, extraídas éstas de la misma Palabra del Señor. En la primera lectura del libro del Deuteronomio (30,10-14) la ley aparece explicitada en lo siguiente: "Te volverás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma", pero dice al final de la lectura, "esta ley hay que llevarla en los labios y guardarla en el corazón para ponerla en práctica".

Desde esta perspectiva se trata de volver la mirada a Dios, y en nuestras actuaciones cotidianas saber que Dios me ve, me escucha, me ama y me perdona.

En el Santo Evangelio de hoy (Lc 10,25-37), vemos también enunciada la pregunta ¿cuál es la ley? y Jesús responde "amarás a tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu ser y al prójimo como a ti mismo", es decir, tanto la ley antigua como la nueva, tienen como fundamento el amor, un amor que se traduce en la aceptación de Jesucristo en nuestra vida.

Entendiendo que la ley es el amor, analicemos este tema a la luz de la parábola del buen samaritano.

El sacerdote y el levita del Evangelio no habían aprendido a amar y por eso no se solidarizaron con el enfermo del camino, no sabían amar y por eso les importó más su bienestar que el del apaleado, no sabían amar y por eso pasaron de largo dejándose seducir por la indiferencia, no sabían amar y por eso no vieron el rostro de Cristo en ese que habían asaltado y que estaba postrado al borde del camino, no sabía amar y por eso no lo reconocieron como hermano, era un extraño para ellos.

Al samaritano le habían enseñado a amar y por eso se compadeció del otro, del enfermo; sabía amar y por eso derrotó la indiferencia frente al dolor del otro, sabía amar y por eso aunque iba de viaje se interesó por el otro y lo puso a salvo, sabía amar y observó en el caído el rostro de Jesús y lo levantó.

Pidámosle hermanos y hermanas a Nuestra Madre del cielo que nos ayude a entender que la única ley es el amor, un amor que es solidaridad, escucha, amor y también perdón; así como derrota de la indeferencia.

P. Ernesto León D. o.cc.ss

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